Los Misterios del Lago Llanquihue (extensa investigación 1965 )

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9 Mar 2013
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Frutillar, X región!
LOS PROFUNDOS ENIGMAS DEL LAGO LLANQUIHUE


Dentro de la oleada del año 1965, se encuentra el “caso Pelluco” como se le denomina al incidente Ovni del que fuera testigo presencial el investigador Raúl Gajardo Leopold, ex Mayor de Carabineros de Osorno, quien asegura que “ahora, después de tantos años, el caso aún no pierde su fuerza para quienes lo vivimos tan de cerca, por algunos detalles inéditos que son desconocidos por el público”.
Esta gran oleada incluyó avistamientos de ovnis en cinco bases de la Antártica, correspondientes a diferentes países: Buenos Aires, Montevideo, Norte Grande, Pelluco (Puerto Montt) Chile, Río de Janeiro, Lima, Ciudad de México y Oklahoma.
“Por estudios que se realizaron del tema, se puede deducir que los ovnis avanzaron día a día hacia el norte, teniendo como centro de dispersión el Polo Sur, puerta de entrada para las astronaves, evitando así los peligrosos anillos de Van Allen (Nota: Los cinturones de Van Allen son ciertas zonas de la magnetosfera terrestre donde se concentran las partículas cargadas. Son llamados así en honor de su descubridor James Van Allen. Estos cinturones son áreas en forma de anillo de superficie toroidal en las que gran cantidad de protones y electrones se están moviendo en espiral entre los polos magnéticos del planeta, y se estructura en dos cinturones: uno interior y otro exterior. El cinturón interior está a unos 1.000 Km. por encima de la superficie de la Tierra y se extiende por encima de los 5.000 Km; por su parte, el cinturón exterior se extiende desde aproximadamente 15.000 Km hasta los 20.000 Kms. (2).
“Por esa época, yo estaba destinado como teniente de Carabineros de Puerto Montt, y dentro de mis servicios habituales estaba el realizar comisiones de alcoholes” comienza el relato del investigador. “Dos semanas antes del 30 de julio de 1965, es decir, de la ocurrencia del caso que nos ocupa, estando precisamente de servicio, regresé al cuartel de la segunda Comisaría de Puerto Montt a las 00:30 horas. Nada más ingresar fui informado por el suboficial de guardia, quien me señaló que había un hecho anómalo en el sector de Pelluco, donde algunos vecinos habían manifestado su temor por “unas luces raras en el cielo”.
Conocedor ya, aunque muy superficialmente, de estos fenómenos, este reclamo lo tomé desde el punto de vista estrictamente policial y me premuní de una ametralleta y en un furgón me hice acompañar de ocho carabineros que recién habían regresado de su turno. Esa era la única fuerza disponible en ese momento.
Un cuarto de hora más tarde de efectuado el llamado, llegamos al sector de Pelluco, una caleta turística distante cuatro kilómetros desde el centro de la ciudad. Allí ubicamos el domicilio desde donde se había dado la voz de auxilio. Nunca habríamos esperado un recibimiento como el que tuvimos: nos abrazaban, sentían un gran alborozo, ya que el pánico había sido enorme”.
La narración de Gajardo Leopold continúa con la historia de los vecinos de Pelluco. “Con palabras entrecortadas nos narraron que como a las 22:30 horas, sobre sus viviendas y a no más de unos 100 metros de altura, tres luces inmensas y como focos de auto, que se agrandaban y se achicaban, se acercaban y se alejaban de la casa.
Así estuvieron varios minutos y luego esos objetos luminosos y enormes se desplazaron siguiendo el borde de la costa, hacia Piedra Azul.”
Recogidos estos antecedentes la patrulla continuó en vigilancia por el camino costero, llegando donde otros pobladores, quienes también habían soportado el asedio de esos objetos luminosos. Señalaron que éstos despedían una fuerte luz blanca radiante, perdiéndose posteriormente de vista en dirección al mar y ganando altura.
“Pero ahora, de frente al incidente que nos preocupa, debo señalar que el caso Pelluco lo supe al día siguiente, puesto que la noticia se extendió en todos los ámbitos puertomontinos al instante, por lo espectacular de sus características” señala Leopold.
“La noche del 29 de julio, en una parcela de Pelluco, se efectuaba el velatorio de la liceana Carolina Pröschle, de 16 años, quién había fallecido en un accidente de tránsito. En ese hogar, de familia muy conocida y distinguida, estaban reunidas alrededor de setenta personas”.
De pronto, el respetuoso silencio de los asistentes fue interrumpido por un fuerte ruido, semejante a una explosión muy cercana, a las 04.20 horas.
“Los presentes se abalanzaron hacia las ventanas y corrieron las cortinas: hasta los vidrios llegaba una luz exterior que “resbalaba” y no pasaba al interior. La curiosidad pudo más que el temor o la prudencia, y la gente salió al patio trasero, y pudieron ver que a unos trescientos metros al Este, detrás de unos altos árboles, descendía a tierra una inmensa masa de luz violácea “palpitante”… Veinte personas, más o menos, se acercaron como a cuarenta metros del fenómeno luminoso, acotó el ex mayor de carabineros. “Yo tuve la oportunidad, posteriormente, de conversar con cuatro de estos valiosos testigos de este hecho insólito”.
Los relatos de los testigos indican que los minutos pasaron lentos, hasta que se produjo otro fuerte ruido, pero no tan poderoso como el anterior. Entonces esa masa de luz, de forma ovoidal, comenzó muy lentamente a elevarse, balanceándose primero hacia delante, luego hacia atrás, y ante el asombro de todos –a una velocidad indescriptible e inimaginable- cada vez más se alejó en línea recta en el infinito.
Junto a la llegada del alba, las personas que aún estaban en el villorrio fueron a percatarse de lo que había ocurrido en el terreno” agregó Gajardo Leopold. Allí pudieron constatar que donde se posó el objeto existía ahora un claro inmenso entre el ramaje, y no había tierra en una extensión de 60 metros de diámetro por un metro de profundidad. ¿Dónde estaba entonces la tierra? Se podían observar las raíces de árboles y bordes irregulares. No se apreció vegetación quemada…Algo tremendamente poderoso había aspirado el terreno en el sector del aterrizaje”.
La intendencia dispuso que un organismo público investigara e informara acerca del caso. Su conclusión fue: “hundimiento del terreno por exceso de humedad”
Al respecto hay que recordar que 1965 fue un año seco, como anticipo de la gran sequía de 1966. A pesar de las claras evidencias y numerosos testigos, el hecho fue ocultado oficialmente. El informe, con los prejuicios imperantes en esos tiempos es comprensible. Pero inexcusable para una posible investigación fue la presencia, ese y los días siguientes de personas que llegaron al lugar por curiosidad, destruyendo con sus pies las evidencias o huellas que pudieron haber quedado”.
“Pero no todo fue pérdida de pruebas de lo ocurrido. Poco más de una semana después del incidente, afortunadamente acudió al lugar del aterrizaje una comisión científica norteamericana, quienes –según me pude enterar años más tarde por un libro que ahora no recuerdo su nombre ni autor- en su laboratorio establecieron que raicillas del fondo resultaron intactas en su parte superior y que no fueron llevadas por este Ovni. O sea, la tierra de su alrededor, se desprendió sin fuerza, elevándose sin peso indiscutiblemente ya, adosada a la base del Ovni. Esto confirmó la teoría de que los ovnis puedan crear un campo antigravitacional, como ya lo han asegurado numerosos ufólogos al analizar innumerables incidentes como este. (3)


