Destacado Los 40 días perdidos de Jesús después de su resurrección: ¿Qué hizo durante ese período?

Tema en 'Historia' iniciado por akazeronez, 4 Abr 2021.

  1. akazeronez

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    Según la Biblia, Jesús resucitó y caminó por la tierra durante 40 días antes de ascender al cielo
    La Biblia nos cuenta que entre su resurrección y su ascensión a los cielos, Jesús estuvo en la tierra durante 40 días, sin embargo, las Sagradas Escrituras no ahondan en detalles sobre qué hizo Cristo durante ese período en la tierra. Lo único cierto es que fueron 40 días –y no otro número- los que mediaron entre la resurrección de Jesús y su ascenso a los Cielos porque ese número tenía un simbolismo especial, ya que también fueron 40 días los días que Jesús pasó en el desierto, como parte de su preparación para los tiempos que venían, tal como se menciona en Marcos 1:13: “Y estuvo allí en el desierto durante 40 días, y era tentado por Satanás, y estaba con las fieras; y los ángeles le servían”.

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    Según relata el Nuevo Testamento, después de ser crucificado un día viernes por los romanos, morir en la cruz y ser ungido y sepultado en la tumba dispuesta por José de Arimatea, la tumba de Jesús de Nazaret apareció misteriosamente vacía en la madrugada del domingo. Según el Nuevo Testamento, el Nazareno regresó de entre los muertos y permaneció 40 días en nuestro mundo, período en que el hijo de Dios se hizo carne, susceptible de ser tocado y con las marcas de los clavos en las manos, mientras caminaba, hablaba y comía con la gente y predicaba durante semanas. Y al final de esos 40 días ascendió a los cielos, para, tal como enseña el Credo cristiano, sentarse a la diestra de Dios Padre. Esta parte de la vida de Jesús por cierto, como ya se mencionó, es apenas conocida, ya que el Nuevo Testamento cuenta muy poco acerca de este milagro fundamental de la fe cristiana, principio central de la teología cristiana.

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    Las fuentes para saber qué hizo o dijo Jesús durante esos 40 días son los Evangelios canónicos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan), aunque también existen otras herramientas y materiales adicionales que ayudarían a esclarecer esa profunda creencia cristiana, como algunos evangelios apócrifos (como el de Tomás y el de María Magdalena) e incluso la Sábana Santa de Turín, la reliquia más apreciada y controvertida de la cristiandad que, según el Papa Pablo VI, “es el maravilloso documento de la pasión, muerte y resurrección, escrito para nosotros con letras de sangre», un deliberado registro divino de las cinco etapas de la Pasión de Cristo, y creado en el momento de la resurrección.


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    Algunos evangelios apócrifos, que fueron encontrados en 1945 en el desierto egipcio en vasijas ocultas bajo la tierra, afirman que Jesús ofreció enseñanzas secretas después de la resurrección, hablando del verdadero significado de la vida en este mundo y sobre la salvación del hombre. Si esas enseñanzas existieron, forman parte entonces de la historia de los 40 días perdidos de Jesús.


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    Según las fuentes bíblicas, Jesús de Nazaret, después de resucitar, en los 40 días siguientes realizó seis apariciones entre Jerusalén y el norte de Galilea, apareciendo en momentos y sitios distintos, a diferentes personas. Lo interesante de algunas de estas apariciones, sobre todo las primeras, radica en la dificultad en reconocer la identidad de Aquél que está ante ellos. Jesús aparece ante sus discípulos y seguidores como Él mismo, pero al mismo tiempo como otro, un Jesús “transformado”. Para los seguidores de Cristo no es nada fácil hacer la inmediata identificación. Intuyen, sí, que es Jesús, pero al mismo tiempo sienten que ya no se encuentra en la condición anterior, y ante Él están llenos de vacilación y temor. Cuando, luego, se dan cuenta de que no se trata de otro, sino del mismo Jesús de Nazaret, aparece repentinamente en ellos una nueva capacidad de descubrimiento. El apóstol Lucas afirma en la Biblia que Jesús no era reconocible de inmediato, aunque no era un fantasma, pese a que podía aparecer y desaparecer a voluntad, ya que el Señor resucitado “podía ser tocado y podía comer» (cf. Lucas 24, 39-43.).


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    La primera persona que ve a Jesús es una mujer, María Magdalena, quien fue testigo privilegiado de la muerte de Jesús junto al apóstol Juan y, después de los sucesos del Gólgota, participó en los preparativos de su entierro. Esa primera aparición es el primer hito de los 40 días ignorados de Jesús. En Lucas 24 se nos cuenta que un grupo de mujeres seguidoras de Jesús “el primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: “Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día”. Entonces ellas se acordaron de sus palabras, y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás. Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido”.


