Se cumple un año del movimiento feminista #MeToo y, como si de un tsunami se tratara, sus consecuencias son devastadoras en el ámbito laboral estadounidense.
Más de 200.000 tuits denunciaban algún tipo de abuso y señalaban con dedo acusador a sus supuestos agresores permaneciendo impunes.
Pero su discurso continuó no sólo culpabilizando a Weinstein, sino asegurando que "en la sala también había más acosadores como el productor".
Ella misma, con mirada desafiante, confesó que "las actrices sabían quiénes eran y que estaban sentados allí junto a las artistas".
No dijo nombres y, en un minuto, Argento consiguió que todos los hombres que asistieron a la ceremonia fueran sospechosos de ser violadores.
Posteriormente, un joven llamado Jimmy Bennet denunció Asia Argento "por haberlo violado contra su voluntad" y pudo demostrarlo a través de un contrato de confidencialidad firmado con la propia artista para tapar tan turbio asunto.
Pero las declaraciones de la artista en Italia originaron tal sentimiento de psicosis general que en Hollywood se trasladó al ámbito laboral.
Hace doce meses no existían datos sobre los efectos de Me Too en las empresas, pero los cambios y el miedo invadieron las oficinas norteamericanas.
Si sólo basta una acusación sin pruebas para perder el trabajo, lo mejor era tener a las féminas lejos.
Hoy por hoy, la bola de nieve de las feministas del Me Too norteamericano tiene forma de iceberg gigante.
Una nueva investigación realizada este año por la Sociedad para la Gestión de Recursos Humanos (SHRM) en Estados Unidos confirma que casi un tercio de los 1.034 ejecutivos encuestados dijeron haber cambiado sus comportamientos a un nivel moderado, grande o muy grande.
Ya en 2017, el SHRM recoge un aumento significativo en las demandas por acoso sexual en el trabajo, pero en 2018 el volumen de quejas por discriminación sexual se ha disparado estrepitosamente con respecto a años anteriores.
En California, el primer trimestre del año, las denuncias de las mujeres en el entorno laboral que supuestamente han sido agredidas sexualmente se ha incrementado hasta un 83%.
El 15% de trabajadores del estudio del SHRM piensa que el #Metoo ha evocado un ambiente de trabajo hostil para ambos géneros.
"Tener un tercio de los ejecutivos que informan un cambio en el comportamiento es significativo", dijo Johnny C. Taylor, Jr., presidente y CEO de SHRM.
Las organizaciones deben tener cuidado de no crear una cultura de culpabilidad hasta que se demuestre su inocencia y no podemos tolerar otras consecuencias no intencionadas".
La incertidumbre de lo que constituye el acoso sexual ha hecho que algunos hombres se sientan incómodos con las compañeras y se muestren cautelosos acerca de cómo cambiar las dinámicas del lugar de trabajo.
Los ejecutivos no invitan ya a colegas femeninas a viajes, a eventos de noche o a sus círculos cercanos para evitar cualquier situación que pueda percibirse incorrectamente.
Employment Law Alliance publicó una encuesta el pasado marzo sobre el impacto del movimiento #MeToo y encontró que el 23% de los 382 encuestados indicaron que era "algo común" que los gerentes se negaran a viajar, cenar o reunirse solos a puerta cerrada con colegas del sexo opuesto.
Joyce Chastain, presidenta de Chastain Consulting en Florida, narraba la situación de pánico laboral que su padre estaba viviendo en el trabajo.
En vista de que el Me Too no deja títere con cabeza, el hombre optó por una solución que ya practicaba el vicepresidente Mike Pence: llevar su esposa a todas las reuniones donde hubiera mujeres.
Chastain contaba cómo su padre, un señor con un cargo importante, "no viaja jamás con una mujer soltera sin su madre".
Además, el progenitor de Joyce se preocupa por evitar estar solo con una mujer, "llegando a salir de la misma habitación u oficina si así ocurriera".
"Algunos hombres en el trabajo están comenzando a seguir esta práctica para reducir el riesgo de responsabilidad por acoso sexual", señaló Tom Spiggle, un abogado de The Spiggle Law Firm en Arlington, Virginia.
Un total de 32 estados americanos presentaron más de 125 leyes en este último año plagado de lemas feministas.
No obstante, es llamativo cómo las denuncias de acoso sexual o comportamiento inapropiado en el lugar de trabajo no necesariamente condujeron al procesamiento de los acusados.
Sí que hubo un aumento del 83% de reclamaciones en California durante los primeros tres meses de 2018, pero los fiscales de Los Ángeles no han presentado un solo cargo penal.
En muchas ocasiones, la víctima solía negarse a participar en una entrevista de seguimiento con un fiscal, un paso necesario para continuar el proceso.
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