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Sin embargo el principal diario de la región señalaría en sus párrafos principales lo siguiente: “Ayer durante el día y con mayor claridad se recorrió el sitio para así ampliar nuestras informaciones. Se pudo observar que en la hondonada se produjo un desprendimiento en forma circular de unos veinte metros de diámetro que bien podría atribuirse a causas de socavamiento por aguas subterráneas. Este desprendimiento se desplazó hacia la base de la ladera de una extensión de cien metros.
El ruido que pudo haber provocado este fenómeno no tiene ninguna relación con el que sintieron muchas personas que estaban en Pelluco a las 0.45 de la madrugada del viernes y que al mismo tiempo observaron una intensa luminosidad.
Este fenómeno natural es independiente del otro que se mantuvo y fue oído durante cinco minutos acompañado de una luz muy potente de color violáceo.
Además muchas personas que viven en regiones de características tempestades eléctricas han expresado que no identifican el ruido y luces de relámpagos con el que se sintió en la madrugada del viernes en Pelluco.
Científicos que han visto fenómenos análogos, dicen que antes de un terremoto o con ocasión de grandes trastornos atmosféricos se han visto bólidos o globos de fuego de color brillante o violáceo. Éstos son atribuidos a una combinación de magnetismo terrestre y electricidad atmosférica. Tales fenómenos han sido descritos por el sabio italiano Leopoldo Pilla antes del terremoto de Toscana el 14 de agosto de 1846 y asimismo fueron observados en Santiago de Cuba con ocasión de un movimiento sísmico del año 1932. (4)

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Pilla, Leopoldo Toscana, 14 agosto 1846

La fenomenología de acontecimientos anómalos es pródiga en la provincia de Llanquihue como lo ocurrido en Frutillar quince años antes y que transcribiré íntegramente por la escasa difusión que tuvo en su día y para conocimiento de todos.



