"Niña gato" por Jiss.

Tema en 'Rincon Literatura' iniciado por Trazó, 9 Nov 2021.

  1. Trazó

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    Hola gente, hace un buen rato que no entraba al portal y esta es mi primera publicación. Solo decir que en tiempos de cuarentena me entro el espíritu "escritor" y bueno, con un poco de ayuda de sueños pasados e imaginación creativa salieron unos textos que jamás pensé publicar, pero indagando el foro me di cuenta que hay personitas de esta red que están dispuestas a usar algo de su valioso tiempo para leer estos textos independientes y fue lo que me motivo a subirlo.
    De ante mano gracias por tu tiempo si decides leerlo y agregar que toda critica es bien recibida.

    -Jiss-


    Niña gato.


    Viajábamos en un microbús troncal con rumbo a lo que parecía ser una nueva junta de amigos en la ya clásica habitación del compañero Domingo, lugar al que le dimos el nombre de “Noiseroom” hace unos cuantos años atrás. En este lugar se frecuentaban reuniones de desvelo de fin de semana como ensayar con nuestra banda casi siempre acompañados por humeantes estupefacientes, escuchar música ruidosa, así como variada música del vasto YouTube, fumar un poco de finas hierbas, comer algo de comida chatarra y seguir fumeteando entre otras cosas. Era lo que periódicamente acontecía.
    Sentados como si de la playa o una banca del parque se tratase Antonio, Carla, Domingo y yo conversábamos en los asientos traseros del microbús escuchando música y bebiendo cerveza seguramente (Ya no recuerdo bien), pero hasta ese entonces éramos los únicos pasajeros en dicho transporte.

    Transcurridos unos quince o veinte minutos de recorrido sin pausas, el microbús se detuvo en un paradero muy solitario de las periferias de Cerro Navia. Al abrir sus puertas subió una extraña, aunque guapa joven con aspecto un tanto descuidado y un evidente estado de desorientación y parsimonia a la que en un principio no prestamos mayor atención. El microbús cerró sus puertas y retomó con lentitud el viaje. La chica avanzó por el pasillo ayudándose de los pasamanos con un andar algo tembloroso debido a la velocidad que comenzaba a tomar la máquina, pero en cosa de pocos segundos logró llegar al lugar en el que nos encontrábamos y por alguna razón se sentó a mi lado sin decir una sola palabra.
    Los chicos prosiguieron naturalmente con lo suyo, conversando y riendo ignorando la presencia de la nueva pasajera que extrañamente se sentó junto a nosotros. contrariamente yo tomé distancia de ellos y prestando atención al momento presente me vi ensimismado por un largo lapso del trayecto.

    Conforme avanzaba el tiempo mi mente más emocional idealizaba una especie de energía recíproca entre esta chica desconocida y yo. Pudo ser atracción, o tal vez mis pulsiones básicas (pasiones o deseos), posiblemente un poco de ambas, lo cierto es que para mi algo lo evidenciaba en el ambiente o tan solo fue mi imaginación fantasiosa de aquel momento.
    ¿La química le dicen? En fin.

    No se escuchó palabra alguna entre la chica y mi persona si no hasta tres paraderos antes de nuestro destino. Fue entonces cuando ella al parecer callo sumida en un profundo estado de sueño, ya que su cuerpo comenzó a caer sobre mí. Por unos segundos me paralizó el contacto físico con la chica que de pronto se desplomaba, naturalmente su cabeza descansó sobre mi hombro para proseguir con su apacible sueño que no parecía tener un pronto final.
    En mi mente, con la frecuente ansiedad de aquel entonces, pensaba:

    - “¿y ahora que hago, que le digo?, ¿la despierto?, ¡ya estamos llegando!, ¡no quiero interrumpir su sueño y que acabe así de pronto!”.

    Toda esta introversión en vista y llegada del penúltimo paradero. No me quedó más alternativa que sacar la voz y al mismo tiempo de darle unos pequeños golpecitos en su hombro decirle:

    - ¡Oye amiga, despierta, vamos! debo bajarme ahora y te vas a caer si me quito.

