TRUMP, BOLSONARO Y MADURO | LÍDERES ENFRENTADOS Y UNIDOS POR LA CLOROQUINA

Tema en 'Política Nacional e Internacional' iniciado por pegasofenix, 24 May 2020.

  1. pegasofenix

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    Bolsonaro y Maduro, dos líderes enfrentados unidos por la cloroquina

    Jair Bolsonaro y Nicolás Maduro, líderes de corrientes ideológicas opuestas y enemistados públicamente, comparten mucho más de lo que parece. Además del gusto por contar con militares en sus respectivos gobiernos, ambos defienden un polémico fármaco contra el COVID-19: la cloroquina.

    Junto a Donald Trump, que la ha tomado preventivamente las últimas semanas, los mandatarios de Brasil y Venezuela son de los pocos líderes mundiales en promover este medicamento, un antipalúdico que puede acarrear serios efectos secundarios y cuya efectividad contra el coronavirus no está comprobada.

    El mandatario estadounidense, muy crítico con la gestión de la Organización Mundial de la Salud (OMS), anunció este jueves que dejará de tomar la cloroquina en dos días, aunque no explicó si lo hará por prescripción facultativa o por decisión propia.

    La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos ha autorizado el uso de cloroquina en pacientes con coronavirus, aunque solo bajo prescripción médica porque podría causar graves problemas cardiacos.

    LA CLOROQUINA EN BRASIL

    Bolsonaro, de 65 años, ha sido especialmente enfático en promover su prescripción desde el comienzo de la pandemia en Brasil, a pesar de los problemas que le ha generado. Sus dos últimos ministros de Salud se marcharon por desavenencias sobre la administración generalizada del fármaco.

    "Todavía no hay comprobación científica, pero se está usando en Brasil y en el resto del mundo. Estamos en guerra", defendió en un tweet el presidente.

    Los estados y municipios brasileños, quienes tienen competencias en Sanidad, juegan también un papel clave en su implantación. En todo caso, para su administración se necesita de la autorización del paciente o la familia, según el decreto de flexibilización auspiciado por Bolsonaro.

    Sin embargo, tres de las principales asociaciones médicas de Brasil, la Asociación de Medicina Intensiva, la Sociedad Brasileña de Infectología y la Sociedad Brasileña de Neumología, han desaconsejado su uso.

    LA CLOROQUINA EN VENEZUELA

    Maduro, por su parte, aunque no es tan enfático como su homólogo brasileño en el uso de la cloroquina, dio orden de usarla en todos los estados para tratar a los contagiados por COVID-19, desde que se conocieron los primeros casos en el mes de marzo.

    Las primeras 77 personas infectadas fueron medicadas con el antimalárico, según explicó el ministro de Comunicaciones, Jorge Rodríguez, quien aseguró, además, que también se administraría la cloroquina a los "contactos cercanos" de cada paciente y al personal sanitario que trata a las personas con COVID-19.

    "Para la cloroquina que vamos a usar tenemos tratamiento suficiente para atender a 115.000 pacientes que llegaran a tener infección. Jamás vamos a llegar a ese nivel porque la cuarentena en Venezuela está funcionando, pero estamos en capacidad de atender a ese numero de pacientes", manifestó Rodríguez.

    Si bien no hubo voces discordantes en el seno del Ejecutivo, fueron numerosos los especialistas que pusieron en duda la eficacia del fármaco frente al COVID-19, así como la capacidad del país para suministrar la cloroquina al número de afectados señalados por Rodríguez, ya que la escasez de medicamentos en Venezuela es habitual.

    CLOROQUINA VS MINISTROS DE SALUD

    Desbordado ante el crecimiento de casos (300.000) y muertes (alrededor e 20.000) por COVID-19 en Brasil, Bolsonaro considera la cloroquina una buena manera de acabar con las cuarentenas decretadas por la mayoría de gobiernos locales y regionales, a los que acusa de perjudicar a la economía y la renta de los más vulnerables.

    Su insistencia en administrarla contribuyó a la salida de sus dos últimos ministros de Salud, Luiz Henrique Mandetta y Nelson Teich, quienes se oponían a generalizar el uso de la cloroquina y abandonaron el barco en plena pandemia, el primero en abril y el segundo en mayo.

    Bolsonaro, quien ha minimizado el impacto del COVID-19, cuenta interinamente con el general Eduardo Pazuello como titular de Salud.

