Mi conquista de Buin (parte VII) disfrutando el dia del niño

Palomoo

Usuario Habitual nvl.3 ★
5 Ene 2020
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Puerto Varas
Era domingo, día del niño y sin panoramas, así que me había mentalizado en ordenar mi casa, hacer un poco el aseo, limpiar el auto y descansar… hasta que a eso de las 12, me llega un mensaje de Paulina diciéndome que nos viéramos, que podríamos almorzar en Buin y luego recorrer alrededores. Así que sin más, limpié rápidamente el auto, me duché y a las 13:30 pasé a buscar a Paulina a su casa. Ella vestía jeans ajustados que realzaban el contorno de su culo y una blusa negra suelta que no podía disimular la tensión de sus pezones bajo el sostén.

Al vernos, nos saludamos y fuimos a la plaza de Buin, dimos una vuelta alrededor de esta para ver unos expositores de artesanías, fuimos a almorzar y al terminar (tipo 15:30) tomamos la Ruta 5 Sur hacia el norte y al salir por el camino a Calera de Tango, el ambiente empezó a cambiar apareciendo parcelas, casas bajas, huertos. Mientras tanto Paulina iba con su mano en mi muslo, presionando y subiendo muy lentamente hacia mi entrepierna, como midiendo cuánto podía provocarme sin distraerme del volante. Su mirada era descarada y de vez en cuando mordía su labio inferior, ese gesto que sé que hace adrede para encenderme.

Y yo seguía manejando y entramos a Peñaflor y un poco antes de llegar al centro, Paulina me dice:

-Hagamos un desvío, pasemos por esta villa antigua.

Al andar el paisaje se veía tranquilo, típicas casas antiguas, se notaba que era domingo, ya que casi nadie andaba por las calles y sin decir nada detuve el auto bajo un árbol frondoso que proyectaba una sombra espesa sobre el auto.

Apenas detuve el motor, Paulina se inclinó hacia mí y me besó. No fue un beso suave, sino húmedo, hambriento, con su lengua rozando la mía como si quisiera devorarme. Mis manos se deslizaron bajo su blusa y sentí su piel caliente y sintiendo el sostén sumamente delgado que marcaba sus pezones, así que con mis dedos bajé la copa de este y los dejé libres del sostén, Ella, sin dejar de besarme, desabrochó su cinturón, se bajo con rapidez su jeans y estando solo en tanga, se subió sobre mí, quedando con una pierna a cada lado mío. Desde esa posición, pude sentir claramente el calor de su sexo sobre mi pantalón, ya húmedo incluso a través de la tela.

Me bajé el cierre de mis jeans y me los bajé un poco con un movimiento rápido, quedando mi pene con un gran bulto y su vagina frente a frente, solo separados por la tela de la ropa interior. Entonces mis dedos encontraron el borde de su ropa interior que estaba empapada. Se movía sobre mí en pequeños círculos, presionando su clítoris contra el bulto que crecía entre mis piernas. Afuera, sentía el sonido de una pelota golpeando el pavimento a lo lejos junto a algunas voces de niños que hacían todo más intenso. Ella jadeaba bajo, mordiéndose el labio para no gemir fuerte.

Cuando la penetré ahí mismo, fue con urgencia, ya que ella se dejó caer sobre mí. La sensación de entrar en su calor, tan estrecho y húmedo, me hizo gruñir bajo. Se movía en un vaivén lento al principio, mirándome a los ojos, apretando mis hombros y luego aceleró el ritmo y su respiración se cortaba en pequeños gemidos. Yo la sujetaba de las caderas, sintiendo cómo sus músculos internos se tensaban y liberaban en cada embestida.

Estuvo un par de minutos asi sobre mi, hasta que paramos antes de corrernos, con intención de seguir luego, así que Paulina volvió a su asiento, acomodándose con las mejillas encendidas y salimos de la población, no sin antes ordenar nuestros pantalones, y tomamos rumbo hacia el Parque El Trapiche, al cual entramos (alrededor de las 17hrs) y vimos que al ser día del niño estaba sumamente lleno, así que estacioné el auto al final de la entrada y al costado de una cancha y nos bajamos.

Al pasear por el parque confirmamos mi sospecha y vimos que efectivamente habían muchas personas esparcidas por todo el parque. Caminábamos por el parque y veía que Paulina andaba con sus pezones fuera del sostén, así que en mientras caminabamos, trataba de ir rozando su cuerpo y sentia sus pezones como piedra bajo su blusa, asi que luego de esas vueltas en el parque y después de cerca de media hora volvimos al auto y antes de poner en marcha el auto me dice:

-Vine con la idea de sentir cosas ricas y no me iré sin al menos saborearte

Empieza a desabotonarse la blusa y al verla en sostenes (que era prácticamente transparente) mi pene se endureció de inmediato

-Corre un poco el asiento

Con agilidad se acomoda de rodillas acerca su boca a mi pene Alli me levanto del asiento para bajar los jeans con boxer y empieza con un oral muy rico

-No te vayas a correr

Y así estuvo unos minutos chupando mi pene, hasta que paró y me dice

-Quiero que me lo metas, estar aquí me tiene caliente, pero quiero gritar tranquila.

-Ya sé dónde podríamos ir

Nos acomodamos, me subí el pantalón y ella se quita la blusa y luego se desabrocha el sostén para quitárselo y vuelve a ponerse la blusa (ahora sin sostén), pero desabotonada.

Allí ya listos para partir, puse en marcha el auto y salimos del parque y empezamos a andar rumbo a Padre Hurtado. Ya eran cerca de las 6 de la tarde y encontramos un camino solitario, bordeado de árboles y pastizales altos y sin pensarlo mucho, me detuve a un lado, lejos de cualquier casa o transeúnte. El lugar ofrecía silencio profundo y canto de pájaros a lo lejos.