    Juan agrega que “María se quedó fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se agachó junto al sepulcro y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, sentados uno a la cabecera y otro a los pies, donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Y le dijeron: “Mujer ¿Por qué lloras?”. Contestó: “Porque quitaron a mi Señor y no sé donde lo han puesto”. Al decir esto, se volvió hacia atrás y vio a Jesús allí de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dijo: “Mujer ¿Por qué lloras?” ¿A quien buscas?”. Ella creyendo que era el hortelano, le dijo: “Señor, si lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo lo tomaré”: Jesús le dijo: “María”. Ella se volvió y le dijo en hebreo “¡Rabunni!” (es decir, “¡Maestro!”). Jesús le dijo: “Suéltame, que aún no he subido al Padre; ve a mis hermanos y dile que subo al Padre mío y vuestro. Fue María Magdalena a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y lo que le había dicho”.


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    La segunda aparición de Jesús tiene lugar sólo horas más tarde, en el camino entre Jerusalén y la aldea de Emaús, cuando el Nazareno se le aparece a un hombre llamado Cleofás y su compañero de camino, quienes iban tristes y cabizbajos por la reciente muerte de Cristo. Lucas es el único en recordar esta aparición, afirmando que “mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos”. Estos dos discípulos caminaron y hablaron con Jesús durante bastante tiempo sin saber quién era, y sólo lo reconocieron horas más tarde, cuando se sentaron a comer en una posada y Jesús, después de explicarles porqué el Mesías tenía que morir, se da a conocer al bendecir y partir el pan. Después de este momento eucarístico y en el momento en que el pan llega a la mesa, Jesús desaparece y Cleofás y su compañero se dan cuenta de que habían estado con el Mesías que había vuelto de la tumba, con Jesús resucitado.


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    La tercera aparición de Jesús se produce delante de sus seguidores más cercanos, en la ciudad sagrada de los judíos: Jerusalén. Los apóstoles, tristes por la muerte del Nazareno, perdidos sin su líder, abatidos por haberlo abandonado en el momento de su captura, y asustados y con el temor de ser prendidos y correr la misma suerte de Jesús, se encontraban en ese momento ocultos, aunque entre ellos faltaba Tomás, el discípulo más escéptico de todos. Repentinamente, como atravesando una pared, apareció ante ellos Jesús de Nazaret, aparición que puede considerarse el punto de inflexión en la historia de los 40 días perdidos de Jesús. Jesús les dice “La paz sea con vosotros”, pero al ver que los apostóles, según cuenta san Lucas, “estaban aterrados y llenos de miedo, porque creían ver un espíritu”, Jesús les dice “¿De qué os turbáis y por qué se levantan dudas en vuestros corazones? Ved mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tocadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo”. Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y cómo ellos no creían aún de pura alegría y admiración, les dijo: “¿Tenéis algo de comer?”. Y le dieron un trozo de pez asado. Lo tomó y comió en su presencia”.


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    Cuando Jesús se marcha, y tras el regreso de Tomás algunos días más tarde, los discípulos le cuentan a éste que Jesús ha resucitado: “Le hemos visto, ha estado aquí”, le cuentan, pero Tomás, quien como cualquier hombre racional, moderno y empírico necesitaba pruebas del portentoso milagro, les replica: “Me niego a creerlo, es absurdo”.


    La cuarta aparición de Jesús también se produce a sus discípulos, 8 días después de la tercera aparición, aunque esta vez el incrédulo Tomás sí se encontraba allí. En Juan 20, 24-29 se nos cuenta que “llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros”. Luego dijo a Tomás: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente”. Contestó Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!”. Dijo Jesús: “Has creído porque has visto. Dichosos los que creyeron sin haber visto”. En ese momento, Tomás pasa de ser un incrédulo contumaz a ferviente evangelista.


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    Curiosamente, Tomás es el presunto autor del llamado evangelio copto o gnóstico de Tomas, uno de los evangelios apócrifos que no han sido aceptados por la Iglesia. A diferencia de los evangelios canónicos, el libro de Tomás no adopta la estructura de un relato acerca de la vida de Jesús, sino que contiene sólo dichos (en griego “logia”) de Jesús, enmarcados en las conversaciones que mantiene con varios de sus discípulos. La frase inicial de este evangelio copto o gnóstico de Tomás es una especie de frase de advertencia que ha intrigado a numerosos estudiosos: “Quien entienda el auténtico significado de estas palabras, no experimentará la muerte”, una frase que supuestamente habría sido escrita por el más escéptico de los discípulos, el único que necesitaba “ver para creer”.


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    La quinta aparición de Jesús tiene lugar en el Mar de Galilea, a 100 kilómetros al norte de Jerusalén, lugar donde Jesús realiza uno de sus habituales milagros. Los discípulos habían vuelto a sus actividades habituales y pescaban en el Mar de Galilea, aunque esa noche no habían atrapado ni un sólo pez. De repente, entre la bruma del amanecer, un hombre apareció en la orilla, un desconocido que les preguntó: “¿Habéis pescado algo?”. Cuando le respondieron que nada, el hombre les dijo “Echad la red por el otro lado de la barca”. Los discípulos lo hacen y de repente las redes se llenaron de peces. Pedro en ese momento reconoce por fin a Jesús, quien luego se sienta frente a la hoguera y les dice: “Traed mis peces”.


