Wenas portalianos, aka una info de santiago, espero les guste, es mucha info pero es super detallada muy buena, con info de cronista de varias epocas de chile
No se porque no me dejaba poner todo el texto en el tema por eso comente para abajo para terminarlo
Según su leyenda, los duendes habitan principalmente en casas antiguas, bodegas, iglesias, subterráneos y áticos, pues corresponden a espíritus domésticos. Asumen características de físicas de niño y de anciano, usando trajes semejantes a túnicas y a los empleados por los arlequines. Según la etimología española (que no parece coincidir siempre con la inglesa en el concepto de este personaje), su nombre provendría del apodo "Duen de Casa" o "Dueño de Casa". Suelen aparecer en los relatos remendando zapatos, trabajando en minas o incluso asistiendo a otros personajes míticos como el viejo pascuero en la confección de juguetes. El folklore dice que causan sustos más por diversión que por maldad, provocando ruidos o extraviando intencionalmente objetos.
A diferencia de los duendes, son llamados gnomos más propiamente aquellos de la mitología ligada a los bosques y al paisaje exterior, pues representan espíritus o genios de la tierra de aspecto senil o, por el contrario, sumamente infantil y tierno. Eran seres recurridos entre los cabalistas y los magos, generalmente asociados a algún principio u objetivo mágico concreto. Ha sido con el correr de las épocas que los gnomos han terminado asociados al aspecto clásico tipo "pitufo" ("smurfs") de orejas puntiagudas y habitante de los hongos; de seres diminutos vistiendo sombreros de cono y calzado puntiagudo. Los gnomos provienen, fundamentalmente, de la mitología inglesa, irlandesa y goda.
Colecciono figuritas de estos malvados. Desde niño vengo escuchando sus historias acá en la ciudad. Hay "apariciones" de ellos avisadas en casi todos lados: Ñuñoa, Peñalolén, Independencia, Avenida Matta, Conchalí. Tuve, de hecho, un amigo de la infancia tan convencido de haber visto duendes destruyendo un ático, que hasta se ganó el apodo del Duende, debiendo soportar que le cantaran todo el año la canción navideña de una tienda de juguetes de aquellos años: "Soy el duendecillo / de la Casa Azul / les quiero contar / cuál es mi secreto...". El Duende de carne y hueso -mi amigo-, agregaba con convincente seguridad que los duendes de esa casona tenían el hábito de romper el baño si alguien lo ocupaba y no lo dejaba limpio.
Por allí cerca, también en Gran Avenida José Miguel Carrera pero por el paradero 29, había una extraña casa de pequeñas ventanas y puertas cerca de un liceo de niñas, parecida a la de los cuentos tipo Hansel y Gretel, apodada por todos como La Casa de los Enanos. Como nunca se veía gente entrando o saliendo de ella, entre los escolares del barrio corría toda clase de rumores sobre el aspecto de sus diminutos habitantes.
Pero no todos los duendes serían escrupulosos. Según una amiga de mi juventud, se le habría aparecido a ella y a otras dos compañeras de camping un siniestro duende en el Cajón del Maipo, desatando la histeria mientras dormían al aire libre en la noche. Aseguraba haberlo visto tan cerca que incluso notó los dientes picados del horrible y apestoso engendro. Cabe señalar que este sector cordillerano de la Región Metropolitana es conocido por historias de pretendidas presencias de hadas y duendes. Mi amigo Juano no es tan detallista, pero parece igual de convencido: se le aparecía frecuentemente uno en un callejón de La Florida cada noche en que volvía a pie, en horas de la madrugada, después de alguna juerga con nosotros. Su duende era oscuro y caminaba balanceándose como un bebé que da su primeros pasos de trote, desapareciendo en el corto tramo que había entre la vereda y las rejas de las casas de su vecindario, en calle Honduras.
Aunque la tradición nos haya llegado en gran parte desde Estados Unidos, no puedo negar mi simpatía con esos duendes de jardín, alusivos a los dwarfs de las mitologías británicas. Conservo una pieza material ligada a mis años jóvenes, cuando luego de una tomatera de cerveza y vino, ya de vuelta hacia casa, un amigo dentro de su mareo nos avisó aterrado de que un duende nos observaba recostado junto a un montón de basura, en la calle. Luego de las burlas, todos confirmamos que un siniestro enano efectivamente, nos miraba mostrando los dientes y la cara recortada por la luz del poste, con un gesto grotesco. Cuando descubrí que se trataba de un duende de yeso de jardín, me lo eché al hombro y lo he paseado hasta hoy por mis distintos lugares de residencia.
