Mi conquista de Buin (parte V) después de un carrete en plena calle en una población

Palomoo

Usuario Habitual nvl.3 ★
5 Ene 2020
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Puerto Varas
Encuentro de abril de este año. Como mis relatos anteriores, fueron bastantes largos, espero ahora ser más breve.

Con mi polola Paulina habiamos ido a un cumpleaños de un amigo en La Reina un dia viernes en la tarde noche. Partimos de Buin en mi auto para Santiago. Eran las 20hrs cuando pasé por Paulina, en donde vestia un jeans, polera y chaqueta negra y al subir andaba con una bolsa pequeña que dejó en los asientos traseros del auto, bolsa la cual me olvide de su existencia.

Fuimos al cumpleaños, el carrete ya estaba poniéndose fome y con Paulina nos dabamos con miradas calientes, así que a las 2am nos despedimos de los que quedaban en el carrete y nos fuimos. Bajamos por Bilbao unas pocas cuadras y me dice que ingrese a una calle sin transito y algo oscura, Al ingresar me dice que detenga el auto que quiere ponerse cómoda (pensaba que se iba a quitar la chaqueta, la cual se la quita, pero con un agil movimiento toma del asiento trasero la bolsa, entonces se quita la polera, quedando en sostenes y luego se lo quita quedando en topless y luego corre el asiento para atrás, pone sus pies en la consola del copiloto del auto, levanta sus piernas y con agilidad se quita el jeans y se pone una minifalda de cuero negra y se pone una polera de tirantes roja y me dice:

–Soy tu puta... y quiero hacer algo arriesgado.

Bajé por Bilbao y luego por Vespucio al sur. Había muy poco transito, por lo cual andaba bastante rápido, hasta que llegamos a la entrada de la autopista (av. Grecia) y me dice:

–Anda por la caletera.

Asi que me fui por un costado de la autopista, hasta llegar a la rotonda Quilin, en donde me dice:

–Ahora devuélvete por la rotonda

Le hice caso, eran casi las 2:30 de la madrugada cuando iba por el mall Quilin al nortte.

–Ahora dobla y metete por esas calles.

Le bajé el volumen a la radio y empecé a manejar lento, por calles con casas con rejas altas, luces de los postes bastante débiles, veía la mayoría de las luces de las ventanas apagadas. Se escuchaba un poco de regueton a la distancia, pero no veía a nadie en la calle, hasta que llegamos al costado de una multicancha y al lado una plaza.

–Aqui.

Estacioné el auto y con mucha tranquilidad, me dice:

–Estoy hirviendo bajo la ropa.

Paulina me miró sin una gota de miedo, sus piernas estaban frías, pero temblaban por otra razón.

—Vamos —me dijo, bajando del auto sin esperar respuesta—. Me quiero venir con el sabor de esta noche en la boca. Y con la piel sucia de esta calle.

La seguí, cruzando viendo blocks de departamentos viejos, rayados, con grafitis. El concreto húmedo olía a tierra, a orina seca, y caminamos hasta llegar a una banca al costado de un árbol

—Aquí mismo, métemela con todo. Fóllame como si me odiaras y como si esta fuera la última noche de nuestras vidas.

No respondí y ella se extendió de espalda en la banca, subió su falda, corrió su calzón y separó las piernas. Yo le bajé la polera y me encontré con sus tetas desnudas, marcadas por el frío, los pezones duros como piedra. Se las chupé con fuerza, una, luego la otra, mientras mis dedos bajaban y sentían lo mojada que ya estaba.

—Chúpame las tetas… pero fóllame ya —susurró jadeando—. No me hagas esperar más.

Me bajé el pantalón, la tomé con ambas manos de la cintura y le clavé la punta de mi pene justo en la entrada de su vagina. Al penetrar un poco más la sentía caliente, palpitante. Ella jadeó fuerte, el sonido se perdió entre los ladridos lejanos de un perro.

—¡Métela! ¡Toda! —gritó con rabia—. ¡Hazme mierda aquí mismo!

Y lo hice. Le metí el pene entero de una sola embestida, haciendo que su cuerpo se sacudiera contra la banca de cemento y empecé a moverme con ritmo brutal. Cada embestida la empujaba más contra la banca y Paulina gemía con la boca abierta y sus tetas se balanceaban al tiempo que sus muslos se salpicaban con su propia humedad.

—¡Conchetumadre, así, así, así mismo! —gemía—. ¡No pares! ¡No pares, mierda!

La tomé del cuello con una mano, suave pero firme. La sujete hacia atrás, la obligué a mirarme mientras seguía entrando y saliendo. Y sus ojos brillaban, rojos, desbordados.

—Eres mi puta, ¿cierto?

—Sí… sí… tuya… solo tuya —balbuceó, jadeando—. Córrete dentro. Hazme tuya en esta plaza culia.

Le agarré el pelo, la forcé a doblarse aún más, y la embestí con fuerza, sin freno, como un animal. Sentía cómo su cuerpo se abría más con cada golpe de cadera. El sonido de nuestras pieles chocando rebotaba entre los muros, ella empezó a convulsionar, hasta lanzar un gemido y se vino con fuerza, temblando, con las piernas doblándosele, los labios completamente mojados y sus fluidos chorreando por sus muslos.

—¡Me vine… me vine… conchetumadre! —jadeó .

Y entonces me vio el pene erecto, así que se acomoda de rodillas sobre el suelo y empieza a chuparlo fuerte, hasta que también me corrí. Le apreté la cabeza con las dos manos y la empujé con todo. Le descargué el toda mi leche adentro de su boca. Mi semen se mezcló con su saliva y algunas gotas cayeron al suelo, deslizándose por sus tetas.

Se levanto, dejó caer mi leche por sus tetas y ella estaba con su falda en la cintura y nos quedamos ahí, abrazados en silencio. Ella andaba con el pelo en la cara, su maquillaje corrido, sus tetas y culo al aire y yo con el pene húmedo, el pantalón en las rodillas y con el cuerpo empapado en sudor.

En eso un auto pasó al costado de mi auto, pero no se detuvo y Paulina se limpió con su polera el rostro y para mi sorpresa, se agacha y que quita su ropa interior y la dejó en la banca en que follamos y me dece:

—No quiero volver a ser la misma después de esto —susurró.

—Después de esto, no vas a poder —le respondí.

Volvimos al auto caminando lento, callados, desordenados y sucios. Habíamos follado en plena población Lo Hermida.
 
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Reacciones: Bruenor.77 y criss10
polola? miraaa te enganchaste rapido...
rica cacha al aire libre... peligrosa pero rica!!

se agradece el aporte maestro!