Este puede ser como continuación de aquel fin de semana con Sandra en Viña del mar https://www.portalnet.cl/temas/reencuentro-con-mi-primer-amor-en-julio-2025.1560337/
Era lunes de la última semana de agosto, había pasado un fin de semana de lujuria en compañía de Paulina y yo estaba en mi casa trabajando, en plena reunión, cuando me llega un WhatsApp inesperado de Sandra diciendo:
“Amor, estaré en Concepción desde mañana hasta el viernes en la tarde. Tengo cosas que hacer allá.”
A lo cual a los minutos le respondo
“Concepción… uff, qué ganas de ir yo también.”
Y empezamos con una serie de mensajes:
“Si tú quisieras venir… yo podría quedarme hasta el domingo. Cambiaría mi pasaje sin problemas, pero solo si vienes. No quiero estar allá sin ti.”
A lo cual respondí
“¿Me lo estás diciendo en serio? Porque si es así, el viernes en la noche agarro el auto y llego directo donde estés.”
“En serio. Haría lo que fuera por estar esos días contigo. Quiero que volvamos a vivir lo que pasó en Viña hace unos meses… Te necesito, Gabriel.”
“Entonces está decidido. Manejo toda la noche si es necesario. El sábado a primera hora estaré en Concepción para devorarte, asi que cambia ese pasaje. Quédate hasta el domingo por mí, y hagamos que cada minuto valga juntos”
Pasarón varios minutos sin tener respuesta, hasta que me escribe
“Ya está hecho, amor. Me quedaré, ahora prométeme que solo me vas a tomar, besar y follar como la última vez.”
“Prometido. El sábado apenas te vea, te follaré, sin darte respiro”
“Dios… Gabriel… me haces perder la cabeza y las locuras que me haces hacer. Ya cuento las horas para verte.”
"Yo también"
"Antes que se me olvide, necesito que reserves una habitación, un airbnb o cualquier cosa, ya que me quedaré hasta el viernes en casa de unos primos"
Pasaron unos minutos, hasta que le dije:
“Amor… ya tengo una habitación en un hotel reservada"
Tras esas conversaciones, mi mente estaba enfocada en buscar una excusa para Paulina para que no sospechara que estaria con otra mujer, asi que les comenté que iria con mis padres a trabajar al campo familiar ese fin de semana, asi que el jueves nos quedamos juntos para una sesión maratonica de sexo para dejarla feliz antes de ir al sur.
Después del encuentro con Paulina, me fui a mi casa, me duché y fui a trabajar a mi oficina en Vitacura y a las 4pm, ya estaba saliendo de mi oficina y a las 5pm estaba en Buin y pase a tomar once con Paulina en una cafetería de Buin y de ese encuentro, nos volveriamos a ver el lunes. A eso de las 7pm, para irme con tranquilidad, le dije:
—En un rato más salgo. Llegaré a mi casa y creo que saldré de mi casa a las 12 o 1 para llegar al amanecer a mi campo, asi que me voy a dormir, ya que manejaré toda la madrugada.
—Ya mi amor, estamos hablando y nos vemos el lunes...
—Te Amo
—Te Amo Paulina
Tras eso, nos fuimos en mi auto, la fui a dejar a su casa, no sin antes besarnos y manosearnos en la entrada de su casa, pero con mi mente pensando en que en pocas horas estaría con Sandra. Al llegar a mi casa, me tiendo en la cama, tomo mi celular y le escribo a Sandra:
"Ya no encuentro el momento de tenerte en mis brazos al amanecer”
Casi sin esperar, me llega un mensaje de Sandra diciendo:
“Estaré mojada y esperándote sin ropa interior.”
Antes de tirarme a mi cama, ordené mi mochila para dejarla en mi auto y luego salir sin demora. Tras eso, me recoste, coloqué la alarma a las 1am para asi llegar tipo 7am a Concepción y con un descanso de por medio, pero Sandra me envia una foto:
“Así estoy ahora… ¿te imaginas lo que habrá debajo?”
Salía frente a un espejo, con un babydoll rojo, sentada en su silla de ruedas, mostrando un tirante caído y un poco de piel de su pecho.
“Con esas fotos no me dejas opción, voy a manejar con el pene duro todo el camino. Prepárate, Sandra, que llegaré con un hambre que no te dará tregua.”
“Conduce con cuidado, amor… pero apúrate. Estoy acostada boca abajo, sin calzones… rozando la sábana con mi clítoris y pensando en tu lengua. Quiero que me folles desde la madrugada, aunque llegue molida el domingo de tanto sexo.”
Con este mensaje, fue inevitable masturbarme, pero sin llegar al orgasmo y me quedé dormido tipo 20hrs, para despertar totalmente descansado a eso de las 1am, ahi me duché, me vestí y le escribí
“Ya voy saliendo. Aun tengo tu imagen en babydoll en mi cabeza. Te Amo"
Para mi sorpresa al par de minutos me responde:
"Maneja con cuidado. Quiero irme a la cama contigo. Te Amo”
Le mandé mi ubicación en tiempo real y solo restaba manejar rápido. Todo estaba coordinado, Sandra se estaría quedando en una habitación de un Hotel por el sector del Mall Trebol y Aeropuerto y con lo conversado, ella estaría esperándome en la entrada.
Eran cerca de 4am y el cansancio me pasaba la cuenta, asi que me detuve por un café y le escribí:
“Voy en Talca recién. Me quedan unas 3 horas. Y estoy contando los kilómetros como si fueran tus besos.”
“Mmm… yo también estoy contando los segundos por verte. ¿Sabes qué estoy haciendo ahora? Me estoy metiendo dos dedos, imaginando que es tu pene. Estoy en la cama, gimiendo bajito, pero conteniéndome porque quiero explotar solo cuando llegues.”
Y antes de responderle, me manda un audio jadeando:
“Estoy tan mojada… no puedo más. Me estoy tocando como si fueras tú, pero no me corro… quiero guardarme para que tú lo hagas en persona, apenas llegues.”