EL MITO DE LOS DUENDES SEGÚN VICUÑA CIFUENTES
Uno de los autores nacionales que abordan las tradiciones de los duendes es el investigador Jorge Vicuña Cifuentes, en su trabajo de 1915 titulado "Mitos y supersticiones tomados de la tradición oral chilena". Según su definición, estas entidades tendrían el siguiente origen:
El escritor también escribe que los duendes pueden obcecarse con las casas, molestando a sus residentes hasta que consiguen hacerlos cambiarse. Sin embargo, si en un cambio de domicilio reaparece el duende, se debe a que está enamorado de alguien de la familia, caso mucho peor, como hemos visto. La tozudez de los personajes para perseguir y acosar es insólita. Vicuña Cifuentes reproduce una de las historias que le fueron reportadas, según la cual una mujer se cambió sigilosamente de casa en Santiago, para evitar a un malvado duende que molestaba a su joven hija; sin embargo, a pesar de todas las precauciones tomadas, cuando estaban desembalando en la nueva residencia sus enseres, reapareció el duende desde las vigas del techo extendiendo su brazo con un frasco en la mano, mientras decía a las aterradas mujeres: "¡Ahí tienen el tarro de la sal, que dejaron olvidado allá!".
Según informa también, los duendes pueden aparecerse hasta tres veces a cada persona, pero se los puede "domesticar" acariciándolos. Los blancos, que son los más dóciles, llegan a ser buenos consejeros y acompañantes. Vicuña Cifuentes refiere a adivinas y "meicas" que reciben discretamente de un duende la asesoría, dictada al oído, mientras atienden a sus pacientes. Otras veces, hasta ayudan con dinero en la casa, en momentos de aflicción. Los duendes negros, en cambio, sólo se aparecerían a la gente mala. Finalmente, comenta el origen español, británico, italiano y francés de muchos de los duendes que rondan el imaginario popular chileno, y de los que hablaremos más abajo.
Enanos de aspecto medieval, en el dintel del acceso a una casona del barrio histórico de Erasmo Escala llegando a avenida Brasil.
No se porque no me dejaba poner todo el texto en el tema por eso comente para abajo para terminarlo
Según su leyenda, los duendes habitan principalmente en casas antiguas, bodegas, iglesias, subterráneos y áticos, pues corresponden a espíritus domésticos. Asumen características de físicas de niño y de anciano, usando trajes semejantes a túnicas y a los empleados por los arlequines. Según la etimología española (que no parece coincidir siempre con la inglesa en el concepto de este personaje), su nombre provendría del apodo "Duen de Casa" o "Dueño de Casa". Suelen aparecer en los relatos remendando zapatos, trabajando en minas o incluso asistiendo a otros personajes míticos como el viejo pascuero en la confección de juguetes. El folklore dice que causan sustos más por diversión que por maldad, provocando ruidos o extraviando intencionalmente objetos.
A diferencia de los duendes, son llamados gnomos más propiamente aquellos de la mitología ligada a los bosques y al paisaje exterior, pues representan espíritus o genios de la tierra de aspecto senil o, por el contrario, sumamente infantil y tierno. Eran seres recurridos entre los cabalistas y los magos, generalmente asociados a algún principio u objetivo mágico concreto. Ha sido con el correr de las épocas que los gnomos han terminado asociados al aspecto clásico tipo "pitufo" ("smurfs") de orejas puntiagudas y habitante de los hongos; de seres diminutos vistiendo sombreros de cono y calzado puntiagudo. Los gnomos provienen, fundamentalmente, de la mitología inglesa, irlandesa y goda.
Colecciono figuritas de estos malvados. Desde niño vengo escuchando sus historias acá en la ciudad. Hay "apariciones" de ellos avisadas en casi todos lados: Ñuñoa, Peñalolén, Independencia, Avenida Matta, Conchalí. Tuve, de hecho, un amigo de la infancia tan convencido de haber visto duendes destruyendo un ático, que hasta se ganó el apodo del Duende, debiendo soportar que le cantaran todo el año la canción navideña de una tienda de juguetes de aquellos años: "Soy el duendecillo / de la Casa Azul / les quiero contar / cuál es mi secreto...". El Duende de carne y hueso -mi amigo-, agregaba con convincente seguridad que los duendes de esa casona tenían el hábito de romper el baño si alguien lo ocupaba y no lo dejaba limpio.
Por allí cerca, también en Gran Avenida José Miguel Carrera pero por el paradero 29, había una extraña casa de pequeñas ventanas y puertas cerca de un liceo de niñas, parecida a la de los cuentos tipo Hansel y Gretel, apodada por todos como La Casa de los Enanos. Como nunca se veía gente entrando o saliendo de ella, entre los escolares del barrio corría toda clase de rumores sobre el aspecto de sus diminutos habitantes.Pero no todos los duendes serían escrupulosos. Según una amiga de mi juventud, se le habría aparecido a ella y a otras dos compañeras de camping un siniestro duende en el Cajón del Maipo, desatando la histeria mientras dormían al aire libre en la noche. Aseguraba haberlo visto tan cerca que incluso notó los dientes picados del horrible y apestoso engendro. Cabe señalar que este sector cordillerano de la Región Metropolitana es conocido por historias de pretendidas presencias de hadas y duendes. Mi amigo Juano no es tan detallista, pero parece igual de convencido: se le aparecía frecuentemente uno en un callejón de La Florida cada noche en que volvía a pie, en horas de la madrugada, después de alguna juerga con nosotros. Su duende era oscuro y caminaba balanceándose como un bebé que da su primeros pasos de trote, desapareciendo en el corto tramo que había entre la vereda y las rejas de las casas de su vecindario, en calle Honduras.