    Pazuello, sin experiencia en el área sanitaria, está en sintonía con el mandatario -un antiguo capitán en la reserva- y firmó esta semana el protocolo que flexibiliza el uso de la cloroquina, utilizado hasta ahora contra el lupus y la malaria.

    Para sortear las diferentes crisis gubernamentales de los dos últimos meses -marcha de sus ministros de Salud, del Justicia e investigaciones en su contra-, el jefe de Estado de Brasil se ha rodeado cada vez más de militares. Hoy controlan 9 de los 22 ministerios.

    Bolsonaro ha accionado precisamente al Ejército para la fabricación de la cloroquina. Su Laboratorio Químico Farmacéutico había aumentado la producción de esta sustancia hasta mediados de abril hasta los 1,25 millones de comprimidos.

    El Gobierno brasileño eliminó además impuestos a la importación de fármacos con cloroquina y solicitó a la India, uno de los principales suministradores de medicamentos genéricos del mundo, un cargamento de materias primas para su elaboración en Brasil.

    Sin embargo, Maduro no se ha enfrentado a este problema, puesto que su Ejecutivo asiente y acata cualquier sugerencia y orden del mandatario.

    La Comisión Presidencial para el Control y la Prevención de la Covid-19, encabezada por la vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez y el ministro de Salud, Carlos Alvarado González, sigue al pie de la letra lo que el presidente mande.

    MADURO, LA CLOROQUINA, EL INTERFERÓN Y OTRAS HIERBAS

    Pero Maduro, similar a Bolsonaro también en el gusto por rodearse de militares en su gabinete, va más allá de la cloroquina entre los supuestos remedios frente al nuevo coronavirus: el Interferón cubano y una infusión de hierbas y plantas que, según el propio presidente publicó en su cuenta de Twitter, es el remedio mágico para numerosas enfermedades, entre ellas el COVID-19.

    La receta, defendida por el mandatario y avalada por el chavista y supuesto "doctor" Sirio Quintero, recibió grandes críticas y fue borrada de inmediato por la propia red social, al ser considerada engañosa y sin evidencia científica.

    Quintero, de quien se desconoce su verdadero currículum al variar sus propias versiones de unas declaraciones a otras, aseguró, en un artículo publicado en diciembre de 2012, haber curado el cáncer al entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien falleció tres meses después a causa de la enfermedad.

    Y también e Interferón cubano ocupa un lugar relevante en la lista de remedios de Maduro.

    Pese a que el 23 de marzo, el ministro Rodríguez aseguró que las 77 personas contagias en el país estaban siendo tratadas con cloroquina, tan solo cuatro días después -el día 27- el presidente Nicolás Maduro aseguró que "el 29 % de pacientes con COVID-19 en Venezuela se han recuperado con uso fundamental de Interferón".

    La variabilidad de las declaraciones oficiales en torno a los casos registrados en Venezuela, la información sobre el uso de los distintos tratamientos y la ausencia de documentación que avale los mensajes del Ejecutivo generan desconfianza e incertidumbre entre la población, que se enfrenta a diario, además, a las habituales dificultades propias del país.

    Según datos oficiales, a la fecha, Venezuela cuenta con 882 contagiados -el 50 % diagnosticados en la última semana- y tan solo 10 fallecidos, lo que ubica al país caribeño entre los menos afectados por la pandemia, pese a la escalada de los últimos días.

    Y mientras, Bolsonaro y Maduro continúan su gestión de la crisis sanitaria por su cuenta, sin aval científico y sin pruebas que respalden el uso de la cloroquina y otros remedios para el combate del COVID-19.

    El lado oscuro de la hidroxicloroquina, el ‘antídoto’ de Trump frente a la COVID-19
    Desde que se inició la pandemia de la COVID-19 se están buscando “desesperadamente”, y a contrarreloj, no solo una vacuna eficaz contra el SARS-CoV-2, sino también medicamentos que permitan vencer al virus. O en su defecto, reducir la mortalidad o la sintomatología que acompaña a esta infección. Entre estos fármacos, se encuentran los derivados de la quinina (cloroquina e hidroxicloroquina), que han generado una gran controversia después de que varios jefes de Estado hayan recomendado, sin un justificado criterio clínico, su uso masivo. Entre ellos, Donald Trump.

    El presidente de Estados Unidos anunció el pasado 19 de mayo que había tomado durante dos semanas hidroxicloroquina, de la que había oído “muchas cosas buenas”. Su justificación: que “no tiene nada que perder”.

