Fue éforo (que es magistrado), en Esparta, hacia los años 556 antes del nacimiento de Cristo. Tuvo siempre una vida conforme a sus principios. Habiéndole escrito Periandro que iba a ponerse al frente de un ejército para invadir su país, le contestó: que se pusiese en seguridad en su corte, y que un tirano debía contemplarse feliz cuando no moría por el hierro o envenenado. Este sabio fue el que mandó grabar con letras de oro en el templo de Delfos estas máximas: «Conócete a ti mismo. No desees nada que sea demasiado ventajoso». Dícese que murió de gozo al saber que su hijo había ganado un premio en los juegos Olímpicos.
Éstas son algunas de sus sentencias:
1. Lo más difícil que hay es guardar un secreto, saber emplear bien su tiempo y sufrir injurias sin murmurar.
2. Honra los ancianos; no murmures jamás de los muertos.
3. Ansía más por ser estimado que no por ser temido.
Su emblema era un espejo, que significaba que no hay nada más provechoso que conocerse a sí mismo.