Mi conquista de Buin, (parte V) arrancándome de la oficina

Palomoo

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5 Ene 2020
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Puerto Varas
Historia recién sacada del horno.

Ayer lunes tuve que ir a mi oficina de manera presencial, le había comentado previamente a Paulina que tendría una reunión muy importante en la mañana y que después tendría solo acto de presencia.

Sabiendo esto, opté por irme en Metrotren a Santiago, ya que es más rápido que viajar en auto, así que me movilizaría en metro y uber en Stgo.

Dicho esto, tuve la reunión a primera hora y a eso de las 11 le dije por whatsapp a Paulina que estaba ya más libre y no hallaba la hora de irme, ya que habiamos quedado en vernos en la tarde, hasta que a las 1pm por sorpresa me llega un mensaje de ella con una foto.

“Gabriel, estoy en el metro Tobalaba, pasemos la tarde juntos?”

Sin mediar palabras, pedí un Uber a esa estación de metro y me despedí de mi personal, diciendo que tenía una urgencia personal. Y pasaron 20 minutos para llegar a ese punto de encuentro y al verla, nos abrazamos y besamos como 2 pololos enamorados y tomamos el metro rumbo a estación central para tomar el metrotren a casa (yo pensaba en ir a mi casa o a la suya) y de pronto me dice:

—Bajémonos aquí .

—Aquí?

Íbamos en el metro Santa Lucía.

—Vine a Santiago, ya que no aguanto las ganas de que me hagas mierda —respondió sin mirarme, con la voz baja, en el metro.

No hubo más palabras.

Bajamos del metro y salimos de la estación. Ella vestía jeans y llevaba un poleron de polar (de esos peludos) y en la esquina de Santa Rosa con Alameda (mientras esperábamos el semáforo) me dice:

—Ando sin ropa interior

Cambio el semáforo y caminamos de la mano raudos y yo ni siquiera la miraba. Ambos sabíamos a lo que ibamos, así que nos desviamos por San Francisco y entramos a un motel de ese lugar, reservamos una habitación normal y entramos.

Apenas cerré la puerta de la habitación, me quitó la chaqueta y se arrodilló frente a mí sin decir nada. Abrió el cierre del pantalón, sacó mi pene que ya estaba duro y empezó a lamerlo con una suavidad que contrastaba con su mirada. Su lengua jugaba con la punta, sus labios se cerraban lento y me miraba mientras lo hacía. Me sujetaba los muslos con fuerza mientras movía su boca, empapándolo todo con su saliva caliente. Yo no podía aguantar más, así que la levanté de un tirón, la giré para ponerla frente a mi y la empujé contra la cama. Como sabiendo que venía se desabrochó el jeans y se lo tiré para abajo y efectivamente no llevaba calzones.

—Venías así desde Buin, ¿cierto? —le susurré al oído mientras deslizaba mis dedos entre sus labios mojados.

—Y sin sostén—. Abrió su poleron, llevaba una polera y sus pezones se marcaban. Me bajé los pantalones hasta las rodillas, la sujeté de las caderas y la penetré de una sola embestida, empujándola contra la cama. Gritó, pero no de dolor, sino de placer. Y la seguí follando con fuerza, sin pausas, sin suavidad. La sujeté del cuello, del pelo, de las caderas. Paulina arqueaba la espalda, abría más las piernas y me rogaba por más. Su cuerpo respondía con movimientos rápidos, agitados, y sus gemidos llenaban la pieza.

La llevé al borde de la cama, la desnudé y la empujé sobre el colchón. Dejando su cuerpo desnudo frente a mí, entonces le abrí las piernas y me arrodillé entre ellas, lamiéndola con desesperación, sintiendo su humedad chorrear en mi boca.

Ella se retorcía, se mordía la mano para no gritar demasiado fuerte. Pero cuando metí dos dedos dentro mientras la lamía, su cuerpo explotó en un orgasmo tembloroso, brutal, mojado.

Tras disfrutar de ese orgasmo, caímos rendidos sobre la cama, agotados, sudados, con la piel húmeda y caliente en medio del frío invernal de Santiago. Y me dice:

—Por esto, no podía esperar hasta la tarde.