    Por su parte, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, insiste en recomendar que la población brasileña consuma hidroxicloroquina, incluso ante la presencia de síntomas leves de la infección. Esta decisión ha supuesto la renuncia de dos ministros de Sanidad en menos de un mes: Henrique Mandetta, en abril, y Nelson Teich, hace una semana. Ambos se negaron a incluir dicho medicamento en los protocolos del tratamiento de la COVID-19, preocupados por sus riesgos contra la salud.

    Pero, ¿qué son estos fármacos y de dónde proceden?
    Para entender la historia de estos fármacos tenemos que remontarnos al siglo XVII. Fue a principios de este siglo cuando la cuarta mujer del conde de Chinchón, Ana de Osorio, enfermó de malaria al poco tiempo de llegar a Lima, en Perú. El gobernador de la ciudad se había tratado hacía poco tiempo, por lo que ofreció la corteza del árbol de la quina a la condesa.

    De esta manera, se cree que fue ella, junto con su médico, el doctor Juan de Vega, los que trajeron la corteza de este árbol a Europa. La condesa sanó “milagrosamente”, y en agradecimiento extendió el remedio antipalúdico a todos los menesterosos y enfermos, dándolo a conocer en España y en el resto de Europa. La quinina fue el único tratamiento efectivo contra la malaria durante 300 años.

    Sin embargo, tuvieron que pasar más de dos siglos hasta que el médico inglés J.F. Payne, en 1894, describió la curación de las lesiones cutáneas del lupus tras la administración de quinina.

    Durante la II Guerra Mundial, cuatro millones de soldados aliados tomaron este medicamento durante tres años para prevenir la malaria en el Pacífico y en el norte de África. Situación ésta que permitió avanzar notoriamente en el conocimiento de sus propiedades farmacológicas y su utilidad en mejorar pacientes con artritis y lupus.

    Tras la Guerra, se buscaron derivados de la quinina que fueran mejor tolerados. Fue así como en 1943 comenzó a utilizarse la cloroquina, y en 1955 la hidroxicloroquina. Pero al popularizarse su uso también se hizo patente su toxicidad, decayendo su utilización hasta la década de 1980.

    ¿Cómo actúa la hidroxicloroquina?
    Como agentes antipalúdicos, estos fármacos son altamente efectivos. De momento no se conoce con detalle cuál es su mecanismo de acción, aunque se sabe que incrementan el pH en el interior de los parásitos. Parece que solo actúan sobre los parásitos que se encuentran dentro de los glóbulos rojos, lo que induce degradación lisosomial de la hemoglobina y la destrucción del parásito (un protozoo del género Plasmodium).

    Del mismo modo, aunque se desconoce su mecanismo de acción exacto, la quinina y sus derivados poseen efectos antiinflamatorios, inmunosupresores y moduladores de la respuesta inmunitaria. Eso les confiere su eficacia en enfermedades autoinmunes sistémicas y reumáticas, como la artritis reumatoide o el lupus.

    Tampoco se ha dilucidado su mecanismo de acción frente al SARS-Cov-2. Todo apunta a que dificulta la entrada del virus en las células (por un mecanismo similar a su acción antipalúdica). Otra opción es que altere la capacidad del virus para unirse al exterior de una célula huésped.

    Además, están sus efectos sutiles sobre una amplia variedad de células y procesos del sistema inmune, lo que estimularía la capacidad del organismo para combatir al coronavirus.

    Hipotéticos beneficios…
    Realmente, ¿cuál es la justificación del uso de la hidroxicloroquina en pacientes COVID-19 positivos? En primer lugar, se empezó a utilizar, sola o en combinación, porque se conocía que inhibía la infección por SARS-CoV-1. Además, las homologías de secuencia y estructura entre SARS-CoV-1 y SARS-CoV-2 sugerían que la cloroquina podría reducir la infectividad del reciente coronavirus.

    Tras la difusión de los resultados alentadores de un estudio realizado en Francia con 80 pacientes afectados por COVID-19, varios grupos de científicos se lanzaron a investigar la eficacia de la combinación de hidroxicloroquina con azitromicina, un antibiótico de amplio espectro, para tratar por separado o en combinación a los pacientes afectados por el SARS-CoV-2.

    Sin embargo, aunque los datos parecían alentadores, la falta de un grupo de control, así como defectos en el diseño en el estudio (fundamentalmente sesgos de selección de los pacientes), han dejado desconcertada a la comunidad científica.

