Estoy con un amigo y tengo sexo con él, ¿qué tan sanos o constructivos pueden ser este tipo de vínculos en que no hay un compromiso oficial de pareja? Los expertos dan a conocer sus opiniones sobre esta nueva forma de romance moderno.
PAULA VILLANUEVA
[email protected]
Con Ignacio nos conocemos desde primero básico. Ese año nos hicimos muy amigos, hasta que un día se me declaró. Después me cambié de colegio, pero nos reencontramos el 2006, cuenta Camila de 20 años.
Para ambos fue emocionante verse y decidieron acordar otra cita. Claro que había un pero: él estaba pololeando. Pese a ello siguieron viéndose hasta que se terminaron besando.
Al cabo de un mes terminó con su novia y empezamos a andar. Si bien, disfrutábamos mucho juntos, yo me sentía como en una relación clandestina, expresa la joven.
Casos como el de Camila sobran. ¿Quién no ha tenido un amigo con ventaja alguna vez?
Todo esto se genera porque a pesar de no haber tenido aciertos amorosos, ella o él mantienen un vínculo de amistad y confianza con una persona.
Lo pasan bien juntos, y de pronto les aflora su deseo sexual o líbido y deciden intimar en común acuerdo, explica Elena Henríquez, enfermera experta en sexualidad.
La profesional enfatiza que dentro de este tipo de relaciones lo que prima es la amistad, puesto que la actividad sexual es sólo ocasional.
Según el psicólogo Carlos Cortés, los conceptos de andar o tener un amigo con ventaja, son ideados por los adolescentes en su afán de no sentirse oprimidos por la responsabilidad.
Como el joven está en desarrollo, dice, estas relaciones no serían nocivas siempre y cuando esto no sea sinónimo de promiscuidad. A los 15 años no se posee la madurez psicosexual para enfrentar una enfermedad venérea o un embarazo, advierte Henríquez.
Pese a ello, existen adultos que superan los 30 años y siguen con estos comportamientos. Esto provoca que sean incapaces de establecer pololeos o compromisos afectivos, puesto que aún no han superado su adolescencia.
Este tipo de individuos carece de una integridad emocional y profesional, indica.
Cortés añade que se trata de personas que aún viven con sus padres, sin ninguna responsabilidad ni presión de pagar cuentas o llevar el sustento al hogar.
No al compromiso
El experto aclara que lo anterior no es lo único que causa inmadurez o falta de compromiso en un adulto joven.
Existen múltiples factores. Tal vez esa persona sea hija de padres separados o provenga de un hogar en donde hubo conflictos familiares, comenta.
A raíz de estas rupturas, agrega, las imágenes parentales quedan dañadas y con mayor razón, si sufrió carencias afectivas entre los 0 y 2 años, una etapa crucial de la vida.
Es por eso que estos quiebres influirán inevitablemente en la adultez. Si de pequeño jamás generé un sentido de pertenencia con mis padres, ¿cómo de adulto voy a sentirme parte de una pareja?, reflexiona el psicólogo.
Esos vacíos emocionales quedan al descubierto cuando dos personas se unen en vínculos poco arraigados. El individuo intenta compensar sus conflictos internos con esta relación abierta, y aunque la otra parte anhele un compromiso formal, a veces cede por temor a que lo dejen, explica.
Pero el caso de Camila es distinto, puesto que ella tampoco se sentía a gusto con la relación. Todo cambió cuando Ignacio me dijo que aunque no fuéramos pololos, igualmente nos debíamos respeto y fidelidad, cuenta la veinteañera.
Sin culpas
Pero, ¿qué pasa cuando uno de los dos se enamora? El vínculo ya no sería tan sano, puesto que cualquiera de las dos partes va a sufrir en caso de no ser correspondido, puesto que desde un comienzo estuvo claro que lo amatorio no era la clave, sino la amistad, afirma la especialista.
Carlos Cortés revela que otro de los motivos que llevan a una persona a no asumir un compromiso, es que probablemente todo se le haya dado fácil en su vida.
Si nunca se vio enfrentado a dificultades, opta por desistir de una relación que no podrá manejar, detalla.
Para estas personas no existe conciencia de que la vida en pareja no implica sólo vivir lo bonito. También hay que asumir dificultades, pero a veces es más es cómodo tener sexo con alguien y no hacerse cargo del resto, plantea.
Si en estas circunstancias, precisa Cortés, una mujer u hombre se llegaran a involucrar con otra persona, esto quedaría liberado de la infidelidad, pues como no son pololos, no hay culpas.
¿Serán sanas este tipo de relaciones? Carlos Cortés manifiesta que todo dependerá de cómo estas se resuelvan. No sería sano que a los 40 años una persona siguiera con esta clase de vínculos sin compromisos, advierte.
Es por eso, que ambos deben llegar a una instancia en donde analicen si se asumen como pololos o si bien, concluyen el vínculo.
Según Henríquez, si hay afinidad sentimental, sería mejor que estos amigos se comprometieran. Así como luego de una relación de siete meses, Ignacio y Camila decidieron terminar.
