En Portada Lucía Santa Cruz: «No existe verdadera libertad de expresión para hablar del gobierno de Salvador Allende»

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8 Nov 2019
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SANTIAGO

Lucía Santa Cruz: «No existe verdadera libertad de expresión para hablar del gobierno de Salvador Allende»​

En medio del debate que se ha instalado, la historiadora advierte que “la izquierda nunca ha querido ser liberal en Chile” y sostiene que el Presidente Kast “ha sido una tremenda sorpresa en términos de haber adherido en un 100% a lo que nosotros llamamos una democracia liberal”. Sin embargo, marca distancia con el encuentro realizado la semana pasada: “La retórica del Foro de Madrid, para mí, es muy antagónica al espíritu liberal”. También entrega su mirada sobre el gobierno de Salvador Allende y asegura que la «destrucción de la democracia no sucedió el 11 de septiembre de 1973».
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Este viernes se cumplen 53 años del 11 de septiembre de 1973, fecha marcada por el golpe de Estado que puso fin al gobierno de Salvador Allende y dio inicio al régimen militar. Una efeméride que, más de medio siglo después, continúa abriendo discusiones sobre la crisis política e institucional que vivió Chile y las responsabilidades de los distintos actores de la época.

La fecha coincide además con otro hito: este 11 de septiembre se cumplen seis meses desde que el Presidente José Antonio Kast asumió la Presidencia de la República. En conversación con El Líbero, Lucía Santa Cruz, historiadora y consejera del Instituto Libertad y Desarrollo, aborda ambos temas a partir de un debate que se ha instalado durante las últimas semanas: qué significa ser liberal o iliberal.

La historiadora analiza al gobierno de Kast, la reforma constitucional de seguridad, el Foro Madrid, el proceso constitucional y la izquierda chilena. También explica por qué considera que existen presiones que dificultan hablar del gobierno de Salvador Allende y hace un balance de los primeros seis meses de la actual administración.



-Estamos en medio de un debate instalado sobre lo liberal y lo iliberal. Usted escribió una columna en El Mercurio titulada “Ahora todos quieren ser liberal”. En el Chile de hoy, ¿qué significa realmente ser liberal o iliberal?

-Habría que partir por definir lo que es ser liberal en el sentido de ser partidario de la democracia liberal representativa histórica. Porque iliberal no es un término en sí mismo, sino que es un término comparativo con el liberalismo, aquel que no es o que no sigue todas las reglas de la democracia liberal representativa. Uno puede definir la democracia liberal representativa de muchas maneras, pero hay ciertos elementos que son claves, esenciales e insustituibles. Bueno, las elecciones, de partida, bajo ciertas condiciones de pluralismo, de apertura, de libertad de expresión, fluidez de información, de falta de presión a los votantes. Pero las elecciones no son todo en una democracia, como muchas veces se dice. No basta, porque cómo se gobierna dentro de una democracia liberal es tan importante como cómo se genera. Y cómo se gobierna en una democracia liberal exige ciertas cosas básicas. Derechos individuales irrenunciables que tenemos las personas, libertad de expresión, libertad de asociación, de movimiento, de religión, etcétera.

-¿Y el concepto iliberal?

-Iliberal es un concepto inventado no hace mucho por Fareed Zakaria, que significa esta tendencia que se ha registrado en el último tiempo con gobiernos que son electos democráticamente, pero que a poco andar empiezan a vulnerar algunos de estos elementos esenciales de la democracia. Es el caso típico de Bukele. No mencioné otro elemento de la democracia liberal que es muy esencial: el derecho a un juicio justo, a un debido proceso. Bueno, tenemos que en El Salvador no solamente los contrapesos se han ido eliminando, sino que además se ha logrado el orden, se ha puesto fin a las maras, y eso por supuesto que es algo aplaudible, pero eso no ha significado que todos los condenados tengan un juicio justo ni un debido proceso. Y en ese sentido es un gobierno iliberal.