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Mapa X Región

LA LAGUNA DESAPARECIDA

“El suceso ocurrió en el mes de noviembre de 1950, a 1.250 kilómetros de distancia al sur de Santiago. La casa estaba ubicada a siete kilómetros de Frutillar en dirección a la cordillera, un motor diesel proporcionaba la energía eléctrica necesaria al lugar donde se registraba el matrimonio de dos jóvenes descendientes de alemanes.
Fue entonces cuando se percataron de la presencia de un objeto luminoso en el cielo del lugar. Éste se hallaba en las cercanías de la cumbre del Volcán Puntiagudo. Ubicado a 98 kms al noreste de Puerto Varas y a 2.498 msnm.
De acuerdo a los testimonios de que se dispone, a las diez de la noche, los amigos de la joven pareja de novios sintieron un ruido aterrador.
El motor dejó de funcionar y la construcción de madera de roble quedó en la más absoluta oscuridad. Frente a la casa una pequeña loma adornada por un pequeño bosquecillo, ocultaba la laguna que servía de abrevadero a los animales. Los hombres de la casa fueron cegados por una luz de ilimitada potencia, que escapaba de detrás de los árboles. El ruido se intensificó hasta hacerles doler los oídos, permaneció durante tres horas, además el resplandor no se disipó hasta la madrugada.
Se trataron de utilizar los autos para pedir auxilio en Frutillar pero fracasaron, los motores no funcionaron y los focos no encendieron.
Al otro día, los Hoffman, dueños de casa, fueron a ver qué había ocurrido en el abrevadero de sus animales. Con sorpresa comprobaron que la laguna había desaparecido, en su lugar quedaba exclusivamente un hueco que parecía hecho con una pala mecánica, por la perfección del trazo.
Los habitantes del lugar llamaron al resto de la gente y todos se percataron que el abrevadero natural de la pequeña finca había desaparecido. Los autos volvieron a encenderse y el grupo electrógeno marchó otra vez.
Este hecho fue puesto en conocimiento de los incrédulos policías de la Tenencia de Carabineros de Frutillar y éstos lo comunicaron al mayor Enrique Gutiérrez Pino, subprefecto de Llanquihue. Todo parecía tan increíble, que el oficial prefirió no comunicarlo todavía al Ministerio del Interior en Santiago. Previamente requirió la opinión de los miembros de la Fuerza Aérea, que desde la base de Chamiza operaban una escuadrilla de aviones de entrenamiento y enlace con las islas de Chiloé.
En Chamiza como en el aeródromo civil de la Paloma, había algo más que miembros de la FACH. Operaba allí una misión científico-militar norteamericana. Compuesta por biólogos, meteorólogos y químicos de la USAF, unos cuantos pilotos y mecánicos. Su misión obtener muestras del ozono del aire, el más puro del mundo.
Norteamericanos y chilenos se dirigieron al lugar. Los primeros, luego de una breve inspección ocular se pusieron en contacto con su embajada. Los oficiales de la FACH informaron al Ministerio de Defensa y el mayor Gutiérrez tuvo que hacer lo propio con el de Interior.
En cuestión de horas los americanos montaron toda una expedición científica y por primera vez, que se sepa, la CIA se movilizó con rapidez y éxito para que el hecho permaneciese oculto. Un radiograma de la Dirección General de Carabineros, le indicó al mayor Gutiérrez que debía mantener el secreto. Igual comunicación le llegó al capitán de Bandada, Hugo Cevallos desde el Comando de Unidades de la Fuerza Aérea.
Los Hoffman y sus invitados debieron ser prevenidos que era mejor olvidarse del suceso de aquella noche y para evitar el ridículo por relatar una historia tan descabellada.
El periódico El Llanquihue y la radio Llanquihue ambos de Puerto Montt, fueron invitados a no recoger los rumores circulantes. Los dueños en persona, advirtieron a su personal que había que callar. La lejanía y la dificultad de las comunicaciones hicieron el resto.
A la semana de ocurrido el fenómeno anómalo habían llegado algunos científicos norteamericanos y decenas de sus ayudantes, provistos de contadores Geiger. El lugar donde había estado la laguna fue medido e investigado.
Los contadores delataron un alto grado de radiación fresca, no tan sólo en los bordes de la excavación, sino que hasta una profundidad de treinta centímetros.
El hecho que la tierra hubiese sido removida en forma tan pareja y simétrica, descartó toda posibilidad de evaporación del agua, porque no sólo ésta se esfumó, sino que la vegetación circundante desapareció.
Las autoridades chilenas fueron informadas de que los investigadores no habían llegado a ninguna conclusión y el material obtenido fue enviado a Langley, Virginia.
El caso de la “laguna desaparecida” se redujo a una habladuría de veladas invernales en torno a las cálidas estufas de leña de las cocinas de Llanquihue. En breve tiempo la leyenda y la realidad se fueron mezclando y sólo quedaron como pruebas, tanto en los archivos de Chamiza como de la Prefectura de Carabineros de Puerto Montt. Sin embargo en 1960, cuando la Fuerza Aérea se trasladó a sus flamantes instalaciones en el recién construido aeropuerto de El Tepual y la Prefectura pasó a un edificio nuevo, se les quemó por considerar que eran “documentos carentes de relevancia oficial”.
Ni siquiera se pudo saber cuál fue el punto exacto donde estuvo ubicada la laguna, porque los Hoffman, maldiciendo su suerte y el gasto, construyeron una aguada artificial para que abrevara su ganado lechero”. (5)