—Y pensar que apenas nos tocamos—le respondí.

Tras ese orgasmo, nos quedamos abrazados en la cama. Solo respirábamos y sentía mi corazón galopando en el pecho. El cuerpo de Paulina estaba húmedo, desnudo y recostado sobre mí, con su cabello desordenado pegado en mi pecho. Pasaron unos 15minutos (quizás menos o más...), hasta que se levanta y se va a la ducha

—Ven —susurró de pronto, levantándose con ese ritmo lento y felino—. No quiero salir de aquí goteando tu semen. Vamos a la ducha… pero no para limpiarme.

Se dirigió desnuda hacia el baño de la pieza, puso la ducha y en seguida empezó a empañarse el vidrio de la mampara y empezó a pasar el cabezal de la ducha por su cuerpo y jugaba con sus tetas. En eso me hace unas señas y yo me dirigí completamente hipnotizado por sus movimientos, de pronto deja el mando de la ducha a un costado y me dice:

—¿Ves esto? — abriendo las piernas y dejándome ver cómo un pequeño hilo de semen escurría de su interior

—. No quiero que se vaya por el desagüe sin más. Quiero que me lo saques con la lengua.

Y me arrodillé y ahí en la tina, le abrí las piernas con mis manos y hundí la cara sobre su vagina y senti su humedad con sabor a sexo y humedad. Y mientras disfrutaba, ella jadeaba, se retorcía, con una mano presionaba mi cara contra su conchita y la otra se apoyaba en la pared, mientras yo lamía hasta lo más profundo, lento al principio, luego más rápido, mientras mis dedos le masajeaban el clítoris.

—Sácamelo todo. Trágatelo. No dejes nada —me decía con voz caliente.

Y en eso, llegó su segundo orgasmo, ya que dio un grito mientras sus piernas casi no la sostenían. Me puse de pie para sujetarla, nos besamos, la sujeté para que no cayera y mientras aún temblaba, la giré para que quedara de frente. Tomé el mando de la ducha, lo apoye en la parte alta de la ducha y di el agua para que nos mojara, mientras nos besábamos. Estábamos completamente empapados y yo ya estaba de nuevo completamente erecto.

Después del beso, me tomó la mano y se llevó mi dedo índice a la boca. Lo chupó lento, profundo, como si fuera mi pene. Luego me miró directamente y se arrodilló en el suelo de la ducha, con el agua tibia cayendo sobre su espalda.

—Ahora te toca a ti —dijo con una sonrisa perversa.

Volvió a mamarla como antes, pero esta vez con más saliva, con más intensidad. Su lengua giraba alrededor de mi pene, bajaba a mis testículos, volvía a subir. Me miraba con los ojos brillantes, húmedos, oscuros. Luego se levantó de golpe y se montó sobre mí, contra la pared. Y la penetré de una sola vez, sin preguntar. Me apretó los hombros, se sostuvo en mis caderas y empezó a moverse, despacio al principio, luego más rápido. El agua caía sobre nuestros cuerpos entrechocando. Todo era mojado, caliente, salvaje.

La abracé fuerte, la levanté unos centímetros y comencé a embestirla fuerte. Con el trasero contra la cerámica y su espalda chocando contra la pared, Paulina gritaba, se mordía el labio, me decía que la llenara de nuevo, que no parara, que la cogiera como si fuese la última vez.

Y así lo hice, ya que acabé otra vez dentro, con un gemido profundo, largo, aferrado a su cuerpo mojado, mientras su cabeza descansaba en mi hombro y su cuerpo aún se estremecía.

La ducha seguía corriendo. El agua caliente no nos mojaba, si no que acrecentaba las ganas de más y más… así que nos detuvimos un rato, nos bañamos mutuamente con el jabón líquido de la ducha y optamos por salir de la ducha e ir a la cama.

Salimos de la ducha con el cuerpo mojado, nos secamos en el borde de esta y con el cuerpo aún húmedo y caliente nos tiramos en la cama, en donde nos entregamos a los besos y abrazos.

Pasaron unos minutos, nos metimos bajo las sábanas y empezamos a tocarnos, en donde mi pene volvió a estar duro en poco y me dice.

