Y lo encontré dormido. No notó mi presencia, así que dejé mis tacos de lado y en silencio me acerqué.
Su torzo estaba desnudo y mi lengua quiso probarlo. Lo recorrí entero, solo con la punta de mi lengua. Se movió gustoso y respiró fuerte. Tomé su mano, su dedo y lo llevé a mi boca. Lo chupe con fuerza, pero delicadamente a la vez. Algo creció bajo las sabanas. Luego llevé su mano a mi vagina, que estaba igual de mojada que su dedo.
Metió su otra mano en mi pequeño vestido, y descubrió que mi ropa interior era aun mas pequeña. Me tomó bruscamente y me la rompió. Y su cara se metió allí, con su lengua mojada. Me mordí tan fuerte que sentí el sabor de la sangre. No pude evitar gemir de placer y de dolor. Casi de inmediato sacó su gran pene apuntándome. Me lo metió enseguida. Nosotros no necesitábamos ningún preludio cuando estábamos juntos. Con solo mirarnos sabíamos que en todo momento queríamos ser uno solo.
Yo no podía estar más húmeda.
Tomó mis muñecas de manera intensa. No me dejó escapar. Se movía tan melodiosamente, pero dominante a la vez. Puso mis piernas sobre sus hombros y lo sentí profundo y mío como siempre.
Me dominó y me dejé. Durante un momento no pude abrir los ojos de tan rico que me hacia sentir. Hasta que sentí un orgasmo junto a él... gritamos al mismo tiempo. Me llenó, lo llené y fue así que no pude dejar de respirar fuerte durante varios minutos.
Me besó, su lengua agradecía la mía y el sueño vino a buscarnos...
Su torzo estaba desnudo y mi lengua quiso probarlo. Lo recorrí entero, solo con la punta de mi lengua. Se movió gustoso y respiró fuerte. Tomé su mano, su dedo y lo llevé a mi boca. Lo chupe con fuerza, pero delicadamente a la vez. Algo creció bajo las sabanas. Luego llevé su mano a mi vagina, que estaba igual de mojada que su dedo.
Metió su otra mano en mi pequeño vestido, y descubrió que mi ropa interior era aun mas pequeña. Me tomó bruscamente y me la rompió. Y su cara se metió allí, con su lengua mojada. Me mordí tan fuerte que sentí el sabor de la sangre. No pude evitar gemir de placer y de dolor. Casi de inmediato sacó su gran pene apuntándome. Me lo metió enseguida. Nosotros no necesitábamos ningún preludio cuando estábamos juntos. Con solo mirarnos sabíamos que en todo momento queríamos ser uno solo.
Yo no podía estar más húmeda.
Tomó mis muñecas de manera intensa. No me dejó escapar. Se movía tan melodiosamente, pero dominante a la vez. Puso mis piernas sobre sus hombros y lo sentí profundo y mío como siempre.
Me dominó y me dejé. Durante un momento no pude abrir los ojos de tan rico que me hacia sentir. Hasta que sentí un orgasmo junto a él... gritamos al mismo tiempo. Me llenó, lo llené y fue así que no pude dejar de respirar fuerte durante varios minutos.
Me besó, su lengua agradecía la mía y el sueño vino a buscarnos...
