Tres al hilo

Tema en 'Rincon Literatura' iniciado por Kaeleme, 13 Dic 2017.

  1. Kaeleme

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    La noche estaba helada y aún así no se bajaba la manga del brazo derecho. Le gustaba como se veía su imagen, a pesar de que nadie lo viese, pero él, se sentía a gusto.

    Negro estaba el cielo y las gruesas nubes opacas, ocultaban el aliento de las estrellas y la luna. La fría luz artificial de los faroles encaminaba su andar hasta su hogar. Setecientos metros hasta su casa, la distancia y tiempo suficiente para pensar.



    Y es que pensar le agradaba, sentía que era lo único bueno que hacía, por más que sus ideas no fuesen productivas, el sólo hecho de pensarlas lo reconfortaba. No era un vago ni menos un bueno para nada, era de aquellos tipos que se adaptan a todo y que son considerados los centros de ayuda de cada grupo, pero que por alguna razón no prosperan, no prosperan como la sociedad estipula.



    Esa era una de las reflexiones que siempre tenía, el condicionamiento social para ser algo. Aún estaba en una etapa que aquello le incomodaba cuando se lo recordaban otras personas, había bajado la presión con su autocontrol, pero aún así, no podía mantenerse al margen de una sociedad. Por más que sus postulados tuviesen fundamentos en su razón, también sabía que él era un engranaje tan pequeño en una maquinaria mal construida. Su participación o no, significaba lo mismo.



    Aceptaba su mísera vida, con luminosos momentos que encandilaban su razón, pero que se apresuraba a dejar a oscuras su existencia. Si alguien era capaz de entrar en su mundo, siempre terminaban perdiéndose en la oscuridad, o bien, si deseaban iluminarlo, él se encargaba de apagar la luminosidad.





    Era un sujeto triste, pero se quería así, apreciaba su melancolía de sobremanera, aceptaba su condición y su vida, como si fuese una mala mano de poker con la que jugar sus últimos pesos. Era lo que tenía y con eso le bastaba. Había dejado de lado las amistades y los afectos, pero aún los necesitaba, sobre todo levantarse y toparse con una mujer a su lado, que se miraran fijos mientras sus labios saboreaban el néctar de la mañana. Extrañaba los abrazos de piernas, las caricias sobre tiernos muslos que buscaran su sexo, sentir los pechos en su espalda mientras era abrazado. Tenía esa pena por poseer aquellos recuerdos y ahora no tener nada, pero no le preocupaba, se había convencido de su soledad.

    Entendía que su recorrido sería en solitario, alejándose de los carriles ya prefabricados, su sonrisa opaca satisfacía sus necesidades de consuelo y de necesitar compañía.



    Sin embargo, le hubiese gustado compartir sus pensamientos con alguien más, pero no quería involucrarse con personajes que sobrevaloran las cosas o que simplemente no entienden y el mundo, su mundo, estaba plagado de ellos. No se empecinaba en buscar compañía, se limitaba a hacer lo suyo, que en reducidas cuentas se resumía a nada.



    Caminar era algo que le gustaba, cada paso dejaba su mente volar, a veces las ideas provocaban torrentes de emociones que satisfacían ese vacío interior que poseía y otras ocasiones, lo acrecentaban. Todo dependía de la estimulación durante su día.

    Ese noche, esa fría noche, no tenía mucho que pensar, más bien quería olvidar esa esperanza que tuvo durante el día, de torcer la suerte de su mano y arriesgarse con sus cartas. No fue una vez la que falló, fueron tres veces seguidas en un mismo día. Era evidente, no tenía con qué jugar y lo que le quedaba en apuesta, prefería guardarlo para un súbito final. No moriría como los demás, lo haría apostando a lo grande y su diminuto capital sería su base.



    Se dedicó a seguir caminando hasta que divisara su hogar, dejaría los pensamientos de lado para no llevar nada a la cama, excepto su deseo sexual de todas las noches que era calmado con el onanismo propio de un hombre en tinieblas.

    Faltaban menos de cincuenta metros hasta su hogar y se percató lo rápido que corre el tiempo mientras pensaba y supuso, como todas las noches, lo ideal que su vida se fuera en un pensamiento eterno.



    Atte

    Klm
     
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