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    Con la aparición del Nazareno en el Mar de Galilea los 40 días parecen llegar a su fin aunque faltaba el evento más extraordinario de la historia, un evento aparentemente incomprensible que estaba más allá del lenguaje y de las palabras: la ascensión de Jesús a los cielos.


    La sexta y última aparición de Jesús se produce en el Monte de los Olivos, ubicado en el valle de Kidrón, al este de Jerusalén. Según Lucas, Jesús llevó a los discípulos de Jerusalén a Betania; Allí habló con los apóstoles y les dijo que ahora iban a quedar solos, con la responsabilidad de predicar la Buena Nueva que él les había enseñeado. Antes de partir, en el Monte de los Olivos, el Nazareno les revela a algunos de sus seguidores lo que les aguarda en el futuro. A Pedro le revela cómo va a morir, diciéndole que iba a ser de una forma violenta (Pedro moriría crucificado de cabeza muchos años más tarde, en una cruz en forma de “X” en Roma, en cumplimiento a la profecía de Jesús). El sorprendido Pedro, tras escuchar los detalles de su propia muerte, entonces mira atrás y ve a Juan, el más joven de los discípulos y le pregunta a Jesús: “¿Y qué será de este?”. Jesús lo reprende y le dice “No es asunto tuyo, su historia es distinta a la tuya. Dedícate a ella”.


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    Posteriormente, según cuenta San Mateo, Jesús les dice a sus apóstoles: “Se me ha dado todo poder en el cielo y la tierra. Id, pues, y haced discípulos míos en todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo cuanto yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.


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    Entonces, con sus manos alzadas, Jesús los bendijo a la vez que subió al cielo. Según cuentan los Hechos de los apóstoles, Jesús ascendió al cielo hasta ser escondido en una nube. Mientras sus seguidores miraban, dos hombres les comunicaron la promesa del regreso del Señor a la tierra de igual manera. La Biblia relata textualmente que “después fue levantado en presencia de ellos, y una nube lo ocultó a su vista. Mientras ellos miraban fijamente al cielo, viendo cómo se alejaba, aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: “Galileos, ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Este Jesús que ha sido llevado al cielo, vendrá del mismo modo que lo han visto subir al cielo” (Hch 1,1-11).


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    La ascensión de Jesús, que marca el triunfo del Nazareno sobre los poderes terrenales que parecían haber triunfado sobre él, pone fin a los 40 días ignorados después de la resurrección. Estos 40 días que van entre la resurrección de Jesús y su ascensión a los cielos transformará a los intimidados discípulos en intrépidos apóstoles, a pusilánimes seguidores en hombres tan apasionados y creyentes que ahora estarán dispuestos a morir por Jesús y la fe cristiana. Esos hombres, a contar de ese momento, vivirán sus vidas inspirados por aquellos sucesos y la mayoría morirá en nombre de Jesús en muertes horribles, transformando con su sacrificio un movimiento religioso que hará tambalear las bases mismas del Imperio romano. Todo gracias a dos sucesos tan extraordinarios y misteriosos -la resurrección y la ascensión de Jesús a los cielos- que han desafiado toda descripción durante dos mil años.

     
  2. dansleeper

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    Historia??? Really??
     
  3. marceporn

    marceporn Usuario Casual nvl. 2
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    Mula misma...
     
  4. TOROCONTETAS

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    Era obvio que busco a maria magdalena :1313:
     
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  5. PicZ3r0

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    putillas y porros
     
  6. Supaman

    Supaman Usuario Nuevo nvl. 1
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    La historia del pulento esta mas manoseada que tu hermana. si creyéramos en todo lo que leemos estaríamos viviendo en una vola de parafina
     
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  7. LocoPepe89

    LocoPepe89 Usuario Casual nvl. 2
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    me acuerdo del dicho "muchas manos matan la guagua" o algo así.
    entonces como respeto pero no comparto las creencias de los demas, me gusta mas creer en la historia universal que se comprueba con hechos no necesariamente textuales
     
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  8. AlakraN30

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    Todos saben q se encerro en un motel con mariamagdalenaaaa!!!! De ahi viene la mitica frase... Oh my god!!! Xq le dio vuelta el blay a la lloroncita.... XD
     
  9. sulphur

    sulphur Usuario Habitual nvl.3 ★
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    Lo que me pregunto es que si Vanish o algún otro blanqueador existía en esos años, puta que se ve limpiacito el weon, a parte había camino de tierra y no de cemento como pa no levantar polvo
     
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  10. RodrigoCC

    RodrigoCC Usuario Casual nvl. 2
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    Mucho texto, no pasa na leer tanta wea de jesus, un wn que existio pero que tenia serios problemas mentales.
     
  11. Hatuey

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    debe ser lo mas probable porque en ese tiempo los judíos si o si tienen que casarse , y eso le bajaría el status de divinidad .
     
  12. rogue_x

    rogue_x Usuario Casual nvl. 2
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