Melificación, el proceso de disolver un cuerpo humano en miel para obtener un fármaco

akazeronez

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13 Feb 2011
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Santiago Villa olimpica
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medicina tradicional en Asia y Oriente Medio está trufada de remedios milagrosos basados en productos que, en realidad, carecen de la más mínima propiedad curativa.

Son muy conocidos casos como la falsa facultad afrodisíaca del cuerno de rinoceronte o el uso de huesos de tigre, en ambos casos poniendo en peligro de extinción las respectivas especies, pero a buen seguro el fármaco más inaudito y sorprendente era uno que se obtenía tras disolver un cuerpo humano en miel, en un proceso conocido como
melificación.
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Estatua de Li Shizen en Pekín
Puesto que nunca se ha encontrado un medicamento así y ya no se practica, si es que alguna vez esto traspasó el umbral de la leyenda para entrar en el de la realidad, hay que acudir a las fuentes documentales que se conservan al respecto.

La más importante es una obra titulada Bencao gangmu, escrita por un farmacólogo chino del siglo XVI llamado Li Shizen, también conocido como Dongbi. Era un prestigioso herborista, experto también en acupuntura, que se convirtió en un veterano de la medicina ambulante después de fracasar en su intento de entrar como funcionario imperial.

Paradójicamente, esa profesión de circunstancias terminó por abrirle las puertas del ascenso social, gracias a que trató y curó al príncipe Chu. Su labor investigadora le llevó a escribir una docena de libros médicos, pero el que realmente le dio fama fue el citado Bencao gangmu, popularmente traducido como Compendio de materia médica.

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Una copia del Bencao Gangmu
En él trata de múltiples facetas, desde la herboristería a la farmacología, pasando por técnicas sanatorias, enfermedades, animales, minerales, conceptos filosóficos e ilustraciones diversas. Li Shizen empleó veintisiete años en terminarlo y, de hecho, no llegó a verlo publicado.

De esa obra se conservan cinco ejemplares originales, lo que nos permite saber que el autor recopilaba paladas de cal junto a otras de arena; así, identificó los cálculos biliares, sabía tomar el pulso, aplicaba hielo para bajar la fiebre y usaba vapor para intentar desinfectar ambientes, pero también creía que el plomo no era tóxico, por ejemplo.

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En cualquier caso, lo importante para lo que nos ocupa es que el Bencao gangmu, en un capítulo dedicado a las momias, registra el dato de que en Arabia se empleaba la técnica de la melificación.

La fuente de información de Li Shizen no era de primera mano, así que él mismo admitía no saber si la historia era cierta o no pero que la reseñaba para que los sabios decidieran. Y es que citaba una referencia de otra obra china, el Chogeng Lu (algo así como Habla mientras el arado descansa), del erudito Yuan Tao Zongyi (también conocido como Tao Jiucheng). Este autor, dos siglos anterior, narraba que algunos ancianos árabes cercanos a la muerte aceptaban someterse a ese tratamiento para ser útiles tras su fallecimiento.

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No era para curarse, pues. Lo verdaderamente curioso está en que el sujeto debía empezar el proceso antes de morir, abandonando la comida normal para alimentarse exclusivamente de miel y bañándose también en ella a diario. Con ello se conseguiría que el paciente asimilara el producto tan intensamente que al cabo de un tiempo su sudor e incluso sus heces serían miel, básicamente. Llegaría entonces el óbito, bien por las deficiencias nutricionales, bien por la edad, y se pasaría a una segunda fase.

En ésta, el cadáver se metería en un sarcófago lleno de miel, con la fecha debidamente consignada, donde permanecería aproximadamente un siglo. Los restos humanos consecuentes de la putrefacción se mezclarían con la miel formando una sustancia que al cabo de ese tiempo y previo filtrado, constituiría el ingrediente principal de un poderoso fármaco capaz de curar heridas, fracturas y otras dolencias traumáticas con una dosis muy pequeña. Por lógica, dada la dificultad y complejidad del proceso, no se trataría de un medicamento barato.

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La melificación humana, mencionada a veces como hombre de miel, es un supuesto proceso realizado en la Antigüedad con el fin de obtener una sustancia medicinal resultante de la disolución de un cadáver humano en miel. Este proceso es mencionado en fuentes chinas como el Bencao gangmu del farmacólogo Li Shizhen,1 donde se narra que en Arabia algunos ancianos que se encontraban cerca de la muerte se sometían a este proceso de «momificación en miel».
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Este proceso difiere de una simple donación, pues está presente la connotación de autosacrificio. El proceso de melificación debería empezar antes de la muerte. El «donante» dejaba de ingerir todo alimento que no fuese miel, llegando incluso a bañarse en la sustancia. Poco después, sus heces (e incluso su sudor, de acuerdo con la leyenda) consistirían en miel. Cuando esta dieta resultaba fatal, el cuerpo del donante sería depositado en un profundo sarcófago de piedra, sumergido en miel. Después de algo más de un siglo, el cadáver se habría disuelto en la miel, produciendo una especie de sustancia medicinal capaz de curar un gran número de enfermedades. Este preparado sería destinado a venderse en mercadillos a alto precio.
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