Basay le dio una mano a la población canina del estadio de Colo Colo
El Talo no podía creer lo que veía. Recién llegado a Colo Colo, Ivo Basay caminó hasta el sector de camarines de cadetes, donde él trabaja en mantención, y le preguntó si estaba a cargo de los perros del estadio. Quiero ver en qué condiciones están, le dijo.
El Hueso miró uno a uno a los cuatro animales y se fue. El jueves en el Monumental aparecieron dos veterinarias de delantal blanco y mascarillas llamadas por él. Primero chequearon a la Paloma, la más pequeña, juguetona, de blanco y negro y que les mueve la colita a los jugadores cuando se entrenan. Luego les tocó el turno a dos hembras negras sin nombre y que son bien indomables (algunos les dicen Chola, otros Negra), y al final al Señor Farías, hoy la preocupación de Basay. Este tal Farías es un veterano de 12 años víctima de una infección que obligó a vacunarlo de urgencia y que le debe su nombre a un ex guardia albo, José Farías, que llevó al animal al club y se fue para el tiempo de la quiebra.
El Talo, en rigor Luis Rodríguez, quedó sorprendido (tanto tiempo que estoy aquí y primera vez veo a un técnico que se preocupe de los animales). No sospechaba que el amor de Basay por los perros fuera tan incondicional.
El propio DT cuenta su historia con entusiasmo. Recojo perros en la calle, los cuido y los dejo en fundaciones. Así llegaron los cinco que tengo hoy en Santa María de Manquehue, donde hay mucho espacio. Hay una pastora alemana que encontré flacuchenta frente a un servicentro, otro estaba botado en la calle y la Daysi, que viajó con nosotros a Francia, dice el DT que se radicó en ese país con su familia (Laurence Longet se llama su esposa gala) tras retirarse de Colo Colo en 1999.

-¿Qué lo remece al acercarse a los perros, Ivo?
-Me toca ver a un perrito abandonado y no lo puedo dejar botado en la calle. Si está enfermo lo cuido, pero tirados nos los dejamos con mi esposa. De hecho, siempre ando con sacos en mi auto para cualquier emergencia. Los tengo en casa y luego los dejo en un refugio en Talca.
-¿Es cierto que dejó de fumar por uno de ellos?
-Así es. Se me perdió la que llevé a Francia, la Daysi, a quien mi señora recogió en Santa María de Manquehue. Como ella en Santiago estaba acostumbrada a irse a los cerros, al llegar a la ciudad de Reims extrañó y desapareció. Estuvimos tres días sin ubicarla e hice una manda, que si aparecía dejaba de fumar. Y así fue. Apareció a diecisiete kilómetros de la casa, tenía un chip incorporado. Imagínate que yo fumaba cuatro cajetillas de Marlboro rojo. Nunca más volví a encender un cigarrillo.
-En el Monumental quedaron sorprendidos por su gesto, nunca antes visto en un DT.
-Pero no es el tema entrar en polémica, para nada, sólo quiero contar cuánto me importan los perros. Trato de que los cuatro del estadio estén vacunados, que quede todo en orden, desparasitados. Por eso llevé a las veterinarias. Vi en internet, contacté una clínica y fueron a vacunarlos. Lástima que hay uno medio complicado, el Señor Farías, que tiene una infección. Pero bueno, ya está en tratamiento.
La fiesta de los 10 perros del Hueso
A Viña en auto
Las anécdotas de Basay con los perros son hartas y de mucho tiempo. Luis Muñoz, que era coordinador del primer equipo del 97, en el que Basay era capitán, recuerda claramente una de ellas. Una vez me dice el Ivo: Lucho, llévame un perrito a Viña a la casa de mi papá, que yo no puedo viajar. Le dije que no había problema. Me fui en su auto, un Volkswagen soplado de nuevo, precioso, pero no era un perro, eran diez. En el viaje los perros me ladraban, se me subían al hombro, les ladraban a los caballos de la carretera, vomitaron el auto, el medio escándalo. Hasta que los entregué en Viña, dice Muñoz, muerto de risa.
Ojalá muchos sigan el ejemplo de Ivo Basay, gente que hace cosas maravillosas por " los sin voz" es la que se necesita para mejorar un poco el mundo en que vivimos.
