Mi amiga la secretaria parte 2.

Andres_666

Usuario Nuevo nvl. 1
19 Oct 2024
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Chile
Al paso de los días, seguimos con la misma dinámica. Nos provocábamos por correo, intercambiando fotos y mensajes cada vez más atrevidos. La tensión entre nosotros iba creciendo y, cada vez que teníamos la oportunidad de encontrarnos a solas, parecía que las ganas eran más fuertes que antes.

Uno de esos días, cuando bajamos al piso -1, ambos estábamos, andábamos más calientes de normal. Apenas estuvimos a solas, ella tomó la iniciativa, acercándose a mí con una mirada que lo decía todo. Entre besos, caricias y miradas cómplices, la situación fue subiendo de intensidad. Ella me tiro para atrás bajo mi pantalón con bóxer y todo, comenzando a chupar todo el pene, le pasaba toda la lengua y lo ponía en su cara

Se desabrochó lentamente los botones de la blusa y me miró con una sonrisa traviesa, mostrándome su sostén blanco con sus pezones que salían, se veían duritos, Después, se acercó a mi oído y me susurró algo que me dejó sin palabras “quiero ese pico en mi conchita”. Era evidente que los dos llevábamos tiempo esperando ese momento, pusimos ese calzón para el lado y comencé a tocar esa conchita, se sentía muy mojadita, me acerque y le chupe esa conchita, metiendo la lengua mmmm se sentía muy rica.

Nos dejamos llevar por la pasión, olvidándonos por unos instantes del lugar y del tiempo. Sus miradas, sus gestos y la manera en que se acercaba a mí hacían que cada segundo se sintiera más intenso. , me puse de pie, la puse frente a un escritorio le abrí las piernas y la comencé a ciliar duro, gemía muy sensual, moviéndose muy rico, la agarre del pelo y le daba más duro, después la puse mirándome, mientras la penetraba de frente me acerque y me comía sus tetas, están muy ricas, duritos esos pezones, después me puse en la silla, se sentó de frente a mí, que ricos esos sentones, cuando fui a acabar ella puso su boca y tetas, quedo llenita de leche, se la tomo toda.

Entre besos y caricias, la complicidad que habíamos construido a través de nuestros mensajes se convirtió en algo mucho más cercano. Ya no eran solamente palabras escritas en un correo; ahora estábamos frente a frente, compartiendo un secreto que parecía hacerse cada vez más difícil de controlar.

Al terminar, nos quedamos mirándonos, todavía con esa sonrisa cómplice que había acompañado tantos de nuestros encuentros. Ella se acercó y me dijo, en tono juguetón, que entre nosotros aquello no había terminado.

Y así, entre mensajes, encuentros furtivos y una atracción que seguía creciendo, nuestra historia continuaba sumando nuevos capítulos.
 
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