Bueno bueno, durante toda mi vida en mi casa la navidad jamás había sido una ocasión especial, y cuando me fui de la casa de mis papas para crecer laboral y profesionalmente, la tónica se mantuvo…hasta ahora.
Tengo una amiga que, igual que yo, vive sola, pero ella tiene atados con sus viejos que no vienen a cuentos. Si bien no hay taaaaanta confianza, hablamos regularmente y el cariño es harto. Le hablé el domingo temprano, y le pregunte qué haría ese día. Ella me contestó que nada, su panorama sería aburrirse como siempre. Se me alumbró la ampolleta así que la invité a mi depa, a lo cual ella aceptó, total tenía suficiente carne como para compartir con otras personas, además que el copete nunca falla.
Pasó media hora y ella llegó puntual. Cuando abrí la puerta, ctm. Físicamente ella mide 1,70 aprox, andamos casi en la misma altura, es muy linda, ojos cafés, pelo liso, ni flaca ni gordita, es decir, había donde agarrar, pero sus mejores atributos son sus tetas. Dios mío, yo jamás la había visto con otros ojos, lo juro, sin embargo, ese día, no sé qué me pasó. Ella ya había estado en mi depto dos veces en más de 3 años que nos conocemos, pero jamás pasó algo, siempre todo en buena. Ese día llegó con una polera sumamente escotada, le ví todo y no pude evitar pensar de forma perversa. Ella lo notó cuando me saludó con un abrazo, así que rápidamente entró con una sonrisa, creo yo, también con un tono perverso.
Nos sentamos, conversamos, me contó algo con sus papas, una pelea reciente, y eso la tenía un tanto deprimida por lo que comencé a animarla y hacerla reír. Ya había hambre por lo que preparamos la carne e hicimos el asado. Mientras yo cocinaba ella se asomaba por el balcón, y me mostraba su lindo trasero, con esos pantalones, ufff, se veía totalmente nalgueable, y demás está decir que sus tetas me volvieron loco, se las miraba a cada rato, trataba de ser lo más disimulado posible pero creo que se dio cuenta. Aun así, ella no decía nada, es más, parece que le gustaba.
Después de acompañar el almuerzo con una botella de vino, nos sentamos en el sillón, abrí el bar, y como sabía que le gustan los tragos dulces preparé un mojito que tanto le gusta. Comenzamos a tomar sin moderación, y a medida que llenábamos los vasos comenzamos a desinhibirnos. Ya con un total descaro, le miraba sus tetas, y ella se acomodaba para que tuviera la mejor vista posible. La conversación su puso más calentona, hablamos de nuestras experiencias anteriores, lo que a ella le gustaba hacer, etc. Hasta que finalmente, carepalo, le pregunté de sus tetas:
-Porqué viniste con esa polera
-Que no te gusta?
-Sí, pero tienes otras y justo tuviste que ponerte esa hoy
(se detuvo, cruzamos miradas y se sube la polera)
-Te gustan?
-Obvio
-Las quieres probar?
Aluciné, sinceramente. No podía creer que finalmente tendría el placer de degustar aquellos pechos. Me acerqué donde ella y nos dimos un beso apasionado donde nos manoseamos enteros, le saqué la polerita y los sostenes, dejando libres esas tetas. Se ganó arriba mío y puso sus tetas a mi disposición, así que me puse manos a la obra, una la agarraba, la otra la chupaba, le mordía los pezones, literalmente me volví loco, y ella disfrutaba, me dijo que le encantó cómo yo me devoraba sus tetas, eran para volverse loco. Estuve ahí como media hora, le agarraba el poto, bien esponjosito, hasta que finalmente me dijo: “Ahora te daré tu regalito de navidad”
Comenzó a tocarme el pene por encima del pantalón, estaba muy duro, eso a ella le gustó mucho, me baja el pantalón y comienza a chupar. Ufff, era una diosa, se lo metía entero, le pasaba la lengua por la cabeza, por los testículos, por el pene entero. Se lo pasaba por toda la cara, se volvía loca con la pichula. Así estuvo hasta que ella decidió que quería que la penetrara. Yo, totalmente obediente, hice lo que me pidió, le bajé los pantalones por detrás y ví ese rico culo con unos colaless rojos que me volvieron loco. Con su mano acercó mi pene a sus cachetes y comenzó a moverse muy rico, frotaba mi pene y la punteaba, le manoseaba la vagina y estaba bien mojada, ya era el momento de culiarmela.
