El odio de clase parte desde una suposición errada, cree que los poderosos y los adinerados "concentran" riquezas que de otro modo estarían repartidas entre toda la demás gente, siendo que todas las demás clases crecen junto con ellos. Por lo menos eso sucedía en Chile antes de la llegada de los mendigos extranjeros, traídos por la centro-izquierda de Bachelet, estancaron los sueldos, aumentaron el precio de los arriendos, bajaron el precio de la mano de obra, quitaron prioridad a nuestros ancianos, entre otras perlas que paga el pueblo.