Habiendo hecho todo lo que había soñado con Samanta, me dirijo en bus hacia Santiago para comenzar mis estudios. Un viaje interminable la verdad, y salvo el proceso de matrícula en realidad no me gustaba mucho la idea de vivir tantos años en Santiago... al menos es lo que pensaba en un principio.
Llego a una pensión en que lo único que tenía era el alojamiento. En verdad no nos alcanzaba para más, mientras que Carlos y Susana gozaban de la suerte que el viejo tenía buena pega, así que les compraron un depa en pleno providencia, otra cosa. Pleno barrio Universitario, con mil weones por metro cuadrado y hembras por doquier, llego a una especie de conventillo, viviendas antiguas en la que el propietario, don Jorge, había subdividido en varias "piezas" para hacer un negocio realmente rentable... La que manejaba el negocio era su señora, Carmen, una mujer que a pesar de sus años se mantenía bastante bien, piel clara, ojos negros y que esbozaba una sonrisa algo falsa con todos los inquilinos. Al entrar me lleva a mi dormitorio y me asegura que era un buen lugar y que lo único que debía cumplir eran 2 cosas: pagar a tiempo y portarme bien, cuando correspondiera eso si...
En el mismo instante hago un escáner de la fauna que habitaba el lugar, llamándome la atención la capacidad de sobrevivencia en espacios tan reducidos y ver a tanta gente cagándose de la risa, contentas no sé de qué, alto contraste con el horizonte interminable de mi desierto en el Norte. En un primer piso, estaba yo y 5 personas más, cada una en sus habitaciones: Una pareja de pololos, no tenían mas de 22 años. el tipo un poco cascarrabias, la mina no podía ser mas simpática. Pelo rubio, ojos verdes, pero muy pantruca de piel a mi gusto y el wn que parece que no la dejaba ni maquillarse. Luego estaba un viejo a punto de jubilar, era técnico en algo, trabajaba como contratista. Para terminar, un wn que estudiaba ingeniería comercial que se creía la raja porque estudiaba en una privada y la quinta era una morena bien contundente, la tipa trabajaba como promotora con el típico vestidito apretado hasta el muslo, en esos años, y además estudiaba contabilidad... guapa
Segundo Piso era más interesante. La hija de don Jorge se había "independizado" y se tomó la pieza más grande. Llevaba 2 años en el conservatorio y no hablaba con nadie. Según ella no habían muchos temas en común con el resto de la gente. Actualmente la tildaríamos de Hipster, usaba unos lentes medios vintages, tenida algo conservadora, pero tenia linda figura, pelo castaño hasta la cintura y unos labios bien interesantes. Luego había otra pareja de polos que pasaban peleando y estudiaban derecho, venían de Iquique y se notaba que mucho no iban a durar. Y la guinda de la torta, Marlen y Karola, 2 minazas que todos murmuraban que se dedicaban a la prostitución a domicilio, aunque ellas declaraban que eran "gogo dancer" (se cagaban de la risa cuando lo contaban), pero que lo pasaban re bien en la pega y no le cagaban la vida a nadie. Eso y un par de personas que trabajaban en oficinas serían mis compañeros de vivienda por lo menos los siguientes 6 años y hasta ahí me parecía que sería algo tranquila mi estadía, eso hasta que pasó la mulata que trabajaba haciendo el aseo en el hostal, Yolanda... me saluda dándome la bienvenida con una sonrisa que me calentó hasta ponerme dura la verga...
Llego a una pensión en que lo único que tenía era el alojamiento. En verdad no nos alcanzaba para más, mientras que Carlos y Susana gozaban de la suerte que el viejo tenía buena pega, así que les compraron un depa en pleno providencia, otra cosa. Pleno barrio Universitario, con mil weones por metro cuadrado y hembras por doquier, llego a una especie de conventillo, viviendas antiguas en la que el propietario, don Jorge, había subdividido en varias "piezas" para hacer un negocio realmente rentable... La que manejaba el negocio era su señora, Carmen, una mujer que a pesar de sus años se mantenía bastante bien, piel clara, ojos negros y que esbozaba una sonrisa algo falsa con todos los inquilinos. Al entrar me lleva a mi dormitorio y me asegura que era un buen lugar y que lo único que debía cumplir eran 2 cosas: pagar a tiempo y portarme bien, cuando correspondiera eso si...
En el mismo instante hago un escáner de la fauna que habitaba el lugar, llamándome la atención la capacidad de sobrevivencia en espacios tan reducidos y ver a tanta gente cagándose de la risa, contentas no sé de qué, alto contraste con el horizonte interminable de mi desierto en el Norte. En un primer piso, estaba yo y 5 personas más, cada una en sus habitaciones: Una pareja de pololos, no tenían mas de 22 años. el tipo un poco cascarrabias, la mina no podía ser mas simpática. Pelo rubio, ojos verdes, pero muy pantruca de piel a mi gusto y el wn que parece que no la dejaba ni maquillarse. Luego estaba un viejo a punto de jubilar, era técnico en algo, trabajaba como contratista. Para terminar, un wn que estudiaba ingeniería comercial que se creía la raja porque estudiaba en una privada y la quinta era una morena bien contundente, la tipa trabajaba como promotora con el típico vestidito apretado hasta el muslo, en esos años, y además estudiaba contabilidad... guapa
Segundo Piso era más interesante. La hija de don Jorge se había "independizado" y se tomó la pieza más grande. Llevaba 2 años en el conservatorio y no hablaba con nadie. Según ella no habían muchos temas en común con el resto de la gente. Actualmente la tildaríamos de Hipster, usaba unos lentes medios vintages, tenida algo conservadora, pero tenia linda figura, pelo castaño hasta la cintura y unos labios bien interesantes. Luego había otra pareja de polos que pasaban peleando y estudiaban derecho, venían de Iquique y se notaba que mucho no iban a durar. Y la guinda de la torta, Marlen y Karola, 2 minazas que todos murmuraban que se dedicaban a la prostitución a domicilio, aunque ellas declaraban que eran "gogo dancer" (se cagaban de la risa cuando lo contaban), pero que lo pasaban re bien en la pega y no le cagaban la vida a nadie. Eso y un par de personas que trabajaban en oficinas serían mis compañeros de vivienda por lo menos los siguientes 6 años y hasta ahí me parecía que sería algo tranquila mi estadía, eso hasta que pasó la mulata que trabajaba haciendo el aseo en el hostal, Yolanda... me saluda dándome la bienvenida con una sonrisa que me calentó hasta ponerme dura la verga...