-La semana pasada se realizó el Foro Madrid, que nace como respuesta al Foro de Sao Paulo. La izquierda lo criticó y en la derecha también hubo reparos sobre la participación del Presidente Kast en este encuentro. ¿Hay ideas iliberales que se defienden en ese foro?

-No es un foro con el cual yo me identifico, pero reconozco el pleno derecho que tienen aquellos que comparten su visión y su retórica y su tono, de asistir. El Presidente fue fundador de ese movimiento, él fue electo por la ciudadanía sabiendo que eso era así, y yo creo que el intento de vetar su presencia no es muy liberal. Yo me crie con un motto: ‘Estoy en profundo desacuerdo con tu opinión, pero dispuesta a dar mi vida por tu derecho a defenderla’. Entonces, yo creo que es bastante iliberal considerar que se puede hacer una reunión internacional de izquierda en que vinieron personas como Petro, que es una persona cuestionada en términos de sus credenciales liberales democráticas, y que esas mismas personas usen el término iliberal, porque la izquierda nunca ha querido ser liberal en Chile. Por el contrario, para ellos el concepto de liberalismo ha sido anatema. Para ellos la democracia liberal era una democracia formal, burguesa, que había que abolir. Entonces me parece a mí que ahí hay un aprovechamiento político indebido. Ahora, yo no quedé feliz con lo que pasó en el Foro Madrid, pero esa es mi opinión.

“El Presidente Kast ha adherido en un 100% a una democracia liberal”

-Y en cuanto al discurso del Presidente Kast y los comportamientos del gobierno en sí mismo. ¿Ve comportamientos iliberales, ya sea en su forma de gobernar o en su gobierno?

-Yo voy a hablar de él primero. Yo creo que el Presidente Kast ha sido una tremenda sorpresa en términos de haber adherido en un 100% a lo que nosotros llamamos una democracia liberal. Yo no he sido capaz de encontrar una frase en la que diga ‘ay, qué susto, es iliberal’. Yo reconozco que inicialmente tenía temores nada más que por el grupo que él prefiere, o sea, su vinculación con Bukele, con Bolsonaro y con Milei eran motivos de preocupación para algunas personas. El día que él asumió sentó el tono de un gobierno moderado, un gobierno que pretendía ser para todos los chilenos, un gobierno dispuesto a ampliar sus puertas, de incorporar a un espectro bastante más diverso en su gabinete y su discurso en el Foro de Madrid contrasta notablemente, por ejemplo, con el de Milei. Milei fue de una agresividad tremenda, muy descalificatoria de la izquierda, y Kast reiteró su voluntad de ser absolutamente republicano en su médula. Ahora, yo creo que hay una diferencia entre esa actuación y la última propuesta de reforma constitucional.

-¿Qué le pareció esa reforma constitucional que propuso el gobierno en seguridad?

-Ese es el único caso donde yo diría realmente: aquí había una iniciativa que atenta contra muchos de los principios esenciales de una democracia liberal representativa.

-¿Ahí sí veía riesgo de algo iliberal?

-Totalmente. O sea, que un Presidente pueda, por 240 días, sin acudir al Poder Judicial, sin la tutoría del Congreso, imponer un estado donde las personas en esa zona quedan absolutamente privadas de los derechos esenciales. Su propiedad puede ser expropiada, pueden ser detenidos sin los resguardos necesarios. Ahora, la reacción frente a eso a mí me llenó de esperanza por este país, porque quiere decir que, a pesar de todos los temores de que no se valora la democracia y sus valores, la verdad es que no, porque hubo una defensa muy grande de lo que es la esencia de una sociedad libre, que son los derechos de todos, incluidos los criminales. Porque no son criminales hasta que un juez lo decida.

-¿Y qué le pareció la reacción que tuvo el gobierno para retroceder, luego de enfrentarse con este nivel de críticas y de que desde su propio sector lo calificaran de iliberal?

