Hola, mi nombre es Andrés y quiero contarles una experiencia que viví con una compañera de trabajo.
Ella era la secretaria de la empresa. Tenía la piel morena, los ojos cafés y el pelo negro. Desde el primer momento me llamó la atención y, cada vez que la veía, no podía evitar mirarla.
Todo comenzó cuando me envió un correo electrónico pidiéndome ayuda para solucionar un problema con su computador. A partir de ese momento, empezamos a comunicarnos con más frecuencia por correo, hasta que nuestras conversaciones comenzaron a adquirir un tono más personal. Poco a poco, ella empezó a enviarme fotografías suyas con poses sugerentes.
Un día le comenté que no estaba en mi oficina habitual, sino en el piso -1. Para mi sorpresa, decidió bajar a verme. Cuando llegó, se acercó mucho a mí y me saludó de una manera bastante provocadora poniendo sus tetas muy pegadas a mí. Después, me dijo que sintiera lo rápido que le latía el corazón, acercándose todavía más, pone mi mano en sus tetas. Antes de irse, me acarició el pene sobre mí pantalón, dejándome claro que entre nosotros estaba pasando algo más que una simple amistad de correo.
Pasaron algunos días hasta que volvió a escribirme. Esta vez, me dijo que tenía un regalo muy especial para mí y me envió una fotografía mostrando sus tetas. Finalmente, acordamos encontrarnos en aquella oficina del piso -1.
Cuando llegó, nos quedamos a solas. Lo que comenzó como un encuentro secreto pronto se convirtió en una experiencia íntima entre los dos. Ella tomó la iniciativa y empezó a acariciarme, mientras yo disfrutaba de su cercanía, me sienta en una silla y me baja los jeans y los boxer comienza a chupar mi pene, lo chupaba y lo escupía, ella esta vestida con unos jeans y una blusa con botones, los abre y me deja ver toda sus tetas, las pasa por el pene haciendo una rusa, me decía que quería ser mi putita, se puso de pie y puso sus tetas en mi boca, me comía sus pezones los chupaba y los mordía, ella con su mano me masturbaba pidiendo leche, se agacho y siguió chupando, yo le decía que quería comer esa conchita, me dijo no ahora yo te voy a llevar al cielo, me la chupo hasta que acabe en su boca, lo saco y salto leche hasta en sus tetas, ella me miraba y reía,. Ella me confesó que le resultaba especialmente excitante estar en aquel lugar, precisamente porque existía la posibilidad de que alguien pudiera descubrirnos.
Antes de despedirnos, me miró con una sonrisa y me dijo que aquello no sería la última vez. Incluso me insinuó que, en nuestro próximo encuentro, quería que fuéramos todavía más lejos, que quería mi pene en su conchita.
Desde entonces, aquella oficina del piso -1 dejó de ser para mí un lugar de trabajo cualquiera. Se había convertido en el escenario de una experiencia inesperada con una compañera que, hasta hacía poco, solo conocía por motivos laborales.
Ella era la secretaria de la empresa. Tenía la piel morena, los ojos cafés y el pelo negro. Desde el primer momento me llamó la atención y, cada vez que la veía, no podía evitar mirarla.
Todo comenzó cuando me envió un correo electrónico pidiéndome ayuda para solucionar un problema con su computador. A partir de ese momento, empezamos a comunicarnos con más frecuencia por correo, hasta que nuestras conversaciones comenzaron a adquirir un tono más personal. Poco a poco, ella empezó a enviarme fotografías suyas con poses sugerentes.
Un día le comenté que no estaba en mi oficina habitual, sino en el piso -1. Para mi sorpresa, decidió bajar a verme. Cuando llegó, se acercó mucho a mí y me saludó de una manera bastante provocadora poniendo sus tetas muy pegadas a mí. Después, me dijo que sintiera lo rápido que le latía el corazón, acercándose todavía más, pone mi mano en sus tetas. Antes de irse, me acarició el pene sobre mí pantalón, dejándome claro que entre nosotros estaba pasando algo más que una simple amistad de correo.
Pasaron algunos días hasta que volvió a escribirme. Esta vez, me dijo que tenía un regalo muy especial para mí y me envió una fotografía mostrando sus tetas. Finalmente, acordamos encontrarnos en aquella oficina del piso -1.
Cuando llegó, nos quedamos a solas. Lo que comenzó como un encuentro secreto pronto se convirtió en una experiencia íntima entre los dos. Ella tomó la iniciativa y empezó a acariciarme, mientras yo disfrutaba de su cercanía, me sienta en una silla y me baja los jeans y los boxer comienza a chupar mi pene, lo chupaba y lo escupía, ella esta vestida con unos jeans y una blusa con botones, los abre y me deja ver toda sus tetas, las pasa por el pene haciendo una rusa, me decía que quería ser mi putita, se puso de pie y puso sus tetas en mi boca, me comía sus pezones los chupaba y los mordía, ella con su mano me masturbaba pidiendo leche, se agacho y siguió chupando, yo le decía que quería comer esa conchita, me dijo no ahora yo te voy a llevar al cielo, me la chupo hasta que acabe en su boca, lo saco y salto leche hasta en sus tetas, ella me miraba y reía,. Ella me confesó que le resultaba especialmente excitante estar en aquel lugar, precisamente porque existía la posibilidad de que alguien pudiera descubrirnos.
Antes de despedirnos, me miró con una sonrisa y me dijo que aquello no sería la última vez. Incluso me insinuó que, en nuestro próximo encuentro, quería que fuéramos todavía más lejos, que quería mi pene en su conchita.
Desde entonces, aquella oficina del piso -1 dejó de ser para mí un lugar de trabajo cualquiera. Se había convertido en el escenario de una experiencia inesperada con una compañera que, hasta hacía poco, solo conocía por motivos laborales.