Sin meterlo no es infidelidad, solo amistad

Tema en 'Relatos Eróticos' iniciado por Penquista2021, 23 Jul 2021.

  1. Penquista2021

    Penquista2021 Usuario Nuevo nvl. 1
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    Recuerdo la primera vez que nos juntamos solos. Un día después del trabajo, tras llevar meses en la misma oficina y varias salidas en grupo.
    Nos juntamos en tu departamento, ese con vista hacia casi toda la ciudad desde el living. Era uno de esos días ricos de verano en Concepción, donde el sol parecía durar para siempre y el viento aún era tibio por la tarde. Yo de camisa y pantalón, tú de vestido de flores. Con ese que siempre te has visto tan bien.
    Como de costumbre, tomábamos un gin con tónica. Hablábamos de todo. Como siempre, sin tapujos. De la vida, de nuestras parejas, del trabajo, de la ropa, el clima. De todo.
    Entre conversa y conversa, terminamos hablando de sexo y masturbación. De experiencias con parejas pasadas y con nuestras parejas actuales. Nos reíamos y coqueteábamos cada cierto tanto, pero siempre en la delgada línea de la amistad y el coqueteo más serio.
    Recuerdo cuando empezamos a hablar de los juguetes que usábamos con nuestras parejas y también de los que usábamos solos. Comentamos sobre nuestros favoritos. Recuerdo haber hablado del anillo de doble penetración que disfruta tanto mi esposa y tú me hablaste de tu vara mágica, de cómo era tan increíble estando con tu marido o sola. Me reí de tu cara de tanto amor por tu juguete. Te reíste y te paraste del living. Fuiste a tu pieza y unos segundos después, volviste con tu juguete favorito: la vara mágica.
    Recuerdo que entre la complicidad y el gin nos reímos juntos hasta que empezaste a hablar más detalles de tu juguete. Luego me lo pasaste. No pude evitar prenderlo y ponerlo encima de mi pierna. La vibración era bien intensa y jugando poco a poco lo acerqué hasta mi entrepierna. Nos miramos y nos reímos, hasta que lo apagué. “Sigue no más, si quieres” dijiste sin parar de reír. “Mejor no, porque voy a llegar pasado a tu olor” dije. Los dos nos largamos a reír sin parar.
    Me quitaste el juguete y me dijiste que tenía varios ritmos y que algunas te volvían loca. Lo prendiste y me mostraste las velocidades y ritmos que tenía mientras lo pasabas por tus muslos desnudos, tu vientre y luego tu entrepierna, por encima del vestido. “ufff, con todo este gin y este relajo, estoy que te echo donde tu esposa para quedarme tranquila con el juguete” dijiste, mientras sonreías y coqueteabas. “Bueno, si quieres me echas no más” te dije, “aunque puedes hacer lo que quieras, total es tu casa…” sonreí. Me miraste y te largaste a reír, diciendo “tan fresco tú”. “Igual, el día está rico y si no te m*****a, ya que estoy en mi casa, quizá me pongo más cómoda” dijiste mirándome fijo. “Siempre que no te pases rollos de más… Puedes mirar, pero no tocar… o al menos no penetrar” continuaste mientras no parabas de reír. “Tú dale no más, que es tu casa y hay que hacer honor al día, al relajo y a la amistad” te dije. Te reíste y acto seguido subiste un poco el vestido y comenzaste a tocarte suavemente frente a mí “no es llegar y usar el juguete. Siempre hay que preparar el camino” dijiste mientras acariciabas tu vagina por encima del calzón, donde cada cierto rato se marcaban muy bien tus labios. No podía quitar los ojos de ti.
    Te miré ese par de minutos eternos en que te tocabas frente a mí. Yo algo torpe, tomaba mi gin mientras te miraba y a ratos miraba por el balcón. “No mires tanto por el balcón, que no va a llover” dijiste. “Te puedes relajar como quieras o solo mirar. Es tu decisión” dijiste. Me reí y mientras lo hacía, tú sonreías y bajabas tu calzón hasta dejarlo en el piso. “Ahora empieza el relajo total… Espero que disfrutes la vista… aunque no esperaba este tipo de relajo y no alcancé a depilarme entera” dijiste mientras sonreías.
    Sentado frente a ti, veía tus piernas abiertas. Tu calzón color piel con una pequeña mancha de humedad, estaba en el piso. Tu entrepierna a medio depilar, con tus labios abriéndose con suavidad mientras dejaban escapar algo de tus jugos. Era una vista exquisita que empezaba a disfrutar. “No seas tonto. Siéntate al frente o a mi lado y relájate también” dijiste. De inmediato dejé mi gin en la mesa y me senté frente a ti. Abrí mi pantalón, lo suficiente para poder meter mi mano y acariciar mi pico suavemente mientras te miraba. Tú, con una mano en tu juguete prendido, acariciando suavemente tus labios y tu clítoris. Con la otra mano, sacando tus tetas de tu vestido para poder acariciarlas. “Te presento mis tetas” dijiste mientras sonreías, agregando “que tengo claro que te gustan, por la forma en que siempre las moras”. “Tú sabes que esas tetas me vuelven loco, en especial desde que fuimos a la playa en grupo y te vi en ese bikini negro”, le dije mientras seguíamos tocándonos.