Por ahora preferimos no vernos pues la atracción es demasiado fuerte, confiesa la joven.
PAULA VILLANUEVA
[email protected]
Con Ignacio nos conocemos desde primero básico. Ese año nos hicimos muy amigos, hasta que un día se me declaró. Después me cambié de colegio, pero nos reencontramos el 2006, cuenta Camila de 20 años.
Para ambos fue emocionante verse y decidieron acordar otra cita. Claro que había un pero: él estaba pololeando. Pese a ello siguieron viéndose hasta que se terminaron besando.
Al cabo de un mes terminó con su novia y empezamos a andar. Si bien, disfrutábamos mucho juntos, yo me sentía como en una relación clandestina, expresa la joven.
Casos como el de Camila sobran. ¿Quién no ha tenido un amigo con ventaja alguna vez?
Todo esto se genera porque a pesar de no haber tenido aciertos amorosos, ella o él mantienen un vínculo de amistad y confianza con una persona.
Lo pasan bien juntos, y de pronto les aflora su deseo sexual o líbido y deciden intimar en común acuerdo, explica Elena Henríquez, enfermera experta en sexualidad.
La profesional enfatiza que dentro de este tipo de relaciones lo que prima es la amistad, puesto que la actividad sexual es sólo ocasional.
Según el psicólogo Carlos Cortés, los conceptos de andar o tener un amigo con ventaja, son ideados por los adolescentes en su afán de no sentirse oprimidos por la responsabilidad.
Como el joven está en desarrollo, dice, estas relaciones no serían nocivas siempre y cuando esto no sea sinónimo de promiscuidad. A los 15 años no se posee la madurez psicosexual para enfrentar una enfermedad venérea o un embarazo, advierte Henríquez.
Pese a ello, existen adultos que superan los 30 años y siguen con estos comportamientos. Esto provoca que sean incapaces de establecer pololeos o compromisos afectivos, puesto que aún no han superado su adolescencia.
Este tipo de individuos carece de una integridad emocional y profesional, indica.
Cortés añade que se trata de personas que aún viven con sus padres, sin ninguna responsabilidad ni presión de pagar cuentas o llevar el sustento al hogar.
No al compromiso
El experto aclara que lo anterior no es lo único que causa inmadurez o falta de compromiso en un adulto joven.
Existen múltiples factores. Tal vez esa persona sea hija de padres separados o provenga de un hogar en donde hubo conflictos familiares, comenta.
A raíz de estas rupturas, agrega, las imágenes parentales quedan dañadas y con mayor razón, si sufrió carencias afectivas entre los 0 y 2 años, una etapa crucial de la vida.
Es por eso que estos quiebres influirán inevitablemente en la adultez. Si de pequeño jamás generé un sentido de pertenencia con mis padres, ¿cómo de adulto voy a sentirme parte de una pareja?, reflexiona el psicólogo.
Esos vacíos emocionales quedan al descubierto cuando dos personas se unen en vínculos poco arraigados. El individuo intenta compensar sus conflictos internos con esta relación abierta, y aunque la otra parte anhele un compromiso formal, a veces cede por temor a que lo dejen, explica.
Pero el caso de Camila es distinto, puesto que ella tampoco se sentía a gusto con la relación. Todo cambió cuando Ignacio me dijo que aunque no fuéramos pololos, igualmente nos debíamos respeto y fidelidad, cuenta la veinteañera.
Sin culpas
Pero, ¿qué pasa cuando uno de los dos se enamora? El vínculo ya no sería tan sano, puesto que cualquiera de las dos partes va a sufrir en caso de no ser correspondido, puesto que desde un comienzo estuvo claro que lo amatorio no era la clave, sino la amistad, afirma la especialista.
Carlos Cortés revela que otro de los motivos que llevan a una persona a no asumir un compromiso, es que probablemente todo se le haya dado fácil en su vida.
Si nunca se vio enfrentado a dificultades, opta por desistir de una relación que no podrá manejar, detalla.
Para estas personas no existe conciencia de que la vida en pareja no implica sólo vivir lo bonito. También hay que asumir dificultades, pero a veces es más es cómodo tener sexo con alguien y no hacerse cargo del resto, plantea.
Si en estas circunstancias, precisa Cortés, una mujer u hombre se llegaran a involucrar con otra persona, esto quedaría liberado de la infidelidad, pues como no son pololos, no hay culpas.
¿Serán sanas este tipo de relaciones? Carlos Cortés manifiesta que todo dependerá de cómo estas se resuelvan. No sería sano que a los 40 años una persona siguiera con esta clase de vínculos sin compromisos, advierte.
Es por eso, que ambos deben llegar a una instancia en donde analicen si se asumen como pololos o si bien, concluyen el vínculo.
Según Henríquez, si hay afinidad sentimental, sería mejor que estos amigos se comprometieran. Así como luego de una relación de siete meses, Ignacio y Camila decidieron terminar.
Por ahora preferimos no vernos pues la atracción es demasiado fuerte, confiesa la joven.
es k es una cosa ralajada