SU GEOGRAFÍA
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Volcán Osorno – Lago Llanquihue (enero 1965)

SECUESTRO DE PESCADORES

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“En marzo de 1982 la comunidad de la apacible localidad lacustre de Puerto Octay se vio sacudida por la desaparición de dos pescadores. Baldovino Vargas y su hijo Juan Carlos de 14 años; habían salido lago adentro a realizar sus habituales faenas de pesca, sin que nada hiciera prever que algo fuera de lo normal pudiera ocurrir.
Ninguno de los pescadores volvió. Con respecto a esto último, “la embarcación fue encontrada dos meses después del incidente a la altura de la playa de Las Cascadas, sin sus ocupantes, a la deriva y con “inexplicables quemaduras circulares en la cubierta” afirmó Gabriel Vargas”
En una fecha anterior -23 de agosto de 1978- el pescador había visto emerger una “especie de bote, como huevo arranado de color aluminio” de unos cinco metros de largo y con una cúpula de un metro y medio en la parte superior. Posteriormente, numerosos testigos comprobaron la existencia de una extraña mancha amarilla de cuatro metros de diámetro, al parecer de azufre, según el análisis realizado por una universidad regional.
Baldovino Vargas fue el primer pescador artesanal no deportivo declarante del ovni-acuático que emergía del lago. (7)
El segundo testimonio pertenece a una delegación de turistas italianos, los que vivieron la experiencia en septiembre de 1992. Los visitantes afirmaron haber visto un submarino que llegó hasta la ribera del lago, para luego desaparecer a gran velocidad. (8)
Sin embargo, sería en 1990 cuando una seguidilla de avistamientos pondría nuevamente en el tapete este extraño caso y de paso inscribiría a Octay dentro de los anales de la ufología nacional.

