El 23 de febrero de 1803, durante el reinado del clan Tokugawa en Japón, se avistó en las costas de la provincia japonesa de Hitachi un extraño barco de forma ovalada cubierto de símbolos desconocidos, del cual emergió una joven mujer de piel de color rosa pálido, y de cejas y cabellos rojos, vestida con un largo vestido de una tela suave y desconocida.
Las fuentes describen el vehículo en el que la mujer llegó a Japón como una especie de barco hueco que se parecía a un cuenco de arroz, de 3,3 metros de alto y 5,4 metros de ancho, construido con lo que parecía ser madera, hierro y planchas de cobre, presentando además varias ventanas transparentes.
Según las crónicas japonesas, los pescadores llevaron a la extraña tierra adentro, pero cuando la joven mujer empezó a hablar, nadie le entendió, pues articulaba palabras en una lengua desconocida. Tampoco parecía entender a los pescadores, por lo que nadie pudo preguntarle quién era y de dónde venía.
Y aunque la misteriosa mujer parecía amigable y cortés, actuó de manera extraña, ya que no dejaba de agarrar una caja cuadrada hecha de material pálido y de alrededor de 60 cm de tamaño, no permitiendo, además, que nadie tocara la caja.
Según el relato popular, ante la imposibilidad de comunicación con la desconocida, los pescadores finalmente la devolvieron a ella y su extraña embarcación al mar, donde se alejó de las costas japonesas navegando a la deriva.
Historiadores, etnólogos y físicos japoneses han evaluado esta leyenda, conocida como “Utsuro-bune” (“Barco Hueco”), como parte de una larga tradición dentro del folclore japonés, aunque varios ufólogos han afirmado que la historia representa la evidencia histórica de un encuentro cercano con vida extraterrestre.
Para ellos, el extraño barco en que apareció la mujer, el “Barco Hueco” en forma de cuenco de arroz, sería una cápsula o habitáculo de una nave espacial que llegó a la tierra y cayó al mar.
