De las descritas por el autor, el suficientarismo parece satisfacer la exigencia moral de tener un norte al cual se apunta, de justicia social. Obviamente no se trata de unos fines demasiado ambiciosos en términos morales, pero sí adecuados a la realidad, que podrían servir de respaldo para quienes se preocupan más de la lucha contra la pobreza que contra la desigualdad; quienes pongan énfasis en la focalización de los recursos públicos en beneficio de los más vulnerables, etc.
Suscribo a la idea de que tanto la economía como la filosofía son necesarias para dar forma a las políticas públicas, y los medios de los que se ocupan los economistas deben estar orientados hacia fines nacidos de la filosofía, hacia una exigencia de lo que "debe ser" en términos morales. Toda ideología debe tener su sistema de ideas acerca de lo que es justo.
Ahora, me parece que los economistas, al estar inmersos en el problema del cómo, son más propensos a ser modestos respecto de los fines morales que se plantean, porque ocuparse del cómo implica tener más contacto con la realidad, con lo que es o no factible. Su rol podría inducirlos a compatibilizar medios y fines, al tener siempre a la vista cuestiones como la escasez. El filósofo en cambio, por ocuparse del qué, de imperativos morales, es mucho más proclive a perder de vista la realidad; de ese aislamiento intelectual suelen salir tonteras como el hombre nuevo, el buen salvaje, etc, etc. Porque al final, cualquier aweonao puede tener buenas intenciones y querer el bienestar material de toda la humanidad, pero lo realmente interesante es cómo pretende lograr aquello. Si prescindes de la experiencia y evidencia que existe sobre cuestiones procedimentales, sobre el cómo, no eres muy distinto de alguien quiere volar sin alas. Me parece que una de las virtudes del liberalismo, en tanto filosofía, es que al menos intenta armonizar fines con medios, algo que creo se ve en esta propia columna.