    Ella abrió lentamente sus párpados, dio un pequeño bostezo tapándose la boca con una de sus manos y de un salto se sentó recta mirando hacia el frente, se veía algo perdida, luego volteó su cara sonrojada y mirándome fijamente dijo con gran ímpetu:

    - ¡Ouch! perdón por eso, me siento un poco avergonzada, pero tenía mucho sueño y bueno, no logre mantenerme despierta al parecer. de verdad discúlpame.

    - No te preocupes, a cualquiera le puede pasar, no te avergüences, pero ten cuidado para la próxima, porque puedes encontrarte con alguien de malas intenciones y quien sabe.

    - Si, tienes razón, tendré más cautela. La verdad es que no suele pasarme esto, sabes, desde que me senté a tu lado por alguna razón tuve la intención de hablarte, pero no supe que decir y pues me quedé dormida al rato, lo siento. Mmm, oye, sin ser entrometida, me gustaría acompañarte un ratito si es posible para que hablemos. ¿Qué dices? Claro, si es que no estás muy ocupado.

    No alcancé si quiera a darle una respuesta cuando de pronto los chicos se levantaron de sus asientos, Carla presionó el timbre para solicitar la parada y Domingo, refiriéndose a nosotros dijo:

    - Vamos Nacho, lleva a tu nueva amiga, no hay problema, pero debemos bajarnos ahora o pasaremos de largo y tendremos que caminar más de la cuenta.

    Esperé a que la micro se detuviera, me levanté del asiento y le contesté finalmente a la chica:

    - ¡Bueno! acompáñanos, te cuento hacia dónde vamos durante el camino, no es muy lejos.

    La chica se sonrió y junto a los demás bajamos apenas el microbús abrió sus puertas. Una vez en el paradero, Antonio, Carla y Domingo comenzaron a caminar rápidamente en dirección a la “Noiseroom” sin cesar su conversación de si pasaban a comprar cervezas ahora o más tarde. La chica y yo nos quedamos unos cuantos metros atrás intentando alcanzar sus apresurados e incesantes pasos.
    Aún faltaban unas cuantas cuadras para llegar a casa de Domingo por lo que decidí hablarle a la chica para romper con el silencio y de esta forma hacer más amena la caminata restante, así fue como le pregunté:

    - Oye y a todo esto, ¿Cómo te llamas?

    - Buena pregunta. Me llamo Rocío, pero me dicen “Chío”. Y tú ¿Cómo te llamas?

    - Me gusta Chío, así le decíamos a una vieja amiga a la que no veo hace muchos años. Yo me llamo Ignacio, pero los chicos me dicen “Nacho” aunque siendo sincero no me agrada mucho que me llamen así, pero sé que es de cariño.

    - Bueno, un gusto Nacho, gracias por no molestarte con lo de hace rato y gracias de igual forma por dejarme acompañarte. La verdad es que conozco un poco estos lugares del centro de la ciudad ya que vive una de mis amigas no muy lejos de aquí. Y bueno ¿En que andan, hacia dónde van ahora?

    - ¿Conoces por aquí? Yo vengo muy seguido por el centro a casa de Domingo, el chico más alto quien nos habló en la micro. Nos conocemos hace ya varios años y nos juntamos de vez en cuando en nuestros tiempos libres a distraernos y ensayar en su habitación, ya que tenemos una banda de "música" ruidosa y bueno, justamente ahora vamos a pasar la tarde en su habitación junto a los demás chicos. Beber algo, conversar y escuchar música. Solo será una pequeña reunión de amigos. Por cierto, creo que tenemos su aprobación por si quieres acompañarnos, así podemos seguir hablando y conociéndonos si gustas.

    - ¿Una banda? Suena entretenido, me gustaría escucharlos, aunque no soy de escuchar música muy pesada la verdad, pero siempre es bueno conocer cosas nuevas y ampliar el campo musical ¿no? Haha.

    - Me gusta como piensas Chío, siempre es bueno estar abiertos a cosas nuevas mientras sea positivo supongo, me refiero a no ser de mente cuadrada y de esta forma no nos estancamos con el tiempo.
    Si te quedas y nos acompañas a pasar la tarde tal vez puedas escuchar algo de lo que hacemos si nos da por ensayar un rato.

