Un fantasma recorre a la Izquierda. Cualquier negociación, transacción o conversación política con otros distintos a la tribu, constituye un sacrilegio, un pecado mortal intolerable que merece condenas y escupos. Y hay una razón muy clara a la base de este juicio: la desconfianza subyace a toda el actuar de la política institucional. Esta actitud no se justifica, pero se explica. Veamos.
El trauma se origina en un concepto del Marketing Político que está al comienzo de los 30 años que llegan a su fin, y de los que no queremos saber más, la famosa Democracia de los Acuerdos. A comienzo de los 90s este fue el intento por transformar en virtud la necesidad. Pese a tener la mayoría política, la Concertación asume entonces en poder en un estado de máxima debilidad. Derrocar a Pinochet no fue posible y la salida obligada terminó haciendo jugar al país en la cancha rayada por la propia Dictadura. La Constitución del 80 construida como un laberinto sin salida por Jaime Guzmán, entonces la famosa Media de lo Posible sentenciada por Aylwin, era la medida de todas la cosas. El Neoliberalismo como proyecto histórico se alzaba triunfante, el Muro de Berlín y los socialismos reales se habían venido abajo el año 89. Los designios del hemisferio occidental eran dictados por el consenso de Washington. Democracia y Mercado era la consigna universal en boga.
Por supuesto, democracias débiles e interdictas como la chilena y grandes empresas transnacionales controlando el juego global, presionando por impuestos bajos, transformaron las finanzas en un gran casino, tomando el control de áreas estratégicas de los países a través de la privatización de sanitarias, eléctricas, telefonía y otras.
Era la época de lo que Le Monde Diplomatique calificaba como El Pensamiento Único. Y era tan así que cualquier discurso crítico quedaba fuera de las dos grandes cadenas de diarios que ponían las agendas políticas y de los canales de televisión, que entretenían entonces a la gente con farándula y teleseries. Existían por cierto la Izquierda, el Centro y la Derecha, pero sus parlamentarios obedecían a los dictados de lo que, este periodista que les habla bautizó como el Partido del Orden, una trenza transversal de políticos, columnistas, lobbistas y empresarios, con el poder de poner la partitura de la música en función de la estabilidad del sistema.
Ahí estaba la verdadera cocina, el poder fáctico para enderezar cualquier desviación que se saliera de la ortodoxia del modelo económico orientado al crecimiento y el consumo.
Este mundo copular fue perfecto por 20 años pues los cerebros de la Concertación comprendieron que para que esta democracia desde arriba todo el tejido social y la organización popular activada para enfrentar a Pinochet en los 80s se debía desmantelar. El gran miedo a los ciudadanos movilizados fue conjurado por un mundo de soluciones individuales a cuenta de las tarjetas de crédito.
El historiador Alfredo Jocelyn-Holt vio como los jóvenes utópicos que había apoyado a Frei y Allende ahora disfrutaban, después de los exilios europeos, apareciendo en El Mercurio del domingo con el rótulo de ESTADISTAS. Habló del “Avanzar sin Tranzar” de los 70s al “Tranzar sin Parar” de los 90s
Y así fue no más.
Pero llegado Piñera el 2010 el equilibrio empezó a crujir. Sin la Concertación en La Moneda, el control del mundo sindical y estudiantil, a través de partidos y operadores, ya no fue posible. El discurso de cuidar la democracia saltó por los aires. Primero salieron los estudiantes el 2011 a impugnar el lucro en la educación, de ahí vinieron las regiones, Aysén, Punta Arenas y Freirina, las zonas de sacrificio ambiental como Quinteros y el No+AFP
La corrupción política quedó a la luz con empresas dictaban indicaciones y artículos a las leyes a Diputados y Senadores. La puerta giratoria donde el Subintendente de Pensiones luego se iba a trabajar a una AFP y el de Salud a una ISAPRE, se volvió una relación tóxica. La Iglesia, en portada por los escándalos de abusos sexuales, fue literalmente sacada de escena sin más poder de veto. La corrupción y montajes de Carabineros, barridos bajo la alfombra durante años, quedaron a la luz.
Recuerdo que, siendo Director de El Mostrador en 2012, apoyamos abiertamente la acusación constitucional contra el Ministro de Educación Harald Beyer, el primer gran test de fuerza del Movimiento Estudiantil. La construcción de la agenda política se hacía entonces exclusivamente a través de la prensa y muy pocos y pequeños medios le dimos espacio a los Diputados acusadores. La elite se cuadro transversalmente con Beyer e hizo sentir todo su peso, pero éste fue destituido y por primera vez el partido del orden mordió el polvo de la derrota.
Nunca más serían los mismos, aun que lograron astutamente zafar de los casos de corrupción por platas políticas, investigados por el Fiscal Gajardo en el gobierno de Bachelet.
Todo este proceso culmina en el Estallido Social de 2019.
El país se sacó la camisa de hierro que fue la Constitución del 80 y los rostros de ese orden decadente, han salido de escena ya.
Lagos se bajó de la estatua para repostularse y solo recibió tomates.
Insulza es un Senador solitario e intrascendente.
Eliodoro Matte tuvo que dar un paso al costado tras la colusión del papel confort.
La encuesta del CEP es solo una más entre muchas.
Enrique Correa dicen que anda pidiendo plata por adelantado a sus clientes para pagar gastos de su consultora.
Longueira espera juicio delirando inocencia.
Yasna será candidata, pero a Jorge Burgos tendrá que esconderlo como a ALF.
El Mercurio puede publicar que el rechazo crece, pero la realidad lo desmiente.
Las AFP son un cajero automático.
Cortazar hace una campaña millonaria… y pierde.
Hace 5 o 10 años en televisión había temas que no se trataban y periodistas que estaban vetados por “incómodos”. Pero hoy usted puede ver a Mónica González y a Alejandra Matus en este canal. Los matinales cubren la manifestación y llevan panel político y en Twitter todos se quejan y arman conspiraciones de lo que se les ocurra.
Faltan muchas cosas aun y es cierto, pero ya estamos en la casa de vidrio. Hay foco sobre todo y todos. El contexto ha cambiado radicalmente. Los ciudadanos estamos atentos, movilizados y cuestionadores.
No deje que los árboles le impidan ver el bosque, baje la paranoia.
El gran poder convergente es la Convención Constitucional, esta trae el aire fresco de las regiones, de los activistas, de los territorios, de los pueblos originarios.
También está ahí la Derecha y sin poder de veto.
La política seguirá siendo la política y requerirá de acuerdos, consensos y exquisitas traiciones y elecciones como las del domingo pasado, pero relaje la vena, este es ya otro Chile, el contexto ya cambió y es sin vuelta atrás.
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