Niños y adolescentes se enrolaron en la Marina y el Ejército para pelear por la patria.
La Guerra del Pacífico, conflicto armado que enfrentó en 1789 a nuestro país con las fuerzas combinadas de Perú y Bolivia, y que terminó en 1883 con la abrumadora victoria de las armas chilenas, tuvo la particularidad de que, en el caso de Chile, contó con la participación de niños y adolescentes que acudieron al llamado de la Patria y se calzaron un uniforme para ir al norte a pelear a tierra extranjera.

Joven militar chileno de la Guerra del Pacífico (foto: página de Facebook “Guerra del Pacífico 1879″).
Si bien antes del conflicto bélico los efectivos de las fuerzas armadas chilenas sólo ascendían a unos dos mil o tres mil efectivos (el 0,1% de la población), a medida que se fue desarrollando la guerra las masas populares comenzaron a acudir en masa a enrolarse, especialmente después de la Batalla Naval de Iquique (1879), cuando el heroico marino chileno Arturo Prat se inmoló junto a algunos de sus oficiales en la cubierta del monitor peruano Huáscar.
Entre los reclutas chilenos no fueron pocos los casos de niños y adolescentes que mintieron con respecto a la edad que tenían, con tal de ser aceptados en la Marina y el Ejército. El caso más famoso fue el del subteniente curicano Luis Cruz Martínez, quien falleció a los 15 años de edad -junto a todo su regimiento- en la Batalla de La Concepción, en la sierra peruana, el 10 de julio de 1882.
Se cuenta que al comenzar la guerra, Cruz Martínez era tan joven que apenas podía levantar su rifle a la altura del hombro, y su estatura era tan pequeña y su constitución tan endeble que, cuando comenzó a militar como clase en el regimiento Curicó, sus compañeros de armas lo bautizaron con el humorístico sobrenombre de “el cabo Tachuela”. En enero de 1882 Cruz Martínez sería destinado a la 4.ª compañía al mando del capitán Ignacio Carrera Pinto (nieto del prócer de la independencia José Miguel Carrera), los cuales fueron encargados de la guarnición del pueblo de La Concepción.
El coronel chileno Estanislao del Canto relataría que “como a las nueve de la mañana del día 10 de julio de 1882, no quedaban sino el teniente Cruz y cuatro soldados que defendían la entrada al recinto del ya quemado cuartel. Se notó que a esa hora ya habían agotado todas sus municiones, porque no hacían ningún disparo, y entonces algunas voces peruanas le gritaban: ‘¡Subteniente Cruz, ríndase hijito, no tiene para que morir!’. A los cual él les contestaba: ¿¡Los chilenos no se rinden jamás!’, y volviéndose a su tropa les preguntaba: ‘¿No es verdad muchachos?’ Los soldados respondieron afirmativamente y entonces el oficial mandó a calar bayoneta y se fueron furiosos contra las masas indígenas. Fatigados, tuvieron que rendir su vida, quedando algunos clavados en las lanzas de los salvajes”.
Otros niños héroes de la Guerra del Pacífico fueron Gregorio Araya, quien se incorporó a la Marina a los 11 años y, siendo grumete de la corbeta Esmeralda, falleció en el transcurso del combate Naval de Iquique. Gaspar Cabrales, con sólo 15 años, también falleció en esa batalla luego de recibir proyectiles desde el monitor Huáscar. José Emilio Amigo sería el héroe más joven de ese histórico combate, formando también parte de la dotación de la corbeta “Esmeralda” con tan sólo 10 años, aunque hasta el día de hoy no se ha logrado dilucidar si murió o no en batalla.