Con esos mensajes, mi pene estaba como piedra, asi que en el auto, me baje un poco el jeans y empecé a masturbarme dentro de mi auto y aprovechando, le envié unas fotos de mi pene erecto. Y luego de tomarme el pene en el auto, calmé un poco mi ansiedad, me tomé el café en unos sorbos y me escribe:
"Ya lo quiero sentir dentro"
"Te deseo amor… ya casi siento tu olor.”
“Apura, amor. Tengo las piernas abiertas, esperándote. Cuando entres, no quiero besos suaves… quiero que me rompas de una, que me folles contra el muro, con fuerza. Te necesito adentro ya.”
El trayecto entre Talca y Chillán por la ruta 5 fue muy rápido y minutos antes de las 7 estaba ya entrando a Concepción, en donde me detengo al salir de la autopista del Itata, en donde aproveché de tomarme un par de azulitas de 100mg, ya que el día previo había tenido relaciones con Paulina, y si bien no tengo problemas de erección, me gusta reponerme rápido del periodo refractario post orgasmo y asi rendir más y uso el viagra para que después de un orgasmo, pueda volver a estar duro con rapidez.
De esa detención, me dirigí al hotel en donde Sandra me estaría esperando, asi que llegué a los minutos, estacioné mi auto y en un pasillo del costado de la recepción aparece en sillas de ruedas. Vestía unos pantalones de tela, chaqueta oscura cerrada (lo que me hizo presumir que no llevaba nada bajo la chaqueta), un gorro de lana y esa sonrisa suya que me derrite.
Realicé el respectivo check in, confirmando que yo habia dejado todo listo y al darme el pase, me dirigí a donde estaba Sandra y nos abrazamos fuerte, largo y con un beso corto. Me puse detras de ella y empecé a empujar su silla, hasta dejar detras la recepción, avancé vi un espacio de pasillo que daba a la escalera de emergencia y alli me detuve, me puse frente a ella, rozando mi erección frente a ella y la levanto con fuerza, en donde se aferra a mi y nos besamos. En ese beso, le bajé un poco el cierre de la chaqueta y efectivamente vi un tirante rojo que reconocí de inmediato, ya que lo había visto en una foto unas horas antes. Tras ese beso, la bajé a la silla, anduvimos unos pasos y llegamos a la habitación que era bastante bonita y amplia, asi que entramos y apenas que cerramos la puerta, le bajé el cierre de su chaqueta y aparece su babydoll rojo, con rapidez la tomo en brazos y la llevo a la cama, en donde la tiendo de espalda, alli le quito su pantalones y no llevaba bajo. Luego con rapidez me desnudé y me lancé sobre ella, mpecé a meter mis manos bajo la copa del babydoll, dejando sus tetas libres y se los devoré con mi boca, ella jadeaba, se reía nerviosa, y me empujaba hacia la arriba.
Como mi pene ya estaba duro, ella abrió las piernas de inmediato y me hundí entre ellas, besando su vientre, su pubis, hasta llegar a su sexo húmedo. Pasé mi lengua lento por toda su vulva y ella se arqueó, gimiendo.
—Te extrañé tanto… —susurró.
La lamí hasta hacerla temblar, hasta que con sus muslos hundió mi cabeza entre sus piernas, dando un gemido tan fuerte que se escucho desde fuera de la habitación. Tras su intenso orgasmo, no perdí ni un segundo, me subí sobre ella y de un solo movimiento, la poenetré despacio pero profundo.
Su cuerpo me recibió como si hubiese estado esperándome todo ese tiempo. Gemía bajo, me arañaba la espalda y yo la follaba lento, luego más fuerte, hasta que se volvió a correr convulsionando, mojándome los muslos. Seguí embistiéndola hasta que me vine dentro, descargando todo lo acumulado desde la noche anterior.
Luego de ese orgasmo inicial, nos quedamos juntos en la cama y la mañana la pasamos entre caricias, sexo suave y ternura. Luego salimos a pasear por la caleta Lenga, almorzamos y mientras contemplabamos el mar como dos enamorados, ella me susurró en el oído:
—Llévame a un lugar donde podamos perdernos.
No hizo falta más. Tomé el auto y nos fuimos rumbo a Santa Juana. Cruzamos Concepción, había un poco de transito y a eso de las 4pm tomamos la carretera de la Madera, la cual estaba tranquila y el paisaje a un costado era el Rio Bio Bio y al otro bosques y campos. A medida que nos alejabamos del Concepción, Sandra empezó a acariciarme el muslo. Primero con disimulo, luego con más intención. Su mano subió por mi pierna hasta apretarme la entrepierna.
—Maneja… pero no te detengas —dijo con esa voz que me mata.
Bajó mi cierre del pantalón, sacó mi pene duro y lo envolvió con su mano. Lo masturbaba lento, mirándome con los ojos brillantes. Sabiendo que ella queria algo más y como ya estábamos dejando atrás San Pedro de la Paz, me detuve a un costado del camino y ella se inclinó más y se metió mi pene en su boca, chupándome con ansias, mientras yo intentaba no eyacular.
—Mierda… Sandra… —gemí, apretando los dientes.
Su lengua recorría todo mi glande, succionaba profundo y me miraba desde abajo, mientras gozaba torturandome. Hasta que le dije:
—Nos faltan como media hora para llegar al campo familiar, no iremos para allá, pero si cerca y allí quiero hacerte mia en el auto.
Tras cobrar la tranquilidad, volvi a manejar rapido y en media hora llegamos a Santa Juana y tomamos un desvio hacia el interior, en donde empezaba un camino forestal y avancé unos 20 minutos más y entre pinos, eucaliptos, detuve el auto, me bajé, abri la puerta del portamaletas que es más amplia, alli fui al lado del copiloto, la ayudé a salir del auto y la senté en el espacio del portaequipaje, alli sin decir palabras, se abrio de piernas (llevaba un vestido de una pieza y una chaqueta), corrio su tanguita, me baje los pantalones y le clavé mi pene hasta el fondo de un solo golpe.
—¡Ohhh! —gritó, arqueando la espalda.
Mientras la penetraba, el auto se movia con cada embestida. La sujeté por la cintura, la penetré hacia arriba y ella gemía contra mi boca, mordiéndome los labios. El auto se llenó de nuestros jadeos y el golpeteo húmedo de su sexo.