—Quiero que me pongas un plug. Y que me vendes los ojos. Esta vez no quiero ver nada. Solo sentir.

Sin decir nada, se levantó desnuda y caminó hasta su cartera. Desde ahí sacó el pequeño estuche negro donde guardaba sus juguetes. Lo abrió, sacó un plug rosa metálico, (el mismo que habíamos usado una tarde en el auto) un envase de lubricante y una venda. De reojo vi que tenía un vibrador. Y estas cosas me las entrega, dejando el estuche a un costado de nosotros.

—Hazlo tú. Y hazlo lento.

Se subió a la cama en cuatro, de espaldas a mí, con el culo redondo y brillante por el sudor y el sexo. Colocó su espalda arqueada, sentía su respiración agitada. Me arrodillé detrás, le abrí los cachetes con las manos y escupí suavemente. Ella tembló al primer contacto de mi lengua en su culo. Le di un par de lamidas lentas, circulares, hasta sentir su cuerpo derretirse otra vez. Después tomé el lubricante del estuche y cubrí el plug con generosidad.

—Relájate… —le susurré, y ella asintió.

Presioné suave con la punta, y ella se estremeció.

—Más… ponlo todo, amor.

Empujé con cuidado, girándolo apenas, hasta que el plug se deslizó por completo dentro de ella. Su ano lo tragó como si lo deseara hace días. Paulina soltó un suspiro profundo, cargado de morbo.

—Ahora véndame… quiero que me uses.

Y sin decir nada, le cubrí los ojos. Ella sonrió al sentirse entregada al placer.

—Haz lo que quieras… no me avises. Solo fóllame como tú sabes.

Quedó a mi merced. Ciega y desnuda. Así que la tumbé boca arriba con el plug todavía brillando entre sus nalgas. Le abrí las piernas lentamente y pasé mi lengua por todo su sexo. Estaba mojada como nunca, ya llegaba a gotear. Y notaba que con el plug se excitaba aún más. Sus manos agarraban las sábanas como si esperara algo intenso, violento, impredecible.

Tomé el vibrador pequeño que tenía en el estuche y lo puse sobre su clítoris. Lo encendí al mínimo. Paulina se retorció.

—Oh… mierda…

Fui subiendo la intensidad. Uno. Dos. Tres. Cuatro. En el quinto nivel ya gritaba. Y yo solo colocaba la punta del vibrador en ella, junto a mi aliento caliente. Cuando vi que estaba por explotar, lo apagué.

—¡No! —dijo, frustrada, entre jadeos.

—Todavía no… —le dije al oído.

Subí sobre ella, le abrí más las piernas y le metí solo la punta de mi pene. La dejé allí, sin moverme. Su cuerpo temblaba de ansiedad. Y la empecé a penetrar lento, muy lento, mientras con una mano giraba el plug suavemente y con la otra apretaba el vibrador contra su clítoris.

—¡No, no, no! ¡Me voy a venir! —gritó.

—Vente, entonces…

Y explotó en un squirt abundante, su cuerpo entero le tembló. Se arqueó, se le doblaron los dedos de los pies, sus piernas temblaban como si estuviera convulsionando de placer. La seguí follando mientras disfrutaba del orgasmo. Le saqué el plug lentamente y lo lamí frente a ella, aunque no pudiera verlo. Se lo dije:

—Me tragué lo que sacaste de ti… estás exquisita.

Volví a penetrarla sin pausa. Esta vez sin juegos. La penetré hasta que mi cuerpo no dio más. Y me vine adentro de ella, otra vez.

Quedamos tirados en la cama, yo sobre ella, pero ella estaba llena de sudor, semen, saliva y gemidos ahogados.

Le quité la venda y la besé.

—Ya no eres solo mía —le dije—. Eres mi adicción.

—Entonces como soy tu adicción y no pares nunca de consumirme.
 
grande crack! caliente relato!!
falto mandarselo a guardar por el chico al final...
se agradece el aporte y esperamos mas de la conquista de buin
 
Saludos no se si es la misma Paulina, pero tuve una ex de Santiago y se dió todo me cumplió el sueño del pibe saludos