Relato: La Monjita de los panes

Basilisko

Usuario Nuevo nvl. 1
10 Nov 2011
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Esta historia, me la contó mi querida abuela, y no saben como la odie por semanas por regalarme un horror tan tremendo a tan temprana edad. Si bien puede que sea en un 99.9% leyenda urbana, hay algunos atisbos de realidad que no dejan de impresionar.

La Monjita de los Panes

Un relato de noche de infancia.

Se comenta que en el Santiago Antiguo, por allá por 1920, había una joven monja que formaba parte de la orden religiosa de los Agustinos. Todas las mañanas muy temprano, repartía apetitosos Sandwiches a todos los mendigos que se quedaban a dormir cerca de estación central, los que con el tiempo la apodaron como la “Monjita de los panes”. Con el tiempo y el aumento considerable de pobres, esta hermana de la caridad se convirtió en el sustento diario para quienes veían como el progreso dejaba de lado.


Todo el mundo comentaba como hacia la joven religiosa para comprar la generosa cantidad de comida que repartía a los desvalidos o como le hacía para comprarles ropa y hasta en algunos casos, pagarles tratamientos médicos a los más viejos. Corrían todo tipo de rumores: desde que se robaba las joyas de la Iglesia de los Agustinos, hasta que tenía un pacto con la Quintrala.


Pero nada estaba ni cerca de la realidad. El asunto es que esta hermana de la caridad, se hizo bastante famosa por sus actos de generosidad con el prójimo, razón por la que levantó sospechas incluso en la policía de la época. Cuando le preguntaban por cómo obtenía los recursos para su caridad, simplemente respondía “que eran regalos de Dios”. ¿Quién podría cuestionar la buena voluntad de la religiosa?.


Se comenta que a raíz de la muerte de un conocido político de la época, la orden de los Agustinos, ofreció una misa en su memoria, la que finalmente y por el tenor de la figura, se llevó a cabo al interior del Cementerio General. A esta ceremonia, asistió una cantidad discreta de gente, además de los religiosos de la orden. Llamó la atención que los mendigos que se apostaban en el ingreso al cementerio, pudieron reconocer entre los religiosos, a la “Hermanita” entre sus filas, algunos incluso trataron de seguirle al interior del recinto, para ver si les podía alimentar. La religiosa, que se encontraba un tanto apartada de la procesión principal, no tuvo problemas en compartir con los vagabundos. Les prometió ayudarles a la brevedad.


Lo escabroso de la historia, viene a continuación:


Una vez finalizada la ceremonia fúnebre, cerca de las las 7 de la tarde y según el relato del cuidador del cementerio, todo el público sin excepción, salió del lugar. Cerca de las 8 de la noche, procedió a colocar las cadenas en la puerta de acceso, y se disponía a iniciar su ronda nocturna en las dependencias del camposanto. De pronto, pudo observar hacia el fondo de la calle principal, que alguien se había quedado en el interior del lugar.


Al principio se asusto un poco, pensando que su imaginación le estaba jugando una mala pasada, o tal vez el par de sorbos de vino comprados en el “quitapena” ya estaban haciendo efecto. Pero, efectivamente y al cabo de algunos minutos, pudo distinguir claramente el hábito característico de una religiosa, la que caminaba rápidamente hacia el interior del recinto.


El cuidador se sintió extrañado por la conducta de la religiosa, por lo que a pesar de su edad trató de correr unos metros para alcanzarla, pensando que tal vez se había extraviado, o necesitaba ayuda para salir. Comenzó a gritarle, pero la religiosa sólo aceleró el paso y se fue adentrando cada vez más y más al fondo del cementerio, hasta llegar a la sección de las tumbas a ras de tierra, en dónde se habían estado realizando trabajos hasta hace poco.


En medio de la oscuridad, el guardia perdió de vista a la religiosa. Comenzó a iluminar detenidamente entre los fosos, pensando en el peor escenario: la pobre monjita, se habría caído al interior de esos espantosos receptáculos de la muerte.
Al cabo de un rato de búsqueda en el lúgubre sector, llegó al sector en donde se encontraban los fosos más recientes. Ahí pudo observar en la oscuridad, un bulto hincado en la tierra. El cuidador de inmediato pensó en la probabilidad de que la pobre mujer, se había hecho daño con alguna de las herramientas que los maestros solían dejar cuando cavaban los fosos.


A medida que se acercaba a la mujer, comenzó a percibir un nauseabundo olor. Pudo advertir que la monja que se encontraba arrodillada, estaba al lado de alguien. Se asustó y comenzó a transpirar. Pensaba que estaba siendo testigo de alguna tragedia, quizás algún pordiosero se había caído a alguna de las fosas y se había muerto. Pero la sorpresa mayor fue cuando vio que la monja portaba un enorme cuchillo carnicero, que escondió rápidamente entre su atuendo.


- ¿Qué está haciendo usté? ¿Qué está haciendo? ¡Voy a llamar a los carabineros!


El Cuidador quedó atónito, cuando se dio cuenta que la joven religiosa, estaba descuartizando el cuerpo, separando la carne de los huesos y guardando todo cuidadosamente en un recipiente, mientras que en un bolsito pequeño, guardaba los anillos y dentaduras de oro del difunto.


- No me haga daño caballero, yo solo estoy aprovechando las semillas de la muerte que Dios ha plantado en la tierra. Estoy transformando la muerte en vida, y estoy alimentando a los hijos de Cristo con ella...


El hábito oscuro manchado de sangre coagulada e impregnado del fétido olor de la muerte. El cuidador salió corriendo entre la oscuridad horrorizado


- ¡Loca de mierda!¡Loca de mierda!


La Monja salió corriendo hacia las criptas, donde se escondió. El cuidador no quiso correr más riesgos y llamó a los carabineros que andaban haciendo ronda por el sector. Buscaron toda la noche al interior del cementerio, pero la mujer nunca más volvió a aparecer.


Los mendigos de Estación Central perdieron para siempre a la hermanita.
 
Buena historia, de esas típicas de mito urbano, pero que siempre sirven para esas noches de fogata de hacerte con una minita... :lol:
 
harto traviesa tu awelita pa contarte una historia así, sin embargo esta de pelos para contarsela a los niños... jaja