Con mucha rapidez llegamos al orgamos, primero ella y mientras convulsionaba del orgasmo, me corrí dentro de ella y nos quedamos un rato jadeando, sudados, abrazados dentro del auto detenido en medio de un camino rural, pero con una idea que me ayudaría a justificarme con Paulina.
—Hagamos un cambio de planes, quedemosnos aqui.
—¿Y el hotel que tenemos en Conce?
—Se queda allá, estamos cerca del campo familiar, pero espera que haré un par de llamadas.
Llame a mis padres, consultando como estaba la cabaña y me dicen que habian ido hace 2 semanas, que la llave se las pidiera a un vecino y que comprara cosas perecibles.
—Volvamos a Santa Juana, compremos unas cosas y nos quedamos en la cabaña.
—Ok mi amor.
Tras esas conversaciones, nos quedamos un rato contemplando el atarceder de invierno, en donde ya el sal empezaba a desaparecer., asi que tomé el auto y fuimos a Santa Juana a comprar cosas para esa noche (desde pan, algo de comida, un trago y volvimos ya a oscuras a la cabaña, la cual es aislada de casas en la cercania, entre los cerros y bosques estaba. Lo primero que hice fue prender la salamandra y el olor a leña lleno el ambiente de una. Tras sacar las cosas del auto y sentarnos en el living, nos besamos y de pronto me dice:
—Quiero sentirte en cuatro
Ella baja del sillon, se apoya de rodillas en el piso de la cabaña, le levanto su vestido, le corro su taguita ya mojada, coloco mi pene en la entrada de su vagina y la penetré fuerte, rápido, mientras sus gritos rebotaban en las paredes de madera.
—Más fuerte… fóllame como si fuera la última vez —gritaba.
Tras follarla asi un rato, la levanté en mis brazos, con sus piernas alrededor de mi cintura, y la llevé hasta la cama sin sacarla de mí. La tiré sobre las sábanas y la acomodé de rodillas, follandola por detrás, viendo cómo su culo rebotaba contra mí. Mis manos apretaban sus nalgas, mi pene entraba hasta el fondo y ella se retorcía, gimiendo salvaje.
Luego me pidió que me tumbara. Con cuidado me montó muy despacio primero, moviendo sus caderas en círculos, apretando mis muñecas contra el colchón. Yo miraba sus pechos rebotar con cada movimiento, su pelo suelto cayendo sobre su cara, y la veía perderse en su propio placer.
—Dame todo, Gabriel… quiero acabar sobre ti… —jadeó.
Se cabalgó hasta correrse con violencia, empapándome con sus fluidos, mojando la cama. Yo la sujeté por la cintura y la penetré desde abajo con embestidas rápidas, hasta que exploté dentro de ella, gritando su nombre.
De ese encuentro, nos quedamos abrazados y desnudos, pero eso no acabó ahí, ya que después de tomar once, volvimos a tener sexo en el living frente al fuego y disfruté de sus mamadas en donde ella chupaba mi pene con los ojos clavados en los míos.
El domingo nos despertamos tarde, con los cuerpos adoloridos pero satisfechos. Sandra estaba abrazada a mí, con una pierna sobre mi cuerpo, respirando tranquila. La desperté con mis dedos en su conchita húmedo y pronto me montó otra vez, follándome lento, mirándome a los ojos. Fue un polvo distinto: tierno, lento, lleno de amor.
Después del desayuno recogimos nuestras cosas, ordené la casa y regresamos a Concepción a media mañana. El viaje a esta ciudad estaba cargado de melancolía, ya que estaba mentalizado en que llegariamos al hotel, eventualmente nos dariamos un polvo más y nos debiamos despedir. En el camino, llamé al Hotel solicitando una extensión de la estadia hasta la noche, la cual accedieron sin problemas, asi que volvimos a pasar a Caleta Lenga a almorzar, pasamos la tarde piel con piel desnudos, hasta que a las 8pm nos fuimos del hotel, la dejé en el terminal y antes de subir al bus me besó con fuerza, con lágrimas en los ojos.
—Esto nunca termina, amor —me dijo.
—Nunca —le respondí, acariciando su cara.
Con mi ayuda la dejé en el bus, el asistente guardó su silla en el portaequipaje. Dentro del bus nos besamos como si el mundo se fuera a acabar y me bajé, no sin antes decirnos mutuamente "Te amo". Tras bajarme del bus, este partió casi enseguida y la vi alejarse y sentí que se llevaba un pedazo de mí. Yo tenía los ojos húmedos, como si quisiera quedarse y no pudiera. También me quedé con la garganta apretada, con la certeza de que cada reencuentro sería más intenso que el anterior, y con la seguridad de que más pronto que tarde volveríamos a vernos, ya que habian pasado varios años sin vernos, pero desde marzo hasta agosto ya nos habíamos encontrado tres veces y ambos sabíamos que intentaríamos vernos al menos una vez más antes de fin de año.
Después de dejar a Sandra en el terminal de buses, manejé rumbo a Caleta Lenga. Estacioné el auto frente a la playa y me quedé unos minutos mirando el mar, recordando que horas antes habia estado con ella en ese lugar. La noche estaba opaca, el agua brillaba débilmente con la luz de los postes y yo todavía llevaba su olor impregnado en las manos, en los labios, en la ropa. Dos días de sexo, complicidad y ternura se me agolpaban en la memoria como un sueño demasiado real.
En ese momento no pude evitar llorar un poco, asi que le escribí varios mensajes los que me respondió al instante y me decia que lo había pasado increíble, que le encantaba mi compañía, que anhelaba un nuevo encuentro pronto. Su tono era suave, amoroso, cargado de deseo y nostalgia. Y yo pensaba que Sandra podría haber sido mi pareja desde hace veinte años, que nunca me hubiera importado su discapacidad, porque lo que sentía por ella siempre fue más fuerte.
También pensaba en su marido. Más de quince años a su lado, ignorante de que su mujer aún ama a otro, de que ese otro la deja llena de semen en su interior mientras ella le jura amor eterno y que ese otro soy yo. Y en medio de esa maraña de recuerdos y culpas, apareció Paulina en mi mente: apenas llevábamos unos meses juntos, pero la vida sexual con ella era fabulosa, arrasadora, pero sin embargo, la intensidad emocional con Sandra tenía un peso distinto, como si habitara en un rincón del alma que nadie más podía tocar.