El Talo no podía creer lo que veía. Recién llegado a Colo Colo, Ivo Basay caminó hasta el sector de camarines de cadetes, donde él trabaja en mantención, y le preguntó si estaba a cargo de los perros del estadio. Quiero ver en qué condiciones están, le dijo.
El Hueso miró uno a uno a los cuatro animales y se fue. El jueves en el Monumental aparecieron dos veterinarias de delantal blanco y mascarillas llamadas por él. Primero chequearon a la Paloma, la más pequeña, juguetona, de blanco y negro y que les mueve la colita a los jugadores cuando se entrenan. Luego les tocó el turno a dos hembras negras sin nombre y que son bien indomables (algunos les dicen Chola, otros Negra), y al final al Señor Farías, hoy la preocupación de Basay. Este tal Farías es un veterano de 12 años víctima de una infección que obligó a vacunarlo de urgencia y que le debe su nombre a un ex guardia albo, José Farías, que llevó al animal al club y se fue para el tiempo de la quiebra.
El Talo, en rigor Luis Rodríguez, quedó sorprendido (tanto tiempo que estoy aquí y primera vez veo a un técnico que se preocupe de los animales). No sospechaba que el amor de Basay por los perros fuera tan incondicional.
El propio DT cuenta su historia con entusiasmo. Recojo perros en la calle, los cuido y los dejo en fundaciones. Así llegaron los cinco que tengo hoy en Santa María de Manquehue, donde hay mucho espacio. Hay una pastora alemana que encontré flacuchenta frente a un servicentro, otro estaba botado en la calle y la Daysi, que viajó con nosotros a Francia, dice el DT que se radicó en ese país con su familia (Laurence Longet se llama su esposa gala) tras retirarse de Colo Colo en 1999.
-¿Qué lo remece al acercarse a los perros, Ivo?
-Me toca ver a un perrito abandonado y no lo puedo dejar botado en la calle. Si está enfermo lo cuido, pero tirados nos los dejamos con mi esposa. De hecho, siempre ando con sacos en mi auto para cualquier emergencia. Los tengo en casa y luego los dejo en un refugio en Talca.
-¿Es cierto que dejó de fumar por uno de ellos?
-Así es. Se me perdió la que llevé a Francia, la Daysi, a quien mi señora recogió en Santa María de Manquehue. Como ella en Santiago estaba acostumbrada a irse a los cerros, al llegar a la ciudad de Reims extrañó y desapareció. Estuvimos tres días sin ubicarla e hice una manda, que si aparecía dejaba de fumar. Y así fue. Apareció a diecisiete kilómetros de la casa, tenía un chip incorporado. Imagínate que yo fumaba cuatro cajetillas de Marlboro rojo. Nunca más volví a encender un cigarrillo.
-En el Monumental quedaron sorprendidos por su gesto, nunca antes visto en un DT.
-Pero no es el tema entrar en polémica, para nada, sólo quiero contar cuánto me importan los perros. Trato de que los cuatro del estadio estén vacunados, que quede todo en orden, desparasitados. Por eso llevé a las veterinarias. Vi en internet, contacté una clínica y fueron a vacunarlos. Lástima que hay uno medio complicado, el Señor Farías, que tiene una infección. Pero bueno, ya está en tratamiento.
La fiesta de los 10 perros del Hueso
A Viña en auto
Las anécdotas de Basay con los perros son hartas y de mucho tiempo. Luis Muñoz, que era coordinador del primer equipo del 97, en el que Basay era capitán, recuerda claramente una de ellas. Una vez me dice el Ivo: Lucho, llévame un perrito a Viña a la casa de mi papá, que yo no puedo viajar. Le dije que no había problema. Me fui en su auto, un Volkswagen soplado de nuevo, precioso, pero no era un perro, eran diez. En el viaje los perros me ladraban, se me subían al hombro, les ladraban a los caballos de la carretera, vomitaron el auto, el medio escándalo. Hasta que los entregué en Viña, dice Muñoz, muerto de risa.
Ojalá muchos sigan el ejemplo de Ivo Basay, gente que hace cosas maravillosas por " los sin voz" es la que se necesita para mejorar un poco el mundo en que vivimos.