    Estaba tan caliente mirándote que no pude aguantarme y abrí bien mi pantalón para poder sacar mi pico. Estaba todo caliente, duro y mojado. Me miraste con una cara de caliente y me dijiste “déjame ver todo, que me gusta ver los testículos también”. De inmediato bajé mi pantalón hasta mis rodillas y te mostré todo. “Que suerte la de tu esposa… me gusta tu pico “ me dijiste, “pero recuerda que es solo esto, tocar, mirar, disfrutar pero nada de sexo. Solo amistad pura” continuaste, “aunque si te hablo con la sinceridad del gin que tomamos, me muero de ganas de saborearte, pero me voy a aguantar”, terminaste.
    Era una sensación exquisita, tenerte frente a mí. Mostrarnos, tocarnos, sentirnos tan cera, aunque con nuestros límites. Acariciando mi pico sin parar mientras tú aumentabas a velocidad de tu juguete. Viendo como llenabas de saliva tus tetas para poder acariciarlas y pellizcarlas.
    Ya no solo acariciabas tu cuerpo con el juguete, también metías la cabeza de tu juguete en tu vagina. La abrías cada vez más y gemías de forma tan rica que mi pico se ponías más y más duro. No podía dejar de imaginar cómo se vería esa vagina con un pico adentro. Entrando y saliendo como hacías con tu juguete. Era increíble verte así, con tus tetas grandes y tu vagina tan abierta. Con tu cara llena de placer y tus muslos tiritando suavemente a ratos. No parabas de mirarme y de gemir. Yo no paraba de tocarme y de mirarte, mientras mi pico se mojaba cada vez más con mis jugos.
    Nos mirábamos intensamente. Nos contábamos lo que íbamos sintiendo y cómo nos calentábamos con el otro. Tus pómulos se enrojecían. Tus tetas se ponían más duras. Tus pezones crecían sin parar. Tus piernas chorreaban de tus jugos, recorriendo tus muslos hasta tus rodillas. Tu clítoris comenzaba a ponerse cada vez más duro y caliente. Mordías tus labios a más no poder, hasta que tus muslos comenzaron a tiritar sin parar y comenzaste a gemir más y más, hasta que dejar escapar un pequeño grito y correrte. Tus jugos corrían más y más. Un líquido blanco salía de tu vagina mientras gemías. Tu cara de placer, tus gemidos, tus tetas, tu vagina, tu clítoris me hicieron quedar a punto de explotar. Justo entonces me dijiste “dame tu semen, justo aquí encima de mi vagina. Soy dueña de casa y esta es la regla de la casa. El semen no se pierde”. Sin pensarlo me acerqué y me paré frente a ti. Puse mi pico unos centímetros por sobre tu vagina y me corrí. Mi semen viscoso salía hacia ti, bañando tu entrepierna. Contrastando el blanco de mi semen con el negro de tus vellos, bajando alrededor de tu vagina. Esquivando tus labios y bajando hacia tus muslos, juntándose con tus jugos. Seguí con otro chorro de semen dando justo a tus muslos y un último más grande que terminó dando entre tus tetas y cerca de tus labios. Me miraste con una cara de caliente que nunca he podido olvidar, viendo como mi pico te bañaba en semen mientras yo gemía de placer. Con tu pulgar tomaste el semen que terminó cerca de tu cara y lo metiste en tu boca. “Está rico” dijiste mientras sonreías. “Ahora hay que limpiar todo esto que me tiraste”, “pásame unas servilletas de la mesa y nos limpiamos un poco”. Nos limpiábamos y sonreíamos mientras seguíamos disfrutando de ver nuestros cuerpos y mi semen aún encima de tu cuerpo. “Te gustó mi juguete entonces?” dijiste mirándome fijo a los ojos. “Me gustó toda la vista”, respondí. Nos reímos un rato mientras tomábamos otro gin, hasta que se nos hizo tarde. “Bueno, ahora es hora de irme y llegar donde mi esposa”, dije. “Y yo me quedaré recordando, relajándome y viendo algún videíto por un rato más”, respondiste. Nos dimos un beso en la mejilla al salir. “Que se repita” te dije. “Eres muy fresco”, respondiste, agregando después un “por supuesto, aunque ya sabes cuáles son las reglas. Sin meterlo para que no sea infidelidad, solo amistad. Aunque la casa se queda con el semen…” dijiste mientras sonreías y cerrabas la puerta.
    Bajé en el ascensor, pensando en lo que había pasado. Llegué a casa y mi esposa dormía. Entré tan silencioso como pude. Me quité la ropa en el baño y me metí a la cama. Abracé a mi esposa, aún caliente recordando lo que habíamos hecho. Ella notó mi erección y comenzó a acariciar mi pico, mientras yo comenzaba a besarla hasta desnudarla y culearla. Mientras lo hacía, no dejaba de pensar en ella, pero también en ti.
     
  2. KMoonlight

    KMoonlight Usuario Nuevo nvl. 1
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  3. Dreamforever05

    Dreamforever05 Usuario Nuevo nvl. 1
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    Muy buen relato, demasiado excitante