Eran muchas cosas en qué pensar, demasiadas. Pero los hechos ya estaban ahí, consumados, con el riesgo latente de hacer daño si algún día se ventilaban. Pasadas las diez de la noche, seguía estacionado frente a la playa cuando mi celular vibró. Era Paulina en donde me mandaba una foto suya en la cama en topless, con un mensaje que decía:
“¿Te arrancarías el próximo fin de semana a la playa?”
Sonreí cansado, con el corazón dividido y la mente encendida. Guardé silencio interiormente por Sandra, prometiéndome que en adelante quedaría solo como recuerdo. Y le respondí a Paulina con un simple “ok”, agregando que estaba agotado y que viajaría al amanecer hacia Santiago. Al mandarle ese "ok" tan frio, la llame, diciendo que no podía con mi cuerpo, que necesitaba dormir aunque fueran unas horas y estuvimos al teléfono cerca de media hora. Reconozco que al decirle que estaba en Concepción le llamó la atención, ya que no estaba en el campo, pero le dije que habia salido de noche para llegar antes del amanecer a mi casa, pero al llegar a la capital penquista, me llegó el cansancio y que me iba a quedar por aqui. Dicho eso, reservé una habitación en un hotel cercano que encontré en Google y me fui a acostar, no sin antes hacer una videollamada con Paulina (para demostrarle que estaba solo) y para luego masturbarme pensando en Sandra, recordando cómo me cabalgaba con fuerza, cómo sus uñas se marcaban en la espalda y cómo me miraba directo a los ojos al decirme que me amaba mientras me sentía venir dentro de ella.
Me quedé dormido con esas imágenes clavadas en la mente.
A las cuatro de la mañana emprendí el regreso. Conducía hacia el norte con esa mezcla de vacío y satisfacción que solo dejan los encuentros prohibidos. Cada kilómetro me traía flashes: Sandra encima mío, lamiendome el cuello, gimiendo fuerte, apretando mi cintura con sus muslos, pidiéndome que no parara. Esa intensidad me tenía todavía temblando al volante.
A la altura de Linares el cielo empezaba a aclararse. Me detuve en una bencinera, encendí un café y escribí prácticamente lo mismo a las dos:
A Sandra le escribí “Te amo, necesito verte pronto.”
A Paulina "Te amo, nos vemos a la noche"
Sandra respondió minutos después con ternura: “Ya estoy llegando, te amo.”
Paulina, en cambio, me contestó de inmediato con una foto desnuda frente al espejo, recién levantada, su piel desnuda antes de entrar a la ducha. Le propuse una videollamada y cuando contestó, estaba ya bajo el agua con el pelo pegado, los pezones duros, el agua recorriendo su cuerpo mientras me sonreía con picardía. Me tocaba mirándola, y estaba duro como piedra, mientras ella se tocaba los pezones y se abría la concha bajo la ducha, jadeando para mí. No duró mucho, porque los dos sabíamos que lo bueno vendría en la noche.
Colgué excitado, con el pene palpitante y retomé el camino a casa.
Llegué a mi casa cerca de las diez de la mañana. Sandra me pidió una nueva videollamada y terminé masturbándome con ella, escuchando cómo se tocaba al otro lado de la pantalla, diciéndome que aún tenía mi semen dentro, que lo sentía al andar. Acabé fuerte y me fui a la ducha inmediatamente después y traté de enfocarme un par de horas en el trabajo.
Pero todo el día lo pasé con el cuerpo eléctrico, contando las horas hasta las siete de la tarde, en donde me tomé una azul, ya que Paulina llegó a mi casa (y me habia dicho que se quedaría), la recibí con un beso largo en la puerta. Me tragué sus labios con hambre, la tomé de la cintura y la apreté contra mí. Ella notó mi erección al instante y sonrió, mordiéndome el labio. Sabia que la noche sería larga.
Nos desnudamos entre risas y jadeos, como dos pololos enamorados y calientes. Su piel ardía, sus pezones estaban duros y la sentí húmeda de inmediato. Me monté sobre ella, la besé desde el cuello hasta el ombligo y me hundí entre sus piernas. La devoré con ansias, chupándole el clítoris con fuerza, mientras ella se retorcía y gemía mi nombre. Se corrió rápido, mojándome la boca, y me tiró encima de su cuerpo.
—Quiero que me folles toda la noche… —me susurró con voz sexy.
La penetré de una sola embestida, profundo, con fuerza. Ella me envolvía con sus piernas y me arañaba la espalda, gritando cada vez que la embestía más duro. La volteé, la puse en cuatro, y mientras la sujetaba de las caderas le di con toda la potencia que me permitía el cuerpo. Su culo rebotaba contra mi pelvis, el cuarto se llenaba de nuestros gemidos, del sonido húmedo de su concha tragándome entero.
Me corrí adentro con un gemido ahogado y ni siquiera me había retirado cuando ella ya me estaba pidiendo otra ronda. La pastilla hizo su efecto: seguí duro, listo para volver a empezar. La monté de nuevo, más lento esta vez, mirándola a los ojos, besándola con ternura, recordando en silencio que apenas un día antes había estado dentro de otra mujer.
Esa noche con Paulina fue un torbellino de sexo, sudor, besos, caricias y palabras calientes hasta quedar exhaustos. Pero mientras la abrazaba al dormir, mi mente seguía dividida: un pedazo se había quedado en Concepción con Sandra y otro ardía en mi cama, abrazando a Paulina.
Y fue entonces, con ella dormida sobre mi pecho, cuando entendí el contraste entre ambas.
Por un lado Sandra me llenaba el alma, con un amor profundo, casi prohibido, que llevaba más de veinte años latente y que me hacía sentir amado de un modo único.
Paulina, en cambio, me devoraba el cuerpo una llama joven, ardiente, insaciable, que me hacía olvidar todo y entregarme al puro placer.
Una me ataba al pasado y a lo imposible.