    - Me gustaría acompañarte un ratito para seguir hablando por que la verdad comienzas a agradarme y me siento a gusto contigo, solo espero no incomodar a tus amigos. Además, anoche estuve con unos amigos también y me desvelé, he dormido muy poco y creo que tengo algo de resaca, supongo que por eso me quedé dormida en la micro, yo debería estar en mi casa, mi madre debe estar preocupada.

    - Entiendo, puedes acompañarnos el tiempo que gustes, no quisiera que luego tengas problemas en tu casa.

    Faltaba ya muy poco para llegar finalmente a casa de Domingo y conversando se nos aminoró bastante el trayecto de unas cuatro cuadras y media. Aún no lográbamos alcanzar a los chicos que nos llevaban unos cuantos metros de distancia de diferencia, pero la verdad es que eso era lo que menos nos importaba en ese momento.
    De un segundo a otro el silencio apareció, continuamos caminando, pero esta vez sin soltar una sola palabra. Los pasos al unísono, miradas de reojo junto a sonrisas un tanto nerviosas evidenciaban una señal de afinidad o atracción entre Chío y yo. Fue un silencio que permaneció por unos cuantos minutos, pero que no incomodaba en lo absoluto.

    A la distancia vi como los chicos se detenían en las afueras de la casa de Domingo para luego entrar a esta. Primero entró Carla y luego Antonio, Domingo permaneció unos segundos en la puerta haciéndonos señas y gestos como queriendo decir que nos apresurásemos para posteriormente entrar el también.
    Fue entonces cuando se me ocurrió una gran idea para darle algo de entretención a la situación y recobrar el diálogo que se había esfumado. Miré a Chío sonriendo y con gran entusiasmo le dije:

    - Mira, el lugar al que acaban de entrar los chicos es donde debemos llegar, veo que Domingo nos dejó la puerta abierta así que debemos apresurarnos. Te propongo hacer una carrera hasta la entrada para ver quién llega primero.

    Me percate de que Chío en ese momento se encontraba algo distraída y cabizbaja, se notaba un poco triste, pero apenas le propuse la idea de la carrera, su cara cambió radicalmente y con una sonrisa inamovible me contestó:

    - ¡Bien, acepto la carrera!, pero habrá un reto para quien llegue en último lugar.

    - Perfecto, acepto lo del reto así que comencemos. A la cuenta de uno, dos y ¡tres!

    En seguida después del conteo comenzamos a correr como dos niños eufóricos jugando a las carreras sin mas intención que la de pasarla bien. Por unos segundos todo fue bastante parejo, nuestras caras eran solo sonrisas que a su vez soltaban enérgicas carcajadas y jadeos, nada más importaba que llegar a la meta (puerta).
    Con mis ansias de llegar primero, puse tal esfuerzo en correr que de pronto ya no vi más a Chío a mi lado y solo lograba escuchar sus pasos apresurados a mis espaldas. A medida en que avanzaba, exaltado por el esfuerzo, pensaba en qué reto le daría a Chío por llegar en último lugar creyendo ser prontamente el ganador. Cuando ya solo quedaban unos cuantos pasos más para llegar por fin a la meta, percibí nuevamente a Chío muy cerca, casi pisando mis talones y por un instante creí que me rebasaría. De reojo logré ver como casi retornaba nuevamente a mi lado, en ese preciso momento fue cuando le escuché decir con voz bastante agitada:

    - ¡Gracias Nacho! Te aseguro que nos volveremos a ver.

    Justo después de estas palabras dejé de visualizar a Chío así como deje de escuchar sus pasos, todo esto al mismo tiempo en que finalmente logré llegar a la puerta, me detuve inhalando y exhalando profundamente un tanto exhausto, di la media vuelta para mirar hacia atrás y me encontré con la sorpresa de que Chío ya no estaba por ningún lugar.
    Desconcertado miré en todas direcciones, pero fue en vano. Solo pude ver a un pequeño gato castaño en su lugar corriendo a toda velocidad en dirección contraria y que ya casi llegaba a la esquina en donde habíamos iniciado la carrera.
    Sorprendido y sin lograr concebir aún que fue lo ocurrido, como por instinto comencé a correr con mis últimas fuerzas para alcanzar al pequeño gato que ya doblaba hacia la derecha en la intersección de las calles. Para cuando conseguí llegar a dicha esquina el pequeño gato ya había desaparecido sin dejar rastro alguno al igual que Chío.


    -Jiss-