Mi historia no es muy larga pero intensa. Mi polola se vino a quedar a mi casa, bueno, a la de mi familia. Ella viene de otra ciudad y se quedó (antes de la pandemia) disfrutamos del día y de todo lo que significa. Cuando llegó la noche mi familia, padres, hermanos, salieron y nosotros también. Al regreso a casa nos fuimos a la habitación ahí comenzamos a besarnos intensamente, nos quitamos la ropa salvajemente y enloquecimos de pasión, del bueno sexo. Mí pene en su boca, mis labios en si vagina y me lengua en su clitoris, para formalmente tener mucho sexo en todas las posiciones imaginables, pero acá viene lo bueno, cuando saca mi pene de su vagina y me pide que se lo meta por su ano, ahí me volví loco porque jamás había querido algo así, de hecho era de las que no está de acuerdo con el sexo anal, no sé qué le pasó esa noche que me pidió que se lo metería, a así comencé lentamente, Unté mi miembro y el inicio de ese exquisito ano con saliva y comencé a introducirlo lentamente hasta que ella sin previo aviso se sentó encima mío (porque estábamos de lado) y comenzó a moverse salvajemente hasta que mi pene completo estaba dentro de ella, literalmente comenzó su cuerpo a hervir y se volvía loca loca cada vez más rápido, apretado lo sentía y ella gemía, gritaba, mientas con mis dedos estimulaba su clitoris, finalmente acabe dentro de ella y comenzó a devolver toda la leche, así estuvimos largas horas de la noche, ahora es una adicta al sexo anal y su culito recóndito bien paradito me invita cada vez que puedo estar ahí adentro.