La otra me arrastraba al presente y a lo prohibido.
Yo, en medio de ambas, sin poder ni querer escapar.
Era lunes de la última semana de agosto, había pasado un fin de semana de lujuria en compañía de Paulina y yo estaba en mi casa trabajando, en plena reunión, cuando me llega un WhatsApp inesperado de Sandra diciendo:
“Amor, estaré en Concepción desde mañana hasta el viernes en la tarde. Tengo cosas que hacer allá.”
A lo cual a los minutos le respondo
“Concepción… uff, qué ganas de ir yo también.”
Y empezamos con una serie de mensajes:
“Si tú quisieras venir… yo podría quedarme hasta el domingo. Cambiaría mi pasaje sin problemas, pero solo si vienes. No quiero estar allá sin ti.”
A lo cual respondí
“¿Me lo estás diciendo en serio? Porque si es así, el viernes en la noche agarro el auto y llego directo donde estés.”
“En serio. Haría lo que fuera por estar esos días contigo. Quiero que volvamos a vivir lo que pasó en Viña hace unos meses… Te necesito, Gabriel.”
“Entonces está decidido. Manejo toda la noche si es necesario. El sábado a primera hora estaré en Concepción para devorarte, asi que cambia ese pasaje. Quédate hasta el domingo por mí, y hagamos que cada minuto valga juntos”
Pasarón varios minutos sin tener respuesta, hasta que me escribe
“Ya está hecho, amor. Me quedaré, ahora prométeme que solo me vas a tomar, besar y follar como la última vez.”
“Prometido. El sábado apenas te vea, te follaré, sin darte respiro”
“Dios… Gabriel… me haces perder la cabeza y las locuras que me haces hacer. Ya cuento las horas para verte.”
"Yo también"
"Antes que se me olvide, necesito que reserves una habitación, un airbnb o cualquier cosa, ya que me quedaré hasta el viernes en casa de unos primos"
Pasaron unos minutos, hasta que le dije:
“Amor… ya tengo una habitación en un hotel reservada"
Tras esas conversaciones, mi mente estaba enfocada en buscar una excusa para Paulina para que no sospechara que estaria con otra mujer, asi que les comenté que iria con mis padres a trabajar al campo familiar ese fin de semana, asi que el jueves nos quedamos juntos para una sesión maratonica de sexo para dejarla feliz antes de ir al sur.
Después del encuentro con Paulina, me fui a mi casa, me duché y fui a trabajar a mi oficina en Vitacura y a las 4pm, ya estaba saliendo de mi oficina y a las 5pm estaba en Buin y pase a tomar once con Paulina en una cafetería de Buin y de ese encuentro, nos volveriamos a ver el lunes. A eso de las 7pm, para irme con tranquilidad, le dije:
—En un rato más salgo. Llegaré a mi casa y creo que saldré de mi casa a las 12 o 1 para llegar al amanecer a mi campo, asi que me voy a dormir, ya que manejaré toda la madrugada.
—Ya mi amor, estamos hablando y nos vemos el lunes...
—Te Amo
—Te Amo Paulina
Tras eso, nos fuimos en mi auto, la fui a dejar a su casa, no sin antes besarnos y manosearnos en la entrada de su casa, pero con mi mente pensando en que en pocas horas estaría con Sandra. Al llegar a mi casa, me tiendo en la cama, tomo mi celular y le escribo a Sandra:
"Ya no encuentro el momento de tenerte en mis brazos al amanecer”
Casi sin esperar, me llega un mensaje de Sandra diciendo:
“Estaré mojada y esperándote sin ropa interior.”
Antes de tirarme a mi cama, ordené mi mochila para dejarla en mi auto y luego salir sin demora. Tras eso, me recoste, coloqué la alarma a las 1am para asi llegar tipo 7am a Concepción y con un descanso de por medio, pero Sandra me envia una foto:
“Así estoy ahora… ¿te imaginas lo que habrá debajo?”
Salía frente a un espejo, con un babydoll rojo, sentada en su silla de ruedas, mostrando un tirante caído y un poco de piel de su pecho.
“Con esas fotos no me dejas opción, voy a manejar con el pene duro todo el camino. Prepárate, Sandra, que llegaré con un hambre que no te dará tregua.”
“Conduce con cuidado, amor… pero apúrate. Estoy acostada boca abajo, sin calzones… rozando la sábana con mi clítoris y pensando en tu lengua. Quiero que me folles desde la madrugada, aunque llegue molida el domingo de tanto sexo.”
Con este mensaje, fue inevitable masturbarme, pero sin llegar al orgasmo y me quedé dormido tipo 20hrs, para despertar totalmente descansado a eso de las 1am, ahi me duché, me vestí y le escribí
“Ya voy saliendo. Aun tengo tu imagen en babydoll en mi cabeza. Te Amo"
Para mi sorpresa al par de minutos me responde:
"Maneja con cuidado. Quiero irme a la cama contigo. Te Amo”
Le mandé mi ubicación en tiempo real y solo restaba manejar rápido. Todo estaba coordinado, Sandra se estaría quedando en una habitación de un Hotel por el sector del Mall Trebol y Aeropuerto y con lo conversado, ella estaría esperándome en la entrada.
Eran cerca de 4am y el cansancio me pasaba la cuenta, asi que me detuve por un café y le escribí:
“Voy en Talca recién. Me quedan unas 3 horas. Y estoy contando los kilómetros como si fueran tus besos.”
“Mmm… yo también estoy contando los segundos por verte. ¿Sabes qué estoy haciendo ahora? Me estoy metiendo dos dedos, imaginando que es tu pene. Estoy en la cama, gimiendo bajito, pero conteniéndome porque quiero explotar solo cuando llegues.”
Y antes de responderle, me manda un audio jadeando:
“Estoy tan mojada… no puedo más. Me estoy tocando como si fueras tú, pero no me corro… quiero guardarme para que tú lo hagas en persona, apenas llegues.”
Con esos mensajes, mi pene estaba como piedra, asi que en el auto, me baje un poco el jeans y empecé a masturbarme dentro de mi auto y aprovechando, le envié unas fotos de mi pene erecto. Y luego de tomarme el pene en el auto, calmé un poco mi ansiedad, me tomé el café en unos sorbos y me escribe:
"Ya lo quiero sentir dentro"
"Te deseo amor… ya casi siento tu olor.”
