Entre ellas se encuentran las de Ghengis Khan, Atila, Alfredo el Grande, Leonardo Da Vinci y Mozart.
Así como hay figuras históricas cuyas muertes no han podido ser resueltas pese al paso de los años, hay otras que están en tumbas que, hasta la actualidad, no han sido encontradas pese a las búsquedas de investigadores y científicos.
Es lo que ocurrió con Ghenghis Khan. El mítico conquistador de Asia, fundador del Imperio Mongol, murió en 1227. Un grupo de hombres se llevó su cuerpo al corazón de Mongolia, y la leyenda cuenta que asesinaron a todos los que se encontraron en su camino para mantener su entierro totalmente secreto. Incluso, habrían pisoteado la tierra con miles de caballos para no dejar ningún tipo de rastro.
Un caso muy similar es el que ocurrió con Atila, ex Rey de los Hunos. Luego de morir en su noche de bodas (un historiador dijo que se le reventó un vaso sanguíneo mientras dormía), su armada supuestamente lo enterró en las cercanías de un río, quedando tapado bajo el agua. También se dice que mataron a otros participantes en el proceso para que nunca dieran a conocer la información.
Si hablamos de ataúdes que fueron movidos en más de una ocasión, un ejemplo perfecto es el de Alfredo el Grande. Quien fuera Monarca de Wessex desde 871 hasta su deceso en 899 primero tuvo su responso en Winchester. Luego, fue movido a la iglesia donde se encontraban sus fallecidos familiares. En el año 1100, otra vez su cadáver fue trasladado, esta vez a Hyde Abbey. Y después vino el misterio. Tras la ruptura en las relaciones de Enrique VIII con la Iglesia Católica de Roma, en 1530, la abadía fue destrozada, y el cuerpo de Alfredo se perdió para siempre.
La Revolución Francesa tuvo un directo impacto en el entierro de Leonardo Da Vinci. El pintor, reconocido a nivel mundial por la “Mona Lisa” y “La Última Cena”, falleció en Amboise en 1519. Por años, su tumba estuvo en el Valle del Loira. Hasta que unos revolucionarios rompieron la capilla, y se cree que algunos seguidores del artista lo trasladaron a una más pequeña, pese a que eso jamás ha sido confirmado.
Finalmente, es muy llamativo lo que pasó con Mozart. El mito señalaba que fue enterrado en una fosa común, lo que resultó no ser cierto. Lo que sí es verdad es que su lápida nunca llevó su nombre, por lo que es prácticamente imposible determinar dónde se encuentra dentro de Viena, la capital de Austria.