-No debe haber sido grato. Yo creo que el gobierno enfrenta una situación de criminalidad. Y yo creo que ellos piensan, ‘mire, por favor, déjenme las manos libres, yo puedo resolver esto’. Y considera que aquí hay unos técnicos, una élite, unos intelectuales, unos políticos que están poniendo trabas a eso. Pero yo creo que es la obligación de cualquier persona pensante ponerse siempre en el caso de que esa ley, lo dije en mi columna, va a ser aplicada por tu peor enemigo. Y pasó en Venezuela. Los venezolanos, antes de Chávez, eran el país con mayor valoración de la democracia en el barómetro latinoamericano. Entonces hay que estar siempre resguardado.

“La izquierda chilena se ha comportado de una forma muy iliberal”

-Pepe Auth decía este lunes en Política para Adultos, que a un gobierno hay que juzgarlo por sus intenciones más que por lo que finalmente lleva a cabo. ¿Cuál es su valoración en eso? ¿Es más importante que hayan retrocedido o le preocupa que lo hayan propuesto?

-No, yo encuentro que haber retrocedido es muy valioso. Me surge la comparación inmediata de lo que fue el plebiscito de Pinochet. Siempre se dice ‘ah, pero es que Pinochet no quería aceptar el resultado, estaba complotando para que no’. A lo mejor, pero lo importante es que sí lo respetó y que eso sí permitió una transición. Entonces, yo creo que las intenciones nos ponen en resguardo, nos ponen alerta, nos hace estar pendientes, pero la historia se conforma por los resultados y por los hechos.

-Usted dijo que la izquierda tenía cierto rechazo a esta idea de ser liberal. Ahora, al revés, como dice en su columna, todos quieren ser liberales. ¿Ve rasgos iliberales, ya sea en la oposición actual o en comportamientos que ha habido en el Congreso?

-La izquierda chilena se ha comportado de una forma muy iliberal. El proyecto constitucional que fue rechazado en el plebiscito era un proyecto por definición iliberal,
porque era un intento de sustitución de la democracia liberal representativa con sus contrapesos, con sus derechos, etcétera, más semejante a las democracias bolivarianas, donde las libertades personales yo creo que estaban en serio riesgo y estaba en serio riesgo el concepto de la nación. Y la democracia liberal es un concepto muy unido a la nación, a la idea de que existe una ciudadanía universal. La soberanía reside en la nación, no reside en un conjunto de grupos identitarios, porque eso hace inviable el bien común. ¿Cómo establecemos un bien común entre grupos que son hostiles entre ellos, irreconciliablemente hostiles?

-¿Y qué opina de que no haya habido un reconocimiento o una autocrítica del sector hasta este momento?

-Ha habido alguna, pero no la que uno habría esperado. Yo valoro mucho las declaraciones de Adriana Delpiano, por ejemplo, porque son categóricas. Otras son sí y no.

“La destrucción de la democracia no sucedió el 11 de septiembre de 1973”

-Tomando en cuenta la efeméride del 11 de septiembre, ¿el gobierno de Salvador Allende fue liberal o iliberal, a su juicio?

-Yo siento que no existe verdadera libertad de expresión para hablar de este tema, porque hay muchas formas de restringirla. Y una es la censura, es la más obvia, pero también hay otras presiones sociales que inhiben un análisis objetivo de este período. A mí me pasó que cuando vino el golpe militar había un sector del país sufriendo y, por lo tanto, muchas personas pensamos que no era el momento de empezar a insistir en enrostrarles cómo la destrucción de la democracia no sucedió el 11 de septiembre de 1973. La democracia se fue sustituyendo durante todo el gobierno de la Unidad Popular al haber adoptado políticas de facto, no a través del Congreso que no las podía aprobar o que no quería aprobarlas, sino que por ejemplo con tomas ilegales, poniendo un interventor y por lo tanto, expropiando la propiedad sin ley. Bueno, es tan así que la mayoría del Congreso así lo determinó en una declaración de que se había violado la Constitución y establece dónde. La Corte Suprema lo mismo, la Contraloría también. Las órdenes del Poder Judicial no se cumplían y el objetivo último de la Unidad Popular, más allá de los medios que se fueran a utilizar, era la destrucción de la democracia. Y la reforma constitucional de ese entonces contemplaba una Cámara, igual que en Cuba, contemplaba tribunales populares, que eran aquellos que iban a juzgar a las personas. En fin, por supuesto que cuando tanto el Partido Comunista como el Partido Socialista, conformando un porcentaje grande del apoyo del gobierno, y el MAPU, no sé si tan explícitamente, habían declarado la legitimidad de la violencia y de la revolución armada. ¿Cómo puede decirse que eso es liberal?