    Por si fuera poco, un estudio observacional con más de 96 000 pacientes publicado hoy en The Lancet no solo no encontró beneficios en el uso de estos fármacos, sino que parece que el riesgo de arritmia y muerte es mayor en aquellos tratados con hidroxicloroquina.

    En la actualidad, podemos afirmar que no existen evidencias tangibles sobre la eficacia de la hidroxicloroquina como tratamiento en pacientes con COVID-19, ni tampoco como profilaxis frente a esta enfermedad. Por este motivo, las sociedades científicas y las autoridades regulatorias, como la FDA, la agencia que controla los medicamentos en Estados Unidos, y la Agencia Europea del Medicamento (EMA), recomiendan realizar más estudios clínicos que confirmen o desmientan su eficacia, y, en la actualidad, hay en marcha más de 80 estudios sobre el uso de este fármaco para el tratamiento y/o la prevención de la infección por SARS-CoV-2 (ver Tabla).

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    Pero también han surgido voces que cuestionan la eficacia del fármaco en esta enfermedad. De hecho, en un artículo publicado recientemente en British Medical Journal se indica que la hidroxicloroquina no reduce significativamente el ingreso en cuidados intensivos o la muerte en pacientes hospitalizados con neumonía debido a la COVID-19.

    …o riesgos inasumibles
    Por otro lado, hay que tener presente que este grupo de fármacos tiene un lado oscuro, como son sus problemas de seguridad, como trastornos digestivos (náuseas, vómitos y diarrea), oculares (reversibles tras interrumpir el tratamiento de forma temprana), cardiacos (arritmias) y neuropsiquiátricos (psicosis e ideación suicida), además de pérdida del apetito y de peso, etc.

    Entre los efectos adversos graves, cabe destacar los cardiacos, como la prolongación del intervalo QT (una alteración del electrocardiograma) y otras arritmias, así como retinopatías y efectos psiquiátricos severos. Estos efectos adversos pueden ser incluso mortales, cuando se consume el fármaco a dosis elevadas o sin control médico, habiéndose dado algunos casos con dosis inferiores a 4 gramos de hidroxicloroquina.

    Estos efectos adversos, sobre todo los cardiacos, pueden ser especialmente graves si se combina la hidroxicloroquina con otros medicamentos, como la azitromicina, incluida en numerosos protocolos de tratamiento de esta enfermedad.

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    Para colmo, las comorbilidades de los pacientes más graves infectados por COVID-19, como la hipocalemia (déficit de potasio), la hipomagnesemia (déficit de magnesio) o la fiebre, pueden aumentar el riesgo de arritmias si se usan cloroquina y sus derivados. En este sentido, la FDA ha notificado cerca de 500 casos de paros cardiacos sospechosos de estar provocados por la administración individual de cloroquina, hidroxicloroquina, lopinavir/ritonavir y azitromicina.

    También se han comunicado trastornos neuropsiquiátricos, como cuadros psicóticos agudos, intentos de suicidio o suicidios consumados, en pacientes que recibieron una dosis inicial de 800 mg de hidroxicloroquina el primer día, seguida de una dosis de 400 mg diarios.

    Debido a estos problemas de seguridad, tanto la FDA como la EMA han publicado recomendaciones para vigilar estrechamente la aparición de reacciones adversas en pacientes con infección COVID-19 tratados con cloroquina / hidroxicloroquina .

    Cautela hasta tener más datos
    Entonces, ¿qué postura debemos tomar? Ante todo, hay que tener cautela. Parece evidente que, antes de optar por automedicarse temerariamente, es recomendable esperar a tener un mayor cuerpo de evidencia científica. De esta forma, se podrá evitar que otras personas sigan los contraproducentes consejos de ilustres mandatarios.

    Aunque resulte frustrante no poder tratar a las personas que están sufriendo, con los datos disponibles en la actualidad no podemos concluir que los beneficios de la hidroxicloroquina superen a los riesgos.

    La relación “de amistad” entre la hidroxicloroquina y la COVID-19 no está clara en estos momentos y debemos esperar a confirmar si nos encontramos ante “amigos o enemigos íntimos”.

    Fuente: https://theconversation.com/el-lado...antidoto-de-trump-frente-a-la-covid-19-139261

     
  2. Hatuey

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  3. Felipe.Kaido

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