Le bajé los colaless, me saqué los pantalones, la puse en 4, tal como ella me había dicho que le gustaba, y se la metí. Al principio lo hacia suave, de a poco, sin embargo, ella me pedía que fuera mas duro, que se portó muy mal últimamente asi que se merecía un castigo. Le pegué un nalgazo y se volvió loca, lógicamente eso me prendió y comenzé a azotarle la vagina con mi pene sin parar. Ella gemía muy rico, le agarraba las tetas, sonreía cuando hacía eso, me pedía que no parara, que quería que se lo metiera toda la tarde, quería estar solo conmigo y obviamente yo no iba a dejar que se fuera. Gritaba muy rico, me pedía mas y mas, era insaciable así que saqué mis manos de sus tetas y le agarré el pelo ligeramente. Más loca aún se puso, comenzó a hablarme muy sucio, que le gustaba como sonaba el pene cuando entraba y salía bien mojado, que le gustaba estar en 4 y que cuando terminara de culiarla me lo iba a chupar entero. Estuvimos una hora así, hasta que no dí más y finalmente saqué mi pene, la dí vuelta y le tiré el semen en las tetas. Puso una cara de caliente, le encantó eso. Me acarició bien rico la pichula un rato hasta que comenzé a untar el semen con mi pene para que ella se lo comiera, como una niña buena no dejó ni siquiera una gota desperdiciada.
Un tanto cansados luego del almuerzo, y con el copete causando sus efectos, nos fuimos a acostar, ambos estábamos con una sonrisa de oreja a oreja, nos abrazamos y nos besamos, dormimos una siesta en cucharita. Lo mejor de todo es que me comentó que no tenía nada que hacer el lunes, así que le dije que no era necesario que se fuera, que podía quedarse todo lo que ella quisiera. Me dio un beso y dormimos, y me dijo que debíamos descansar porque a la noche teníamos que repetir todo lo que hicimos.
Tengo una amiga que, igual que yo, vive sola, pero ella tiene atados con sus viejos que no vienen a cuentos. Si bien no hay taaaaanta confianza, hablamos regularmente y el cariño es harto. Le hablé el domingo temprano, y le pregunte qué haría ese día. Ella me contestó que nada, su panorama sería aburrirse como siempre. Se me alumbró la ampolleta así que la invité a mi depa, a lo cual ella aceptó, total tenía suficiente carne como para compartir con otras personas, además que el copete nunca falla.
Pasó media hora y ella llegó puntual. Cuando abrí la puerta, ctm. Físicamente ella mide 1,70 aprox, andamos casi en la misma altura, es muy linda, ojos cafés, pelo liso, ni flaca ni gordita, es decir, había donde agarrar, pero sus mejores atributos son sus tetas. Dios mío, yo jamás la había visto con otros ojos, lo juro, sin embargo, ese día, no sé qué me pasó. Ella ya había estado en mi depto dos veces en más de 3 años que nos conocemos, pero jamás pasó algo, siempre todo en buena. Ese día llegó con una polera sumamente escotada, le ví todo y no pude evitar pensar de forma perversa. Ella lo notó cuando me saludó con un abrazo, así que rápidamente entró con una sonrisa, creo yo, también con un tono perverso.
Nos sentamos, conversamos, me contó algo con sus papas, una pelea reciente, y eso la tenía un tanto deprimida por lo que comencé a animarla y hacerla reír. Ya había hambre por lo que preparamos la carne e hicimos el asado. Mientras yo cocinaba ella se asomaba por el balcón, y me mostraba su lindo trasero, con esos pantalones, ufff, se veía totalmente nalgueable, y demás está decir que sus tetas me volvieron loco, se las miraba a cada rato, trataba de ser lo más disimulado posible pero creo que se dio cuenta. Aun así, ella no decía nada, es más, parece que le gustaba.