AVISTAMIENTOS

El protagonista de estos avistamientos fue Dolorindo Asencio, pescador octayino y jardinero del Hotel Centinela (30), quien en cuatro ocasiones pudo establecer contacto visual con objetos voladores no identificados.
El 20 de octubre de 1990 el pescador vio por primera vez una de estas extrañas apariciones, testimonio que sólo sería dado a conocer en diciembre de ese mismo año. El temor al ridículo fue más fuerte, aunque sus posteriores declaraciones serían corroboradas por otros testigos que también avistaron algo extraño en el cielo.
"Era el 19 de noviembre, cerca de la medianoche, cuando sentí un extraño ruido de metal cerca de mi casa", relataría Asencio a El Diario Austral (Osorno) de la época. "Salí de mi casa —vivo a metros del lago— para cerciorarme que no me estaban robando el bote. Ya me robaron uno antes. En eso se escuchó un zumbido y unas luces potentes que iluminaban el agua. Era un ovni. Al comienzo se veía un color amarillo, luego azul...Me dio miedo y corrí"
Pero el avistamiento —el cuarto en menos de un mes— esta vez tuvo características de pesadilla. De acuerdo con la narración del octayino, el ovni lo escoltó hasta una distancia de 15 metros de su casa.
"Muy asustado corrí a esconderme tras un bloque de cemento que había cerca. Luego me sobrevino una hemorragia nasal, fuerte dolor de oídos y de la garganta", explicaría Asencio.
A su temor, se agregaría pocos días más tarde la amenaza de un extraño grupo religioso que lo visitó para conminarlo a callarse y no hacer más declaraciones.
"No tienes que hablar porque todavía se van a ver muchas cosas más", fue lo que me dijeron", apuntó el pescador. "Tenían aspecto de extranjeros, eran tres personas —dos mujeres y un hombre— quienes me hicieron ofrecimiento en dinero para que no hablara más. Me invitaron a salir a conversar con ellos, pero no acepté porque me dio mucho miedo... Mencionaron que pertenecen a una religión que ora y se baña en el lago con aureolas incandescentes, hundiéndose en las profundidades para aparecer más livianos y libres de pecado". (9)
El ufólogo Raúl Gajardo sigue narrando otros acontecimientos: “Fue una tarde de agosto que llegó hasta mi oficina en Osorno el jefe de la Tenencia de Puerto Octay”. Él era un teniente que yo ya había tenido oportunidad de conocer anteriormente, una persona muy seria y parca en palabras… Entró agitado a mi oficina y me pidió la autorización para narrar un hecho acaecido el día anterior en su jurisdicción, que estimaba debía ser de mi conocimiento. Lo primero que me dijo fue que se trataba de Ovnis… Por supuesto, al notar mi entusiasmo, se sintió mucho más relajado y comenzó su narración”.


EN EL LAGO

“Ayer en la tarde, cerca de las 17:30 horas, cuando aún no oscurecía, llegó hasta el cuartel un chofer de la ambulancia del hospital local, diciéndome que venía a avisar que había dos discos voladores “jugando” sobre el lago Llanquihue” relató el teniente octayino a Gajardo Leopold. “Sin perder tiempo en enterarme de más detalles, fui en el mismo vehículo a informar de ello al alcalde de la comuna, quién también exaltado por el hecho, se fue directo a playa Maitén junto a dos funcionarios municipales”.
“Esa tarde, venía de regreso del hospital personal médico y enfermeras, quienes al pasar por ese lugar vieron el espectáculo. Fue entonces que el jefe de la comitiva le ordenó al chofer venir a avisar. Ellos –seis personas- se quedaron en el lugar observando”
“Yo fui inmediatamente al lugar, acompañado de otros dos funcionarios y a los pocos minutos ya estábamos en presencia de algo prodigioso”.
Efectivamente, antes de llegar a playa Maitén se podía avistar muy claramente la presencia de dos objetos semiesféricos, de color platinado con destellos rojizos, que a la par efectuaban toda clase de evoluciones casi a mitad del lago, a una distancia de un kilómetro y medio a dos kilómetros de Playa Maitén.
"Por momentos su armonía era perfecta", indicó el carabinero. "Y a veces se separaban y cada uno llevaba a efecto su desplazamiento a su manera. Todos estos movimientos se pueden resumir en amplias curvas, pasando a ras de las aguas, y en otras ambos se lanzaban en "picada" y al instante en que se creía que se iban a estrellar en el agua, en línea recta se elevaban en dirección al cielo, para retornar a los pocos instantes. Todo esto, a velocidades increíbles, que nunca hubiera podido realizar un avión".
"Las doce personas que estábamos allí no dábamos crédito a lo que veíamos. Había variadas opiniones, pero estuvimos de acuerdo en un par de cosas, que esos artefactos eran Ovnis y que tenían un diámetro estimado en 10 metros. No eran objetos pequeños, no se les distinguía cúpula ni ventanillas ni alguna antena... Obviamente eran sólidos, y de superficie pulida. El color dorado de la luz de la tarde, al parecer le daba otros reflejos de tonalidades distintas, pero que no era posible definir".


