ausencia de prueba no es prueba de ausencia, pero el que muchas veces la ciencia, la razón y la realidad sean incapaces de demostrar la inexistencia de cualquier tipo de entidad metafísica, sobrenatural o mitológica, eso no significa que podemos livianamente asumir que tal tipo de seres existan sólo porque alguien así lo afirma, aún si está honestamente convencido de ello; si alguien quiere proponer la existencia de algo, recae bajo su responsabilidad el proporcionar las pruebas positivas de la existencia de tal entidad, asumiendo la carga de prueba (onus probandi), pues quien postula la existencia de lo que sea sin tener pruebas que lo apoyen coquetea con la irracionalidad, y no debería esperar que el resto de las personas vayan a creer sólo porque sí.
Como cierre, podemos citar por última vez a Carl Sagan, quien concluye a finales del capítulo 10 de EMYSD:
Mantener la mente abierta es una virtud... pero, como dijo una vez el ingeniero espacial James Oberg, no tan abierta como para permitir que a uno se le caiga el cerebro. Desde luego, debemos estar dispuestos a cambiar de idea cuando nuevas pruebas lo exijan. Pero la prueba tiene que ser convincente. No todas las declaraciones tienen el mismo mérito.
Por lo tanto, ¿quiere Ud. convencer a científicos y escépticos de que el ser o entidad de su preferencia no es imaginario sino que sí existe y es totalmente real? Bien, los escépticos estamos dispuestos a ver sus mejores pruebas que muestren evidencia de que tal ser existe, y a cambiar de opinión y darle la razón si la evidencia presentada así lo amerita. Pero no espere que le creamos sólo porque Ud. y mucha gente como Ud. decidió creer en tal ser o entidad sin evidencia suficiente y convincente, sin importar los títulos, cargos, o estudios académicos que Ud. o los verdaderos creyentes ostenten, ni tampoco por cuánto tiempo lo hayan creído.