Matilde O’Donnell McElroy: La enfermera que aseguró haber cuidado un ser extraterrestre en Roswell

akazeronez

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13 Feb 2011
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Santiago Villa olimpica
En 1947, una supuesta nave espacial se estrelló en el desierto.

En 1947, Matilda O’Donnell McElroy, una sargento mayor de la División Médica del Cuerpo de Mujeres del Ejército de los Estados Unidos, fue enviada junto a un oficial militar a una operación secreta en Roswell, en Nuevo México, lugar donde acababa de ocurrir un hecho prodigioso: una nave espacial desconocida, procedente del espacio, acababa de estrellarse en el desierto, con dos tripulantes extraterrestres a bordo.



Cuando la enfermera militar y el oficial llegaron al lugar del accidente, que ya había sido aislado por el Ejército, la mujer vio con sorpresa los restos de una nave extraña y los cuerpos de dos supuestos extraterrestres. Uno estaba muerto, pero el otro estaba vivo y consciente. Cuando Matilda intentó hablar con el alienígena superviviente, de repente comenzó a recibir “imágenes mentales” del ser espacial, que ella interpretó como un intento de comunicación telepática.

Cuando Matilda le reportó esto al oficial que la acompañaba, el militar le indicó que siguiera “hablando” telepáticamente con el extraterrestre. Durante este sorprendente proceso de comunicación mental, Matilda se enteró de que el extraterrestre superviviente era de género femenino y que su nombre era Airl.
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“Nuestra comunicación no fue por el habla en el sentido convencional, el cuerpo alienígena ni siquiera tenía boca para hablar. Nuestra comunicación fue a través de la telepatía. Al principio no podía entender pero podía percibir imágenes, sentimientos e impresiones, pero me costaba expresarlos oralmente. Una vez que Airl aprendió inglés, pudo enfocar sus pensamientos con mayor precisión usando símbolos y significados de palabras que yo podía entender. Aprender inglés fue una gran gracia para mí. Fue más para mí que para ella”.



La extraterrestre, a continuación, le reveló a Matilda McElroy que también era oficial militar, piloto e ingeniero y que su misión en la Tierra era de naturaleza exploratoria y expedicionaria, detallando que su base se llamaba Fuerza Expedicionaria y estaba ubicada en un lugar concreto del espacio llamado Cinturón de Asteroides.

La enfermera norteamericana describió físicamente a Airl como una criatura del tamaño de un niño, pero no era una criatura real, sino un biorobot-avatar, cuyos tejidos estaban hechos de material sintético y cuyo cuerpo podía ser poseído por un ser de orden superior: un extraterrestre real.

Matilda, durante la comunicación telepática con Airl, se percató que el ser espacial no había querido darle información sobre su idioma o la ubicación de su planeta natal, pues la criatura no estaba segura de las intenciones del ejército norteamericano. Airl, en todo caso, describió su cultura como muy fuerte y antigua, y cuyo único objetivo era el progreso.

Cuando Matilda le preguntó a Airl cuánto tiempo su raza había estado visitando la Tierra, ella respondió: “Antes de la aparición de los humanos. La Tierra es un pequeño planeta al borde de una estrella en la galaxia. Esto hace que la Tierra esté muy aislada geográficamente de las culturas planetarias más concentradas más cercanas al centro de la galaxia”.




La enfermera también informó que pudo recabar la siguiente información de la extraterrestre: “Estos hechos obvios han hecho que la Tierra sea adecuada sólo para su uso como zoológico o jardín botánico, o para uso actual como prisión, pero nada más. Estas criaturas fueron capturadas, atrapadas y transportadas a la Tierra desde varias partes del ‘Viejo Imperio’. Las estaciones subterráneas donde se conservaron (o aún se conservan) estas criaturas se establecieron en Marte y la Tierra en las montañas Rwenzori en África, en los Pirineos (entre España y Francia) y en las estepas de Mongolia”.

La enfermera norteamericana, según su increíble relato, “habló” mucho con Airl, pero en un determinado momento la extraterreste “falleció”, es decir, el alienígena abandonó el cuerpo de su avatar.

La enfermera Matilda O’Donnell McElroy, por orden del Gobierno norteamericano, debió ocultar estos sorprendentes hechos durante décadas y sólo en el año 2007, cuando tenía 83 años y estaba a punto de morir por eutanasia, decidió compartir su experiencia con el investigador ufológico Laurence Spencer.

“Mucha gente fue asesinada para excluir la posibilidad de revelar el conocimiento que ayudé a ocultar a la sociedad hasta ahora. Sólo un puñado de personas en la Tierra ha visto y oído lo que he mantenido en secreto durante sesenta años. Todos estos años, pensé que las autoridades habían cometido un gran error, creyendo que su objetivo era proteger a la humanidad del conocimiento de que la vida extraterrestre no solo existe, sino que continúan y continúan controlando agresivamente e invadiendo la vida diaria de cada persona en la Tierra”, aseguró.



Matilda McElroy, la enfermera militar que se comunicó mentalmente con el extraterrestre de Roswell.