Nos bajamos del auto, abrimos la puerta de atras del lado del copiloto, Paulina se levanto la blusa y estando en topless, inclinó su cuerpo dentro del auto, puso sus manos sobre los asientos traseros, mostrándome su espalda desnuda y sus caderas. Le bajé los jeans y la ropa interior de un solo tirón, dejando su cuerpo listo para mí. Yo me bajé los jeans, mi pene estaba muy duro, la acomodé en cuatro, apoyando su torso sobre el asiento y sus pies en la tierra y la penetré de pie, con una mano firme en su cintura y la otra apretando su cabello, inclinándola hacia mi. El ritmo fue intenso desde el inicio, sintiendo un sonido húmedo en cada embestida, mientras le sacaba gemidos ya sin control.

Al penetrarla la hacía inclinarse más, pegando su pecho al asiento y luego la tomaba por la cintura para estrellarla contra mí. Mis dedos buscaban su clítoris, frotándolo mientras mi pene entraba y salía de ella, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba y liberaba sintiendo placer.

Cuando sentí que ya estaba al borde, dejé de penetrarla, le pedí que se pusiera de rodillas y de inmediado se arrodilló en la tierra y tomó mi erección con una mano firme. Me miró a los ojos y empezó a chupar lentamente, recorriéndome con la lengua desde la base hasta la punta, succionando con fuerza. Sus labios se movían con precisión, y sus manos me acariciaban el abdomen y los muslos.

El contraste del aire fresco sobre mi piel y el calor húmedo de su boca era insoportable. Hasta que no pude más y me corrí profundamente en su boca, mientras ella tragaba todo sin apartar la vista de mí. Terminó relamiéndose los labios y sonriendo con esa expresión que mezcla satisfacción y picardía.

Nos quedamos así unos segundos, respirando agitados y Paulina se sube al auto para vestirse, se coloca el jeans sin su tanga y se pone la blusa, dejándola abierta y baja del auto con su tanga en la mano

-Siéntela, está mojada

-Si…

-Así me calientas… y ahora la dejaré aquí, para quien la vea, sepa que culeamos aquí.

Y camina unos pasos, colocándola sobre un alambre de púas de una valla para que no se perdiera y nos subimos al auto y para retomar el camino a Buin y sintiendo en el auto un olor impregnado de sexo.

Tras ese climax, ya iba oscureciendo y veía a Paulina relajada, con la mirada perdida por la ventana, pero yo sabía que todavía le quedaba energía para algo más. Así que pasamos por Buin sin detenernos y seguí directo hacia Alto Jahuel, como buscando un sitio perfecto, hasta que encontré un camino de tierra que se internaba entre viñedos y campos. Ahí, acompañado por la oscuridad del lugar detuve el auto.

Apagué el motor y las luces, quedando sumidos en un silencio profundo. Paulina me miró con esa mezcla de sorpresa y picardía, y sin decir nada se acercó para besarme. Su mano bajó directo a mi entrepierna, acariciando sobre el pantalón con fuerza creciente. Yo me incliné para susurrarle al oído:

—Quiero hacerlo afuera… aquí, en medio de la nada.

Ella sonrió, bajamos del auto, se quitó la blusa sin prisa y dejó su blusa dentro del auto. El aire casi nocturno (cerca de las 19.30hrs) era fresco, habia olor a tierra húmeda y hojas. Ella camino en topless unos pasos y la seguí, hasta que la tomé por la cintura, haciéndola girar hasta que su espalda quedó contra el vidrio del portamaletas del auto. Mis manos bajaron por su cintura, abriendo el botón de sus jeans y deslizando la tela hacia abajo. Ella ya estaba húmeda y al tocarla, sus caderas se arquearon hacia mí. La besé fuerte, y mientras nuestras lenguas se entrelazaban, bajé para chuparle los pezones, duros y sensibles, succionandolos mientras mis dedos jugaban con su clítoris. El ambiente nocturno amplificaba todo: el sonido de su respiración, el roce de nuestras ropas, incluso el eco lejano de un perro ladrando en la oscuridad.

Sin previo aviso, la giré y la hice apoyar las tetas en el vidrio. Sus jeans y ropa interior quedaron a la altura de las rodillas, dejando su trasero completamente expuesto a mi. Me bajé el pantalón y la penetré de golpe, arrancándole un gemido que se perdió en la noche. Mis embestidas eran rápidas y profundas, y cada vez que mi pelvis chocaba con ella, el sonido se mezclaba con su jadeo intenso.

Sus manos se contra el vidrio, su cuerpo se movía al compás del mío y yo podía sentir cómo sus músculos internos me apretaban con fuerza. Pasé una mano por debajo de ella para frotar su clítoris mientras seguía penetrándola y su cuerpo tembló, soltando un orgasmo que la dejó arqueada contra el auto.

No me detuve. La tomé del cabello, levantando su cabeza, y seguí hasta que sentí que me corria, hasta descargar toda mi leche en su vagina. Fue un orgasmo intenso y cuando habian pasado unos segundos dentro de Paulina, sali de ella y girándola de nuevo hacia mí, la hice arrodillarse en la tierra. Con sus labios alrededor de mi miembro, me limpio todo mi pene, succionando con fuerza y ritmo, mirándome a los ojos.

Y nos quedamos unos minutos así, bajo el cielo abierto y semi desnudos, recuperando el aliento, con el aroma de sexo y tierra mezclándose en el aire. Luego nos vestimos, subimos al auto y retomamos el camino hacia Buin, con la certeza de repetir pronto lo vivido en esa jornada.
 
grande palomo!!
como siempre entretenido relato y bien escrito!!
salvaje esta minita de buin... le gusta poco...

Se agradcee el aporte!