Tocandome.

brendita777

Usuario Nuevo nvl. 1
17 Oct 2026
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Chile
Antes de Sebastián, antes de que todo se fuera a la cresta, mi vida sexual con Carlos era un chiste. Llevábamos diez años casados y el hueón ya ni se acordaba de cómo se me miraban las piernas. Llegaba del trabajo, comía, se tiraba al sillón a ver el partido y se quedaba dormido con la boca abierta. El sexo era una weá triste: una vez al mes, con las luces apagadas, un par de empujones, y listo. Yo me sentía invisible, apagada, con la concha seca de puro aburrimiento. Me daban ganas de agarrarlo a charchazos pa que reaccionara, pero ni eso.

Una tarde, tomando un café con mi amiga Camila, le solté la verdad. Le dije que me sentía vieja, que ya no me acordaba de lo que era un orgasmo de verdad, que Carlos hace años que no me hacía temblar.

Camila me miró y casi escupe el café. Brenda, por la chucha me dijo, bajando la voz. ¿Y qué esperai? ¿Que el hueón mágicamente despierte? Cómprate un Satisfyer, po. El que te chupa el clítoris. Esa weá te va a dejar loca.

¿Un qué? le pregunté, sintiéndome como una cabra chica. Un juguetito que usa presión de aire. Te juro que no hay dedo, ni lengua, ni pichula en este mundo que te haga acabar tan rápido. Es el mejor amante que vai a tener.

Me dio un poco de vergüenza, pero el martes siguiente llegó una caja súper discreta a mi casa. Lo saqué, lo cargué y esperé al miércoles, día que Carlos tenía reunión hasta tarde.

Me di un baño largo, me puse mi camisón más corto y me metí a la cama. Tenía el corazón latiéndome rápido, como si estuviera haciendo algo prohibido. Me eché un poco de lubricante, apagué la luz y me apoyé el juguetito en la concha.

La primera succión me hizo pegar un salto en la cama. Era una vibración extraña, como si alguien me estuviera besando el clítoris desde adentro. Empecé a moverlo, buscando el ángulo, y cuando apreté el segundo botón, cagué. Sentí que mi cuerpo entero se encendía. La presión me succionaba una y otra vez, con un ritmo que me volvía loca.

Cerré los ojos y me dejé ir. Pero no me imaginé a Carlos. Para nada. Me imaginé a un desconocido. Un hueón con las manos grandes, con hambre, alguien que me agarrara del pelo, que me hablara al oído, que me tratara como una mujer... no como una puta en realidad, y no como la señora que le lava los calzoncillos. Me imaginé siendo infiel. Me imaginé con otro hueón metiéndomela sin piedad. El morbo me subió por el pecho y me calentó la guata de una forma que no sentía hace años.

Me abrí de piernas y levanté las caderas. El motorcito zumbaba contra mi clítoris y mis dedos lo apretaban más fuerte. La cama crujía, mis pezones estaban duros como piedras, y yo me mordía el labio para no gritar. La imagen del desconocido metiéndome la pichula me tenía al límite.

Me vine en menos de tres minutos. Fue un orgasmo brutal, de esos que te sacan el aire. Arqueé la espalda, apreté las sábanas con los pies y temblé entera, con un gemido largo. Me quedé tirada, con el corazón a mil, sintiendo cómo mi concha palpitaba sola.

Me reí como hace no mucho. Me sentí viva. Pero apenas pasaron cinco minutos, el hambre volvió. Me lo hice otra vez. Y otra vez. Me pasé la noche entera. Me imaginé a un desconocido culiándome por atrás, me imaginé chupando una pichula que no era la de mi marido, me imaginé siendo la puta de alguien más. Me corrí cuatro veces, hasta que me quedaron las piernas temblando y la cama empapada.

El aparato era maravilloso, pero sentía que no me bastaba. La silicona no me daba calor. No me daba ese olor a hombre. No me hacía sentir realmente deseada. El Satisfyer me abrió el apetito, me recordó que estaba viva, pero también me dejó claro lo que me faltaba, carne de verdad.

Me pasé la semana siguiente tocándome con el aparato, pero con la cabeza en otra parte. El morbo de ser infiel me tenía loca. Y ahí, cuando el deseo ya me tenía la concha húmeda todo el día, apareció Sebastián. Un cliente. Un hueón con manos grandes. Y yo ya estaba lista.

Besitos a todos.
 
Ufff, que pajas más ricas te hiciste y que lata que tu marido no te culee como te mereces. Yo igual puedo tocarte, chuparte la concha, el culo, la tetas y culiarte.
 
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