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Imagen extraída de mapa google (2010)

MARAVILLADOS

Sobre el sector del lago donde se producían estas evoluciones no se divisaban ni botes ni lanchas, las aguas estaban quietas, el cielo absolutamente despejado y la visibilidad era óptima.
"Sin cesar, durante casi 25 minutos, los dos objetos extraños llevaron a cabo sus movimientos inverosímiles. Entre el grupo de personas que seguíamos el fenómeno no hubo miedo y ni siquiera las enfermeras dejaron escapar alguna expresión de temor. Diría que más bien que realmente disfrutábamos del espectáculo. En los minutos finales de esta "presentación", todos estábamos en silencio. Seguramente estábamos conscientes de que los dos aparatos, que se desplazaban sin producir ni un ruido, no eran obra humana. Y estimo que esa es la única verdad. No hay avión o artefacto humano que lleve a cabo tales evoluciones y con tal precisión. Eso de ir a clavarse en las aguas y en el último segundo cambiar de dirección en 90 grados así lo demuestra".
"Finalmente, los dos discos repitieron un amplio movimiento circular, pasando muy cerca de la superficie, y en línea recta y oblicua se perdieron en contados instantes en dirección al límpido cielo", concluyó la narración del teniente.
"Esta es, en esencia la versión del carabinero", apunta el investigador Gajardo Leopold. "Por la calidad de los testigos, a pesar de no existir fotos ni grabaciones, no puede haber duda alguna de que fue algo real". (10)
Gajardo señala al periodista a continuación: “Como comisario en Osorno, vivía en uno de los bloques de la población Vicente Pérez Rosales. Allí tuve un joven vecino, hoy distinguido profesional, Iván Casanova, también interesado en observar los cada vez más numerosos Objetos Voladores No Identificados —Ovnis— que ahora y por influencia de científicos rusos de la década de 1980, se denominan precisamente fenómenos aéreos anómalos".
Una noche fue mi vecino Casanova a mi departamento, que le quedaba al frente, a avisarme que se esta observando en dirección Este, a una gran distancia, algo "extraño". Efectivamente, muy bajo en el horizonte, se podía ver una gran esfera blanca, no era brillante, seguida por una figura triangular, dando la sensación de que era como un haz de luz del mismo objeto, proyectado hacia atrás. La curiosa forma se desplazaba lentamente de Norte a Sur, a una elevación de 40 grados. Su figura era imponente e imposible de calcular su magnitud".

SEGUNDO Y TERCER AVISTAMIENTO

"Para felicidad de mi vecino y mía, eso no fue todo lo que ocurrió", señaló el investigador. "Yo había conocido a un médico de apellido Mardones y me había comprometido a avisarle cuando se viera uno de estos fenómenos. El facultativo era un fanático buscador de Ovnis y ya anteriormente, desempeñándose como médico general en el Hospital de Puerto Octay, me había narrado que una noche, al volante de una ambulancia, "persiguió" a un Ovni que iba adelante suyo, por supuesto a unos 80 metros sobre el camino. Mardones lo había descrito como un objeto ovoidal, de color blanco brillante, con bordes definidos, de unos 10 metros de diámetro y que se de desplazaba adelante y arriba suyo, con movimientos zigzagueantes. Y cuando lo estimó conveniente, lo hizo con un giro en 90%, a velocidad de la luz".
La intención de Gajardo Leopold era dar cuenta al médico del avistamiento, pero éste no estaba en su casa, sino de turno en el Hospital Base de Osorno. El uniformado decidió ir hasta allá en compañía de Iván Casanova.
TERCERO
"Ibamos en mi auto. Antes de llegar, pudimos ver con Iván una esfera rojiza que cruzó sobre la ciudad en una gran curva. ¿Otro Ovni? Era, en definitiva, una noche especial. Eran aproximadamente las 22 horas cuando llegamos la Hospital y ubiqué al médico, contándole los hechos. Entusiasmados —por fortuna no tenía atenciones— salimos los tres a un patio interior del establecimiento, comentando lo sucedido. Como corresponde, ninguno dejó de otear el cielo, sin luna, pero absolutamente despejado y estrellado. No habían transcurrido diez minutos cuando Iván, de una vista excelente, nos alertó. Efectivamente, muy lentamente, de Norte a Sur, a unos mil metros de altura y en línea recta, uno detrás de otro se estaban desplazando, silenciosamente, dos enormes esferas azules muy brillantes".



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Aldunate Phillips 1902-1985

"Esa noche comprendí lo que quiso exponer el distinguido científico y literato, Arturo Aldunate Phillips, en su obra llamada precisamente "Los Caballos Azules". Lamentablemente por esos años ya estaba fallecido, para haberle ratificado mi visión". (11)

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uuuuuffffffffffffffffff perrin quede loco leyendo , gracias por el aporte y el tiempo dedicado a compartir.