“Apura, amor. Tengo las piernas abiertas, esperándote. Cuando entres, no quiero besos suaves… quiero que me rompas de una, que me folles contra el muro, con fuerza. Te necesito adentro ya.”
El trayecto entre Talca y Chillán por la ruta 5 fue muy rápido y minutos antes de las 7 estaba ya entrando a Concepción, en donde me detengo al salir de la autopista del Itata, en donde aproveché de tomarme un par de azulitas de 100mg, ya que el día previo había tenido relaciones con Paulina, y si bien no tengo problemas de erección, me gusta reponerme rápido del periodo refractario post orgasmo y asi rendir más y uso el viagra para que después de un orgasmo, pueda volver a estar duro con rapidez.
De esa detención, me dirigí al hotel en donde Sandra me estaría esperando, asi que llegué a los minutos, estacioné mi auto y en un pasillo del costado de la recepción aparece en sillas de ruedas. Vestía unos pantalones de tela, chaqueta oscura cerrada (lo que me hizo presumir que no llevaba nada bajo la chaqueta), un gorro de lana y esa sonrisa suya que me derrite.
Realicé el respectivo check in, confirmando que yo habia dejado todo listo y al darme el pase, me dirigí a donde estaba Sandra y nos abrazamos fuerte, largo y con un beso corto. Me puse detras de ella y empecé a empujar su silla, hasta dejar detras la recepción, avancé vi un espacio de pasillo que daba a la escalera de emergencia y alli me detuve, me puse frente a ella, rozando mi erección frente a ella y la levanto con fuerza, en donde se aferra a mi y nos besamos. En ese beso, le bajé un poco el cierre de la chaqueta y efectivamente vi un tirante rojo que reconocí de inmediato, ya que lo había visto en una foto unas horas antes. Tras ese beso, la bajé a la silla, anduvimos unos pasos y llegamos a la habitación que era bastante bonita y amplia, asi que entramos y apenas que cerramos la puerta, le bajé el cierre de su chaqueta y aparece su babydoll rojo, con rapidez la tomo en brazos y la llevo a la cama, en donde la tiendo de espalda, alli le quito su pantalones y no llevaba bajo. Luego con rapidez me desnudé y me lancé sobre ella, mpecé a meter mis manos bajo la copa del babydoll, dejando sus tetas libres y se los devoré con mi boca, ella jadeaba, se reía nerviosa, y me empujaba hacia la arriba.
Como mi pene ya estaba duro, ella abrió las piernas de inmediato y me hundí entre ellas, besando su vientre, su pubis, hasta llegar a su sexo húmedo. Pasé mi lengua lento por toda su vulva y ella se arqueó, gimiendo.
—Te extrañé tanto… —susurró.
La lamí hasta hacerla temblar, hasta que con sus muslos hundió mi cabeza entre sus piernas, dando un gemido tan fuerte que se escucho desde fuera de la habitación. Tras su intenso orgasmo, no perdí ni un segundo, me subí sobre ella y de un solo movimiento, la poenetré despacio pero profundo.
Su cuerpo me recibió como si hubiese estado esperándome todo ese tiempo. Gemía bajo, me arañaba la espalda y yo la follaba lento, luego más fuerte, hasta que se volvió a correr convulsionando, mojándome los muslos. Seguí embistiéndola hasta que me vine dentro, descargando todo lo acumulado desde la noche anterior.
Luego de ese orgasmo inicial, nos quedamos juntos en la cama y la mañana la pasamos entre caricias, sexo suave y ternura. Luego salimos a pasear por la caleta Lenga, almorzamos y mientras contemplabamos el mar como dos enamorados, ella me susurró en el oído:
—Llévame a un lugar donde podamos perdernos.
No hizo falta más. Tomé el auto y nos fuimos rumbo a Santa Juana. Cruzamos Concepción, había un poco de transito y a eso de las 4pm tomamos la carretera de la Madera, la cual estaba tranquila y el paisaje a un costado era el Rio Bio Bio y al otro bosques y campos. A medida que nos alejabamos del Concepción, Sandra empezó a acariciarme el muslo. Primero con disimulo, luego con más intención. Su mano subió por mi pierna hasta apretarme la entrepierna.
—Maneja… pero no te detengas —dijo con esa voz que me mata.
Bajó mi cierre del pantalón, sacó mi pene duro y lo envolvió con su mano. Lo masturbaba lento, mirándome con los ojos brillantes. Sabiendo que ella queria algo más y como ya estábamos dejando atrás San Pedro de la Paz, me detuve a un costado del camino y ella se inclinó más y se metió mi pene en su boca, chupándome con ansias, mientras yo intentaba no eyacular.
—Mierda… Sandra… —gemí, apretando los dientes.
Su lengua recorría todo mi glande, succionaba profundo y me miraba desde abajo, mientras gozaba torturandome. Hasta que le dije:
—Nos faltan como media hora para llegar al campo familiar, no iremos para allá, pero si cerca y allí quiero hacerte mia en el auto.
Tras cobrar la tranquilidad, volvi a manejar rapido y en media hora llegamos a Santa Juana y tomamos un desvio hacia el interior, en donde empezaba un camino forestal y avancé unos 20 minutos más y entre pinos, eucaliptos, detuve el auto, me bajé, abri la puerta del portamaletas que es más amplia, alli fui al lado del copiloto, la ayudé a salir del auto y la senté en el espacio del portaequipaje, alli sin decir palabras, se abrio de piernas (llevaba un vestido de una pieza y una chaqueta), corrio su tanguita, me baje los pantalones y le clavé mi pene hasta el fondo de un solo golpe.
—¡Ohhh! —gritó, arqueando la espalda.
Mientras la penetraba, el auto se movia con cada embestida. La sujeté por la cintura, la penetré hacia arriba y ella gemía contra mi boca, mordiéndome los labios. El auto se llenó de nuestros jadeos y el golpeteo húmedo de su sexo.