-La otra efeméride de este 11 de septiembre son los seis meses del gobierno del Presidente José Antonio Kast. ¿Cuál es su evaluación o su balance sobre estos seis meses?

-Yo creo que seis meses es un período muy corto para hacer un balance. A ver, el Presidente dijo que era un gobierno de emergencia, en el cual se iba a concentrar en ciertos temas. En el tema de la economía, yo creo que la reforma que se aprobó va en el camino correcto, son cosas que había que hacer, pero, por cierto, no pienso que con eso se hayan establecido todas las bases para una recuperación económica como la que necesitamos. Hay temas laborales que hay que enfrentar, hay más regulaciones que hay que abordar, en fin. Pero no se puede pedir en seis meses que ya se haya logrado, mucho menos aún en el tema de la seguridad. El tema de la seguridad es un tema tremendamente complejo y difícil. A los países les ha costado mucho, si es que lo han logrado, reducir el crimen organizado, terminar con la violencia y el narcotráfico. Entonces, yo creo que sí se ha avanzado. Hay, primero que todo, un cambio en el ethos, en la mirada hacia el problema, en el sentido de decir esto es grave, y de en vez de decir ‘hay que reformar Carabineros porque potencialmente son unos abusadores’, a decir ‘tenemos que proteger a nuestros carabineros porque están arriesgando su vida para cuidarnos a nosotros’. Ha habido algunos logros también en términos de encuentro de drogas

“Me sentí denostada como ‘derechita cobarde’ por Republicanos y el PNL”

-Usted hablaba de un cierto temor por el discurso que podía tener el Presidente José Antonio Kast. De hecho, usted apoyaba abiertamente la candidatura de Evelyn Matthei y decía que era un liderazgo distinto. ¿Qué era lo que esperaba?

-Lo que pasa es que yo siempre me sentí denostada como ‘derechita cobarde’. Y ese es un término al cual el Partido Republicano y el Nacional Libertario adherían con entusiasmo.
Y eso significaba, creo yo, la descalificación completa de una mentalidad que cree que los problemas de los países son tan complejos que necesitan negociación, necesitan lograr acuerdos. Porque la alternativa es el enfrentamiento y la guerra. Y yo siempre digo, a ver, en este país hubo más de un 40% de personas en Chile dispuestas a votar por un candidato comunista. ¿Qué hacemos con ellos si no convivimos con ellos? Encontremos acuerdos. La política es la alternativa a la guerra. El arte de lo posible. Entonces mi temor era que yo notaba dos cosas. Una, un convencimiento radical de la certeza de sus propias opiniones. Y el liberalismo se basa en una teoría del conocimiento científico, que nos dice que en materias políticas, en materias terrenales, no existe el conocimiento último definitivo. Esa certeza que, desgraciadamente, lleva a una cierta superioridad moral.

Y lo otro: las palabras importan. Y, en ese sentido, la retórica del Foro Madrid, para mí, es muy antagónica al espíritu liberal. O sea, un liberal, yo creo que no puede referirse a aquellos que piensan distinto como ‘zurdos mugrosos’. Esa retórica no nos lleva a una convivencia civilizada, no nos lleva a poder avanzar en los temas donde sí podríamos tener acuerdos. Entonces, tampoco yo me identifico con esa retórica muy dura, muy confrontacional, muy descalificatoria, muy segura de su propia verdad.

-¿Todavía siente que se siente denostada como ‘derechita cobarde’ o cree que eso ha cambiado?

