¿Cuáles son las cuestiones que como hombres vale la pena escudriñar hasta el cansancio? ¿Hay un límite para las preguntas que en nuestro entendimiento se erigen como esenciales? El origen de la vida, la experiencia de ultratumba, la existencia de vida inteligente distinta a las formas que hallamos en la tierra, entre otros son los tópicos que a través del tiempo suelen revisarse y para los que se formulan distintos acercamientos y propuestas teóricas. Al parecer, se ha acordado que el conocer las respuestas últimas a estos temas (si es que las hubiere) nos sería útil de alguna manera. Yo difiero.
En primer término la experiencia que podemos percibir por nuestros sentidos está lógicamente atada a nosotros mismos, es decir, no hay nada que esté más allá de nosotros que podamos percibir, en tanto escaparía a nuestra dimensión sensorial o incluso racional. El agua que bebemos no está más lejos de nosotros que el sabor que le otorgamos, la temperatura que le asignamos o el color con que la miramos, pero por otra parte, ¿cómo referirse a algo fuera del tiempo, que no pertenezca al espacio o que no tenga color? Sencillamente no está a nuestro alcance. Entonces, de haber una respuesta parece lógico pensar que debiera estar más allá de nuestro entendimiento, y por lo tanto no solo seríamos incapaces de asirla por completo, sino que además nos sería de nulo valor. En el caso de que las soluciones a estos enigmas estuvieran dentro de nuestro ámbito de posibilidades la situación es más desalentadora, en tanto claramente nos dejaría un sabor de boca a cenizas, a ciencia a ficción, a respuesta rebuscada y por lo tanto paradojalmente poco aclaratoria.
Para nada estoy diciendo que la búsqueda, por ejemplo, del origen de la vida en el universo sea una empresa que es mejor abandonar, lo que afirmo es que el motivo de la misma jamás debiera ser la pretensión de conseguir una verdad, más valdría comprender estos esfuerzos como saludables ejercicios de la inteligencia, para quien quiera ejercitarse y que por supuesto le brinde alguna relevancia a la vida intelectual. Tal como el músico debiera tocar por el sonido mismo, y no perderse en las cavilaciones referentes a la audiencia, emocionando en primer término solo a su persona, puede ser que en esta indagación, si es trabajada de forma despreocupada y libre de ataduras conceptuales imposibles, encontremos mucho más sobre nosotros que mediante estas supuestas verdades ulteriores.
Fuente
¿Vale la pena entonces, perseguir la "verdad" hasta el cansancio?
En primer término la experiencia que podemos percibir por nuestros sentidos está lógicamente atada a nosotros mismos, es decir, no hay nada que esté más allá de nosotros que podamos percibir, en tanto escaparía a nuestra dimensión sensorial o incluso racional. El agua que bebemos no está más lejos de nosotros que el sabor que le otorgamos, la temperatura que le asignamos o el color con que la miramos, pero por otra parte, ¿cómo referirse a algo fuera del tiempo, que no pertenezca al espacio o que no tenga color? Sencillamente no está a nuestro alcance. Entonces, de haber una respuesta parece lógico pensar que debiera estar más allá de nuestro entendimiento, y por lo tanto no solo seríamos incapaces de asirla por completo, sino que además nos sería de nulo valor. En el caso de que las soluciones a estos enigmas estuvieran dentro de nuestro ámbito de posibilidades la situación es más desalentadora, en tanto claramente nos dejaría un sabor de boca a cenizas, a ciencia a ficción, a respuesta rebuscada y por lo tanto paradojalmente poco aclaratoria.
Para nada estoy diciendo que la búsqueda, por ejemplo, del origen de la vida en el universo sea una empresa que es mejor abandonar, lo que afirmo es que el motivo de la misma jamás debiera ser la pretensión de conseguir una verdad, más valdría comprender estos esfuerzos como saludables ejercicios de la inteligencia, para quien quiera ejercitarse y que por supuesto le brinde alguna relevancia a la vida intelectual. Tal como el músico debiera tocar por el sonido mismo, y no perderse en las cavilaciones referentes a la audiencia, emocionando en primer término solo a su persona, puede ser que en esta indagación, si es trabajada de forma despreocupada y libre de ataduras conceptuales imposibles, encontremos mucho más sobre nosotros que mediante estas supuestas verdades ulteriores.
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¿Vale la pena entonces, perseguir la "verdad" hasta el cansancio?