Con mucha rapidez llegamos al orgamos, primero ella y mientras convulsionaba del orgasmo, me corrí dentro de ella y nos quedamos un rato jadeando, sudados, abrazados dentro del auto detenido en medio de un camino rural, pero con una idea que me ayudaría a justificarme con Paulina.
—Hagamos un cambio de planes, quedemosnos aqui.
—¿Y el hotel que tenemos en Conce?
—Se queda allá, estamos cerca del campo familiar, pero espera que haré un par de llamadas.
Llame a mis padres, consultando como estaba la cabaña y me dicen que habian ido hace 2 semanas, que la llave se las pidiera a un vecino y que comprara cosas perecibles.
—Volvamos a Santa Juana, compremos unas cosas y nos quedamos en la cabaña.
—Ok mi amor.
Tras esas conversaciones, nos quedamos un rato contemplando el atarceder de invierno, en donde ya el sal empezaba a desaparecer., asi que tomé el auto y fuimos a Santa Juana a comprar cosas para esa noche (desde pan, algo de comida, un trago y volvimos ya a oscuras a la cabaña, la cual es aislada de casas en la cercania, entre los cerros y bosques estaba. Lo primero que hice fue prender la salamandra y el olor a leña lleno el ambiente de una. Tras sacar las cosas del auto y sentarnos en el living, nos besamos y de pronto me dice:
—Quiero sentirte en cuatro
Ella baja del sillon, se apoya de rodillas en el piso de la cabaña, le levanto su vestido, le corro su taguita ya mojada, coloco mi pene en la entrada de su vagina y la penetré fuerte, rápido, mientras sus gritos rebotaban en las paredes de madera.
—Más fuerte… fóllame como si fuera la última vez —gritaba.
Tras follarla asi un rato, la levanté en mis brazos, con sus piernas alrededor de mi cintura, y la llevé hasta la cama sin sacarla de mí. La tiré sobre las sábanas y la acomodé de rodillas, follandola por detrás, viendo cómo su culo rebotaba contra mí. Mis manos apretaban sus nalgas, mi pene entraba hasta el fondo y ella se retorcía, gimiendo salvaje.
Luego me pidió que me tumbara. Con cuidado me montó muy despacio primero, moviendo sus caderas en círculos, apretando mis muñecas contra el colchón. Yo miraba sus pechos rebotar con cada movimiento, su pelo suelto cayendo sobre su cara, y la veía perderse en su propio placer.
—Dame todo, Gabriel… quiero acabar sobre ti… —jadeó.
Se cabalgó hasta correrse con violencia, empapándome con sus fluidos, mojando la cama. Yo la sujeté por la cintura y la penetré desde abajo con embestidas rápidas, hasta que exploté dentro de ella, gritando su nombre.
De ese encuentro, nos quedamos abrazados y desnudos, pero eso no acabó ahí, ya que después de tomar once, volvimos a tener sexo en el living frente al fuego y disfruté de sus mamadas en donde ella chupaba mi pene con los ojos clavados en los míos.
El domingo nos despertamos tarde, con los cuerpos adoloridos pero satisfechos. Sandra estaba abrazada a mí, con una pierna sobre mi cuerpo, respirando tranquila. La desperté con mis dedos en su conchita húmedo y pronto me montó otra vez, follándome lento, mirándome a los ojos. Fue un polvo distinto: tierno, lento, lleno de amor.
Después del desayuno recogimos nuestras cosas, ordené la casa y regresamos a Concepción a media mañana. El viaje a esta ciudad estaba cargado de melancolía, ya que estaba mentalizado en que llegariamos al hotel, eventualmente nos dariamos un polvo más y nos debiamos despedir. En el camino, llamé al Hotel solicitando una extensión de la estadia hasta la noche, la cual accedieron sin problemas, asi que volvimos a pasar a Caleta Lenga a almorzar, pasamos la tarde piel con piel desnudos, hasta que a las 8pm nos fuimos del hotel, la dejé en el terminal y antes de subir al bus me besó con fuerza, con lágrimas en los ojos.
—Esto nunca termina, amor —me dijo.
—Nunca —le respondí, acariciando su cara.
Con mi ayuda la dejé en el bus, el asistente guardó su silla en el portaequipaje. Dentro del bus nos besamos como si el mundo se fuera a acabar y me bajé, no sin antes decirnos mutuamente "Te amo". Tras bajarme del bus, este partió casi enseguida y la vi alejarse y sentí que se llevaba un pedazo de mí. Yo tenía los ojos húmedos, como si quisiera quedarse y no pudiera. También me quedé con la garganta apretada, con la certeza de que cada reencuentro sería más intenso que el anterior, y con la seguridad de que más pronto que tarde volveríamos a vernos, ya que habian pasado varios años sin vernos, pero desde marzo hasta agosto ya nos habíamos encontrado tres veces y ambos sabíamos que intentaríamos vernos al menos una vez más antes de fin de año.
Después de dejar a Sandra en el terminal de buses, manejé rumbo a Caleta Lenga. Estacioné el auto frente a la playa y me quedé unos minutos mirando el mar, recordando que horas antes habia estado con ella en ese lugar. La noche estaba opaca, el agua brillaba débilmente con la luz de los postes y yo todavía llevaba su olor impregnado en las manos, en los labios, en la ropa. Dos días de sexo, complicidad y ternura se me agolpaban en la memoria como un sueño demasiado real.
En ese momento no pude evitar llorar un poco, asi que le escribí varios mensajes los que me respondió al instante y me decia que lo había pasado increíble, que le encantaba mi compañía, que anhelaba un nuevo encuentro pronto. Su tono era suave, amoroso, cargado de deseo y nostalgia. Y yo pensaba que Sandra podría haber sido mi pareja desde hace veinte años, que nunca me hubiera importado su discapacidad, porque lo que sentía por ella siempre fue más fuerte.
También pensaba en su marido. Más de quince años a su lado, ignorante de que su mujer aún ama a otro, de que ese otro la deja llena de semen en su interior mientras ella le jura amor eterno y que ese otro soy yo. Y en medio de esa maraña de recuerdos y culpas, apareció Paulina en mi mente: apenas llevábamos unos meses juntos, pero la vida sexual con ella era fabulosa, arrasadora, pero sin embargo, la intensidad emocional con Sandra tenía un peso distinto, como si habitara en un rincón del alma que nadie más podía tocar.