Aunque la tradición nos haya llegado en gran parte desde Estados Unidos, no puedo negar mi simpatía con esos duendes de jardín, alusivos a los dwarfs de las mitologías británicas. Conservo una pieza material ligada a mis años jóvenes, cuando luego de una tomatera de cerveza y vino, ya de vuelta hacia casa, un amigo dentro de su mareo nos avisó aterrado de que un duende nos observaba recostado junto a un montón de basura, en la calle. Luego de las burlas, todos confirmamos que un siniestro enano efectivamente, nos miraba mostrando los dientes y la cara recortada por la luz del poste, con un gesto grotesco. Cuando descubrí que se trataba de un duende de yeso de jardín, me lo eché al hombro y lo he paseado hasta hoy por mis distintos lugares de residencia.
EL MITO DE LOS DUENDES SEGÚN VICUÑA CIFUENTES
Uno de los autores nacionales que abordan las tradiciones de los duendes es el investigador Jorge Vicuña Cifuentes, en su trabajo de 1915 titulado "Mitos y supersticiones tomados de la tradición oral chilena". Según su definición, estas entidades tendrían el siguiente origen:
"Cuando Luzbel fue arrojado del cielo, le siguieron innumerables ángeles, y temiendo Dios que se fueran todos, dijo "¡Basta!" y el cielo y el infierno se cerraron. Multitud de ángeles quedaron en el aire, sin poder volver al cielo ni penetrar en el infierno, y éstos son los DUENDES. Todos son pequeñitos, tienen caras infantiles y visten hábitos de tres colores distintos, según su condición. Los que los llevan blancos son alegres, traviesos y no causan daños de consideración; no son tan inocentes los que los usan pardos, y llegan a la bellaquería más extrema los que los acostumbran negros".
Las varias entrevistas que realizó Vicuña Cifuentes para su libro, aportan información interesante sobre el folklore que ronda a los duendes de Santiago. Aunque no todos coinciden en que serían sólo de sexo masculino, como comenta el autor, los duendes pueden obsesionarse con toda mujer joven y bonita, para perseguirla sin piedad. Cuenta el caso que le relatara una de sus informantes, de que una muchacha era atacada y rasguñada constantemente por un agresivo duende, tras cada vez que ella hablaba con un hombre, pues estos seres son extremadamente celosos y posesivos. La solución para este calvario fue casi peor que el propio problema, según le confiesa la misma fuente: untarse el rostro en sus propios excrementos, el único remedio para desmotivar al duende.El escritor también escribe que los duendes pueden obcecarse con las casas, molestando a sus residentes hasta que consiguen hacerlos cambiarse. Sin embargo, si en un cambio de domicilio reaparece el duende, se debe a que está enamorado de alguien de la familia, caso mucho peor, como hemos visto. La tozudez de los personajes para perseguir y acosar es insólita. Vicuña Cifuentes reproduce una de las historias que le fueron reportadas, según la cual una mujer se cambió sigilosamente de casa en Santiago, para evitar a un malvado duende que molestaba a su joven hija; sin embargo, a pesar de todas las precauciones tomadas, cuando estaban desembalando en la nueva residencia sus enseres, reapareció el duende desde las vigas del techo extendiendo su brazo con un frasco en la mano, mientras decía a las aterradas mujeres: "¡Ahí tienen el tarro de la sal, que dejaron olvidado allá!".
Según informa también, los duendes pueden aparecerse hasta tres veces a cada persona, pero se los puede "domesticar" acariciándolos. Los blancos, que son los más dóciles, llegan a ser buenos consejeros y acompañantes. Vicuña Cifuentes refiere a adivinas y "meicas" que reciben discretamente de un duende la asesoría, dictada al oído, mientras atienden a sus pacientes. Otras veces, hasta ayudan con dinero en la casa, en momentos de aflicción. Los duendes negros, en cambio, sólo se aparecerían a la gente mala. Finalmente, comenta el origen español, británico, italiano y francés de muchos de los duendes que rondan el imaginario popular chileno, y de los que hablaremos más abajo.
Enanos de aspecto medieval, en el dintel del acceso a una casona del barrio histórico de Erasmo Escala llegando a avenida Brasil.
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jaja ... Un tío me conto una vez que en la casa de su amiga habian duendes , que aparecian en el patio atrás de la casa de ella .. qe ella veia en la noches pequeñas sombras que se paseaban por el patio , finalmente llamaron a una persona que sabia del tema y los echaron de la casa..