-Lo que pasa es que yo nunca me sentí… O sea, había la intención de denostarme, pero yo nunca me sentí. No lo lograron para nada, porque yo he sido siempre muy valiente en defender mis principios, pero yo defiendo mis principios, no necesariamente los principios de ellos.

-¿Pero todavía denostan, entonces, esta política de los acuerdos?

-Hay una cierta resistencia a los acuerdos, pero que las circunstancias los han llevado a tener que buscarlos y a tener que transar. Ahora, ojalá que el precio que tienen que pagar sea un precio también razonable, porque yo consideré que el acuerdo de la reforma económica valía la pena, pero que haya sido a cambio del IVA en los pañales, me parece que no ennoblece demasiado el debate público.

“Habría que adoptar todas las medidas que impliquen que no volvamos a tener un gobierno de extrema izquierda”

-Actualmente estamos viendo cifras complicadas de desempleo, una inflación alta, una sensación de inseguridad, un bajo crecimiento. A su vez, el estado de ánimo de los chilenos está en mínimos históricos, según algunas encuestas. ¿Cree que esto puede sembrar algo de la inestabilidad que vimos en 2019?

-Yo soy muy reacia a sembrar estas incertidumbres, porque muy luego se pueden transformar en la profecía autocumplida. Yo me siento muy amenazada cuando la gente dice ‘va a venir una explosión social’. No. Nosotros tenemos que tener claro que estos problemas, que son graves, tenemos que saber resolverlos dentro de la institucionalidad. Nosotros ya vivimos la experiencia, pagamos unos costos gigantescos. Y muchos de estos problemas que estamos viviendo son todavía el resultado de lo que sucedió durante la insurrección de hace siete años. Por supuesto que es mucho más fácil un país en paz cuando no hay demasiadas tensiones. Pero hay un elemento curioso, las revoluciones, tanto en Francia como en Rusia, como en China, ocurrieron en momentos de auge económico, de transformaciones, de transformaciones económicas que cambian la estructura y se produce un desajuste entre la estructura social y el sistema político. Eso agravado por una crisis económica inmediata. En el caso de la Revolución Francesa, por las fallas en las cosechas y la falta de pan. En Rusia, por la Primera Guerra Mundial, en fin. Entonces, no siempre hay que asociarlo. Hay crisis económicas que se superan institucionalmente.

-¿Qué tan importante es, para el objetivo que tiene el gobierno, que es intentar entregarle la banda a alguien de su mismo sector, que las fuerzas de derecha logren coordinarse? ¿Es necesaria una sola coalición, a su juicio?

-Yo creo que no solo la derecha, los partidos en general se fragmentan. Existe una falta de tolerancia para convivir en un mínimo de diferencias con el otro, que tú ves, del Partido Republicano sale un ala libertaria. Hoy día, Chile Vamos ha podido formar una especie de coalición, no exactamente, pero las rivalidades, las pugnas entre la UDI y Renovación Nacional fueron permanentes. A lo más había un matrimonio por conveniencia para las elecciones. Hoy día eso es bastante más fuerte. Entonces, yo creo que habría que, por lo menos, adoptar todas las medidas que impliquen que no volvamos a tener un gobierno de extrema izquierda. Ese debería ser el factor que una a todos los partidos de derecha, pero en el entendido de que tienen que postergar algunas de sus aspiraciones, porque cuando eso no se hace, se pierde la oportunidad notable, por ejemplo, de haber tenido una buena Constitución consensuada por moros y cristianos, porque hubo un sector que por detalles trató de imponer su voluntad en circunstancias que no existían las mayorías para ello.








 
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Reacciones: Porky.
Los habitantes de cuba parecen esqueletos
Andan todo el dia cagados de miedo de decir algo contra el gobierno porque los desaparecen
Siempre eligen a los mismos cabeza de huevo
La doctrina comunista en si misma es contradictoria, Raul Castro y su hermano fueron unos bastardos egoistas que murieron entre riquezas sin dejarle sus herencias al pueblo

Pero segun estos gusanos el kakast es el nuevo hitler
:lol:
 
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