Eran muchas cosas en qué pensar, demasiadas. Pero los hechos ya estaban ahí, consumados, con el riesgo latente de hacer daño si algún día se ventilaban. Pasadas las diez de la noche, seguía estacionado frente a la playa cuando mi celular vibró. Era Paulina en donde me mandaba una foto suya en la cama en topless, con un mensaje que decía:
“¿Te arrancarías el próximo fin de semana a la playa?”
Sonreí cansado, con el corazón dividido y la mente encendida. Guardé silencio interiormente por Sandra, prometiéndome que en adelante quedaría solo como recuerdo. Y le respondí a Paulina con un simple “ok”, agregando que estaba agotado y que viajaría al amanecer hacia Santiago. Al mandarle ese "ok" tan frio, la llame, diciendo que no podía con mi cuerpo, que necesitaba dormir aunque fueran unas horas y estuvimos al teléfono cerca de media hora. Reconozco que al decirle que estaba en Concepción le llamó la atención, ya que no estaba en el campo, pero le dije que habia salido de noche para llegar antes del amanecer a mi casa, pero al llegar a la capital penquista, me llegó el cansancio y que me iba a quedar por aqui. Dicho eso, reservé una habitación en un hotel cercano que encontré en Google y me fui a acostar, no sin antes hacer una videollamada con Paulina (para demostrarle que estaba solo) y para luego masturbarme pensando en Sandra, recordando cómo me cabalgaba con fuerza, cómo sus uñas se marcaban en la espalda y cómo me miraba directo a los ojos al decirme que me amaba mientras me sentía venir dentro de ella.
Me quedé dormido con esas imágenes clavadas en la mente.
A las cuatro de la mañana emprendí el regreso. Conducía hacia el norte con esa mezcla de vacío y satisfacción que solo dejan los encuentros prohibidos. Cada kilómetro me traía flashes: Sandra encima mío, lamiendome el cuello, gimiendo fuerte, apretando mi cintura con sus muslos, pidiéndome que no parara. Esa intensidad me tenía todavía temblando al volante.
A la altura de Linares el cielo empezaba a aclararse. Me detuve en una bencinera, encendí un café y escribí prácticamente lo mismo a las dos:
A Sandra le escribí “Te amo, necesito verte pronto.”
A Paulina "Te amo, nos vemos a la noche"
Sandra respondió minutos después con ternura: “Ya estoy llegando, te amo.”
Paulina, en cambio, me contestó de inmediato con una foto desnuda frente al espejo, recién levantada, su piel desnuda antes de entrar a la ducha. Le propuse una videollamada y cuando contestó, estaba ya bajo el agua con el pelo pegado, los pezones duros, el agua recorriendo su cuerpo mientras me sonreía con picardía. Me tocaba mirándola, y estaba duro como piedra, mientras ella se tocaba los pezones y se abría la concha bajo la ducha, jadeando para mí. No duró mucho, porque los dos sabíamos que lo bueno vendría en la noche.
Colgué excitado, con el pene palpitante y retomé el camino a casa.
Llegué a mi casa cerca de las diez de la mañana. Sandra me pidió una nueva videollamada y terminé masturbándome con ella, escuchando cómo se tocaba al otro lado de la pantalla, diciéndome que aún tenía mi semen dentro, que lo sentía al andar. Acabé fuerte y me fui a la ducha inmediatamente después y traté de enfocarme un par de horas en el trabajo.
Pero todo el día lo pasé con el cuerpo eléctrico, contando las horas hasta las siete de la tarde, en donde me tomé una azul, ya que Paulina llegó a mi casa (y me habia dicho que se quedaría), la recibí con un beso largo en la puerta. Me tragué sus labios con hambre, la tomé de la cintura y la apreté contra mí. Ella notó mi erección al instante y sonrió, mordiéndome el labio. Sabia que la noche sería larga.
Nos desnudamos entre risas y jadeos, como dos pololos enamorados y calientes. Su piel ardía, sus pezones estaban duros y la sentí húmeda de inmediato. Me monté sobre ella, la besé desde el cuello hasta el ombligo y me hundí entre sus piernas. La devoré con ansias, chupándole el clítoris con fuerza, mientras ella se retorcía y gemía mi nombre. Se corrió rápido, mojándome la boca, y me tiró encima de su cuerpo.
—Quiero que me folles toda la noche… —me susurró con voz sexy.
La penetré de una sola embestida, profundo, con fuerza. Ella me envolvía con sus piernas y me arañaba la espalda, gritando cada vez que la embestía más duro. La volteé, la puse en cuatro, y mientras la sujetaba de las caderas le di con toda la potencia que me permitía el cuerpo. Su culo rebotaba contra mi pelvis, el cuarto se llenaba de nuestros gemidos, del sonido húmedo de su concha tragándome entero.
Me corrí adentro con un gemido ahogado y ni siquiera me había retirado cuando ella ya me estaba pidiendo otra ronda. La pastilla hizo su efecto: seguí duro, listo para volver a empezar. La monté de nuevo, más lento esta vez, mirándola a los ojos, besándola con ternura, recordando en silencio que apenas un día antes había estado dentro de otra mujer.
Esa noche con Paulina fue un torbellino de sexo, sudor, besos, caricias y palabras calientes hasta quedar exhaustos. Pero mientras la abrazaba al dormir, mi mente seguía dividida: un pedazo se había quedado en Concepción con Sandra y otro ardía en mi cama, abrazando a Paulina.
Y fue entonces, con ella dormida sobre mi pecho, cuando entendí el contraste entre ambas.
Por un lado Sandra me llenaba el alma, con un amor profundo, casi prohibido, que llevaba más de veinte años latente y que me hacía sentir amado de un modo único.
Paulina, en cambio, me devoraba el cuerpo una llama joven, ardiente, insaciable, que me hacía olvidar todo y entregarme al puro placer.
Una me ataba al pasado y a lo imposible.
La otra me arrastraba al presente y a lo prohibido.
Yo, en medio de ambas, sin poder ni querer escapar.
