"Southern Storm", el anterior trabajo de los brasileños Krisiun, un compendio brutalizante y potentorro como pocos, dejó el pabellón bien alto en la escena deather. Puede decirse, y sin ningún tipo de error, que Krisiun ya son uno de los nombres más importantes (no a nivel ventas) del panteón extremo. Ya llevan sus buenos años editando material voraz, intenso, impagable.
Las comparaciones (siempre odiosas) con sus compatriotas Sepultura no se hacen esperar y siempre les cae el sanbenito de ser algo así como "los nuevos Sepultura". Declaración que, por cierto, se queda corta. Y, aunque no carente de cierto sentido, hay que decir que Krisiun no solamente se alimentan de lo que un dia el gran Max Cavalera nos regaló a todos los amantes de lo extremo junto a su ex-bandaza. Krisiun son puro, duro y rudo Death Metal, apocalíptico, salvaje a más no poder y poderoso como el trueno. Esos son los fundamentos del sonido de Camargo y los Kolesne. Claro que hay referencias a los Sepultura más abismales, pero como también las hay a lo mejor que han parido Morbid Angel, Vader, Immolation, Pestilence o Behemoth. Incluso, también encontraremos ramalazos Thrash (del mega-potente, de aquel que tenía poca piedad). Krisiun, como muchos, han sido alumnos. Ahora ya toca, después de un buen puñado de años a la sombra no pudiendo alcanzar lo que realmente merecen (que no es otra cosa que un buen estatus), el apuntar y no fallar. El dar en la diana. Veamos qué nos depara el tanque carioca, además de una portada bien Manowar, jejeje. Por cierto, portada bien molona y rojiza. Dicen que a los dioses les gusta el rojo, pues es el color de la sangre, del esmero, del esfuerzo. Suerte, muchachos. Tiene encanto la jodía imagen (aún dentro de su simpleza). Es que es ver una espada, un guerrero y una imagen bélica y ya tengo una erección. Freud tendría, seguramente, algo que decirme. En fín, a por ello.
"The Will to Potency", que se abre con una guitarrita española y danzarina, pronto empieza a calentar motores a base de un riffeo muy Thrash, muy de los tiempos oscuros de Slayer o Dark Angel, para acabar disparando unas baterias que, como poco, se han ventilado a medio ejército de metalheads. Hay un equilibrio extraño en el tema, algo que llama, que embruja, y es el equilibrio logrado entre la pura velocidad y la atmósfera intranquilizante. La voz de Camargo, a medio camino entre la de David Vincent en "Domination" y la de Piotr de Vader, queda de acojone. Tres tios ensamblados, ejecutando un Death sin taras, cañero, rabioso y técnico. Un aplauso para los tres elementos.
"Blood of Lions" (una máquina riffera), "The Great Execution" (excelente despliegue de garra y agallas), "Descending Abomination" (ideal para un show, ya me la estoy imaginando. Muy Morbid Angel) y "The Extremist" (haciendo honor a su título) no paran de entregar una deliciosa cacofonía, mega-bien organizada, directa a la yugular, potente y dominante. Se nota que Krisiun van a por más público, y tal como hicieron con su excelente "Southern Cross" la cosa es algo más light, pero no por ello menos dañína y misteriosa. Krisiun son cada vez más músicos, se han curtido en la carretera, a base de muchos shows (muchísimos, contando que la banda no es que se fundase en 1982).
Las horas en estudio y en locales de mala muerte dan su fruto. Y su fruto es acojonante. Death-Thrash de primera. Las comparaciones con Sepultura, de nuevo, no se harán esperar. Pero ésta vez no por la similaridad del sonido. Sinó por que estos tios tienen el potencial para ocupar el puesto de reyes en el Death (con el permiso de los sacrosantos Vader, of course). Cerebro y pasión. Llevamos 5 temas y por el momento solamente estamos viviendo calidad de primera. No vamos mal. Para nada.
"The Sword of Orion", "Violentia Gladiatore", "Rise and Confront" (intensa) y "Extinçao en Massa" no regalan baladitas Mtv. Regalan puro y duro jaleo. Tralla metalera de alto octanaje, guitarras crujientes y mala baba por un tubo. Death Metal sin gilipolleces, pero bañado, más límpio que de costumbre. Pero no tanto como para no seguir quemando. Krisiun se abren, pero también abren heridas. No olvidan quiénes son y porqué están aquí. Y eso es lo genial del trabajo. Que le puede gustar a más gente que de costumbre, pero seguirá siendo relevante para el fan de siempre, el que flipa con la banda desde aquel excitante "Black Force Domain". Innovadores, aún dentro de su parcela de siempre, y fieles a sus ideales extremos. Integros, joder. Y, de momento, más que Andreas Kisser. Y eso ya habla bien de Krisiun. Muy bien.
"Shadow of Betrayal", el cierre a la batalla, el hachazo final (y en las pelotas) no se hace esperar y cae encima como si de una losa de 50.000 kilos se tratase. Más cuerdas en tensión, más voces de ultratumba y más arsenal. Ya que es la última ofensiva, los cabrones de Krisiun no se están de nada y van a por todas. No quieren dejar testigos. Que luego hablan.
Un disco potentísimo, con clase y con momentos logradísimos. ¿Original? Pse, pse. Nada que no hayan hecho ya en el pasado titanes como los Morbid Angel, Vader, Sodom o Immolation. Pero un disco con sello, con huevos, que huele a destrucción. Ideal como alternativa a los de siempre.
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Parece k este par se tiene ganas.