Las figuras políticas no son ajenas a las tradiciones populares, a las creencias en la adivinación, a los amuletos y supersticiones. Aquí algunos ejemplos de su lado esotérico.
Barack Obama: El presidente de los Estados Unidos es muy supersticioso, y cuenta con varios amuletos como un brazalete de un soldado de Iraq, una moneda de la suerte, un dios mono hindú y medallas de la virgen.
Ronald y Nancy Reagan: El matrimonio Reagan creía fervorosamente en los horóscopos, de hecho, tenían una astróloga de cabecera, Joan Quigley.
Adolf Hitler: Es difícil encontrar una figura histórica con tantas supersticiones y amuletos como el líder del Partido Nacionalsocialista. Hitler creía que el número 7 tenía poderes especiales y que la esvástica tenía poderes sobrenaturales. Eran famosas sus consultas a videntes y astrólogos.
Romano Prodi: El ex primer ministro de Italia organizaba sesiones de espiritismo en los años setenta. Se recuerda que en 1978, participó en una sesión de espiritismo para intentar averiguar dónde estaba secuestrado Aldo Moro, un político italiano.
Winston Churchill: El político inglés llevaba consigo un bastón al que llamaba "de la buena suerte", y cuentan que con él quitaba de su camino a todo el gato negro que aparecía. Dicen que odiaba el número 13, y en una de sus visitas a Hong Kong, abandonó un almuerzo exclusivo al que había sido invitado en el club Victorias Peak al ver que solo eran doce comensales más uno.
Silvio Berlusconi: El controvertible político italiano le confía a sus corbatas con lunares el poder de la buena suerte.
Nicolas Sarkozy: El ex presidente francés, tiene en su oficina del Elíseo un trébol de cuatro hojas, que según la tradición trae buena suerte a sus buscadores, especialmente si es encontrado accidentalmente.
Napoleón: Antes de cada campaña le pedía consejos a su vidente personal, Madame Lenormand, una famosa lectora de cartas de la época. La leyenda dice que antes de la batalla de Waterloo Napoleón confesó que iban a perder la batalla pues se había soñado con un gato negro.
Carlos de Inglaterra: Aunque no es un político neto como los demás que aparecen en esta lista, un amuleto del príncipe de Gales, nos obligó a incluirlo en la lista. Se trata de una pulsera roja y blanca de la buena suerte que le habían regalado en una visita oficial a Bulgaria y que aportaría salud y bienestar.
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Barack Obama: El presidente de los Estados Unidos es muy supersticioso, y cuenta con varios amuletos como un brazalete de un soldado de Iraq, una moneda de la suerte, un dios mono hindú y medallas de la virgen.
Ronald y Nancy Reagan: El matrimonio Reagan creía fervorosamente en los horóscopos, de hecho, tenían una astróloga de cabecera, Joan Quigley.
Adolf Hitler: Es difícil encontrar una figura histórica con tantas supersticiones y amuletos como el líder del Partido Nacionalsocialista. Hitler creía que el número 7 tenía poderes especiales y que la esvástica tenía poderes sobrenaturales. Eran famosas sus consultas a videntes y astrólogos.
Romano Prodi: El ex primer ministro de Italia organizaba sesiones de espiritismo en los años setenta. Se recuerda que en 1978, participó en una sesión de espiritismo para intentar averiguar dónde estaba secuestrado Aldo Moro, un político italiano.
Winston Churchill: El político inglés llevaba consigo un bastón al que llamaba "de la buena suerte", y cuentan que con él quitaba de su camino a todo el gato negro que aparecía. Dicen que odiaba el número 13, y en una de sus visitas a Hong Kong, abandonó un almuerzo exclusivo al que había sido invitado en el club Victorias Peak al ver que solo eran doce comensales más uno.
Silvio Berlusconi: El controvertible político italiano le confía a sus corbatas con lunares el poder de la buena suerte.
Nicolas Sarkozy: El ex presidente francés, tiene en su oficina del Elíseo un trébol de cuatro hojas, que según la tradición trae buena suerte a sus buscadores, especialmente si es encontrado accidentalmente.
Napoleón: Antes de cada campaña le pedía consejos a su vidente personal, Madame Lenormand, una famosa lectora de cartas de la época. La leyenda dice que antes de la batalla de Waterloo Napoleón confesó que iban a perder la batalla pues se había soñado con un gato negro.
Carlos de Inglaterra: Aunque no es un político neto como los demás que aparecen en esta lista, un amuleto del príncipe de Gales, nos obligó a incluirlo en la lista. Se trata de una pulsera roja y blanca de la buena suerte que le habían regalado en una visita oficial a Bulgaria y que aportaría salud y bienestar.
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