Después de acompañar el almuerzo con una botella de vino, nos sentamos en el sillón, abrí el bar, y como sabía que le gustan los tragos dulces preparé un mojito que tanto le gusta. Comenzamos a tomar sin moderación, y a medida que llenábamos los vasos comenzamos a desinhibirnos. Ya con un total descaro, le miraba sus tetas, y ella se acomodaba para que tuviera la mejor vista posible. La conversación su puso más calentona, hablamos de nuestras experiencias anteriores, lo que a ella le gustaba hacer, etc. Hasta que finalmente, carepalo, le pregunté de sus tetas:
-Porqué viniste con esa polera
-Que no te gusta?
-Sí, pero tienes otras y justo tuviste que ponerte esa hoy
(se detuvo, cruzamos miradas y se sube la polera)
-Te gustan?
-Obvio
-Las quieres probar?
Aluciné, sinceramente. No podía creer que finalmente tendría el placer de degustar aquellos pechos. Me acerqué donde ella y nos dimos un beso apasionado donde nos manoseamos enteros, le saqué la polerita y los sostenes, dejando libres esas tetas. Se ganó arriba mío y puso sus tetas a mi disposición, así que me puse manos a la obra, una la agarraba, la otra la chupaba, le mordía los pezones, literalmente me volví loco, y ella disfrutaba, me dijo que le encantó cómo yo me devoraba sus tetas, eran para volverse loco. Estuve ahí como media hora, le agarraba el poto, bien esponjosito, hasta que finalmente me dijo: “Ahora te daré tu regalito de navidad”
Comenzó a tocarme el pene por encima del pantalón, estaba muy duro, eso a ella le gustó mucho, me baja el pantalón y comienza a chupar. Ufff, era una diosa, se lo metía entero, le pasaba la lengua por la cabeza, por los testículos, por el pene entero. Se lo pasaba por toda la cara, se volvía loca con la pichula. Así estuvo hasta que ella decidió que quería que la penetrara. Yo, totalmente obediente, hice lo que me pidió, le bajé los pantalones por detrás y ví ese rico culo con unos colaless rojos que me volvieron loco. Con su mano acercó mi pene a sus cachetes y comenzó a moverse muy rico, frotaba mi pene y la punteaba, le manoseaba la vagina y estaba bien mojada, ya era el momento de culiarmela.
Le bajé los colaless, me saqué los pantalones, la puse en 4, tal como ella me había dicho que le gustaba, y se la metí. Al principio lo hacia suave, de a poco, sin embargo, ella me pedía que fuera mas duro, que se portó muy mal últimamente asi que se merecía un castigo. Le pegué un nalgazo y se volvió loca, lógicamente eso me prendió y comenzé a azotarle la vagina con mi pene sin parar. Ella gemía muy rico, le agarraba las tetas, sonreía cuando hacía eso, me pedía que no parara, que quería que se lo metiera toda la tarde, quería estar solo conmigo y obviamente yo no iba a dejar que se fuera. Gritaba muy rico, me pedía mas y mas, era insaciable así que saqué mis manos de sus tetas y le agarré el pelo ligeramente. Más loca aún se puso, comenzó a hablarme muy sucio, que le gustaba como sonaba el pene cuando entraba y salía bien mojado, que le gustaba estar en 4 y que cuando terminara de culiarla me lo iba a chupar entero. Estuvimos una hora así, hasta que no dí más y finalmente saqué mi pene, la dí vuelta y le tiré el semen en las tetas. Puso una cara de caliente, le encantó eso. Me acarició bien rico la pichula un rato hasta que comenzé a untar el semen con mi pene para que ella se lo comiera, como una niña buena no dejó ni siquiera una gota desperdiciada.
Un tanto cansados luego del almuerzo, y con el copete causando sus efectos, nos fuimos a acostar, ambos estábamos con una sonrisa de oreja a oreja, nos abrazamos y nos besamos, dormimos una siesta en cucharita. Lo mejor de todo es que me comentó que no tenía nada que hacer el lunes, así que le dije que no era necesario que se fuera, que podía quedarse todo lo que ella quisiera. Me dio un beso y dormimos, y me dijo que debíamos descansar porque a la noche teníamos que repetir todo lo que hicimos.