Un día normal en Venezuela: dos ancianos fueron hallados muertos por desnutrición en su apartamento

Estado
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Dolce Gabbana

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18 Feb 2012
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La crisis alimentaria que se vive en Venezuela se agudiza y esta vez ha golpeado a los más vulnerables. Dos hermanos de la tercera edad fueron encontrados en su apartamento en Caracas sin vida, en estado de descomposición y con signos de desnutrición.

Silvia Margarita Sandoval Armas, de 72 años, y Rafael David Sandoval Armas, de 73 años, murieron días antes sin que nadie se diera cuenta. Impedidos de emigrar, o aguantar las largas colas para conseguir alimentos por su avanzada edad, sufrieron de manera crítica el hambre que azota al país.

Fueron los vecinos de su departamento en el piso 9 de las residencias Villa II, en el barrio Puente Hierro, donde los hermanos vivían solos, quienes alertaron a los bomberos tras darse cuenta que no contestaban a sus llamados.


Los vecinos del lugar agregaron que comenzaron a sentir hedor que provenía del inmueble.

De acuerdo a información recabada por periodistas, los ancianos dependían de los alimentos que les suministraban sus vecinos, ya que Silvia Sandoval recibía apenas una pensión de 400 mil bolívares, lo que equivale a unos 1,61 dólares.

La periodista Yohana Marra confirmó en su cuenta de Twitter que “dos abuelitos fueron hallados muertos dentro de su casa, en las residencias Villa II, en Puente Hierro, Caracas. La causa de muerte fue desnutrición”. Los fallecidos presentaban desnutrición proteico calórica.




Venezuela: dos ancianos fueron hallados muertos por desnutrición en su apartamento
La crisis alimentaria que se vive en Venezuela se agudiza y esta vez ha golpeado a los más vulnerables. Dos hermanos de la tercera edad fueron encontrados en su apartamento en Caracas sin vida, en estado de descomposición y con signos de desnutrición. Silvia Margarita Sandoval Armas, de 72 años...
 
Chile va por el mismo camino, considerando el alto costo de la vida y el paupérrimo sistema de pensiones existente en el país. La diferencia es que Chile no es un pais empobrecido, solo desigual.
 
Que lamentable por los tatas que viven en pleno abandono.

Menos mal que en chile no mueren ancianos así, aquí los ancianos mueren trabajando con 80 años, o esperando que los entiendan en el hospital, o peor aun, se sienten una carga y se suicidan.

https://www.emol.com/noticias/nacio...ano-murio-frente-al-palacio-de-la-moneda.html
https://www.eldesconcierto.cl/nacio...spital-de-puerto-montt-antes-de-fallecer.html
https://www.perfil.com/noticias/internacional/chile-pareja-ancianos-suicidio-para-no-ser-carga-familia .phtml
 
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Ja y ese es el paraíso que los come guaguas quieren replicar aca.
Y donde estan los zurdos defendiendo lo indefendible acusando un montaje imperialista
 
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Que lamentable por los tatas que viven en pleno abandono.

Menos mal que en chile no mueren ancianos así, aquí los ancianos mueren trabajando con 80 años, o esperando que los entiendan en el hospital, o peor aun, se sienten una carga y se suicidan.

https://www.emol.com/noticias/nacio...ano-murio-frente-al-palacio-de-la-moneda.html
https://www.eldesconcierto.cl/nacio...spital-de-puerto-montt-antes-de-fallecer.html
https://www.perfil.com/noticias/internacional/chile-pareja-ancianos-suicidio-para-no-ser-carga-familia .phtml
Tu generación atea marxista y neomarxista completamente dominada y adormecida, la que no le teme a nada es la que abandona a sus propios padres o los cafichean y es muy distinto que morir hambre, El empate patetico del esperpento comunista impresentable :lol:

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Venezuela 'muere' de hambre, y estas fotos te lo demuestran

18/09/2018
Actualización 18/09/2018 - 20:53
Decidimos fotografiar a cinco venezolanos, predominantemente de barrios de clase trabajadora y que han acusado el mayor castigo, pidiéndoles que compartieran imágenes recientes, o de sus años mozos. Los cambios en su fisonomía son evidentes. Una persona ha perdido 28 kilos. Otra, 35.



Algunos habían sufrido de sobrepeso, resultado en parte de la dieta típica venezolana: abundantes alimentos fritos y ricos en almidones, que se ingieren en cenas servidas en la noche. Una de ellas ha incluso escuchado que se ve mejor ahora. En realidad, no se siente mejor. Se siente igual que los demás: débil, derrotada, deprimida. Para ellos, el reflejo de caras estrechas que devuelven sus espejos es un recordatorio cruel y eterno de todo lo que han perdido a lo largo de la peor crisis económica que ellos, y el resto de su país, han conocido.



Yetsi Martínez. Enfermera, 46 años, casada, dos hijos, vive en un barrio de clase trabajadora en Caracas Peso precrisis: 74.8 kilos Peso actual: 54.8 kilos

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“Toda esta crisis nos ha cambiado la vida. Es horrible.”



Llora y está furiosa. En una rápida sucesión de ideas comenta que tanto ella como su esposo perdieron sus trabajos, y que ella estuvo trabajando como estilista para completar la quincena. Eso también se terminó cuando decidió vender sus tijeras y una secadora de pelo para pagar algunas facturas. La dieta de su familia solía estar cargada con proteínas y calorías. Carne, pollo, jamón, huevos, queso y pan dulce eran cotidianos en su alimentación. Los viernes en la noche se cenaba fuera y el fin de semana era sinónimo de parrillada.



“No podemos pagar nada de eso ahora”. Ni siquiera, dice, un pastel para la fiesta de cumpleaños. Hoy en día, depende de los subsidios alimenticios del gobierno y le sirve a su familia vegetales y verduras baratas como maíz, apio y yuca. Su hija mayor, de 21 años, quiere irse del país. Sus amigos ya lo han hecho. Está pensando en probar suerte en Perú. “También lo he pensado”, admite Martínez, con lágrimas que se asoman en los ojos. “Dejaría a mi hija menor con mi mamá”.



Domingo Cruz. Trabajador social, 35 años, soltero, vive en un barrio de clase trabajadora de Caracas Peso precrisis: 94.8 kilos Peso actual: 66.2 kilos

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Cruz no se había percatado que estaba perdiendo peso hasta que un día se asomó a su armario y sacó un traje viejo. Era demasiado grande. En otra ocasión su sobrino de 18 años le dio una camisa para que se la probase. Talla pequeña. Le sirvió. Solía usar talla grande o extragrande. “Yo mismo me veía en fotos viejas y me decía ‘ése no puedo ser yo’”.



Se sumió en una profunda depresión y se negó a salir de su casa. “Me decía a mí mismo: no quiero que me vean, no quiero que me vean. Todos se pueden ir al infierno”. Su estado de ánimo es un poco mejor ahora. Ha comenzado a trabajar otra vez. Pero comprar suficiente comida sigue siendo un gran desafío. Se abstiene de desayunar y su cena es por lo general un plato de crema de arroz. En un día reciente, decidió regalarse unos pedazos de pastel en un café local. Los compró a crédito.

Alexandre López. Trabajador de la construcción, 49 años, soltero, dos niños, vive en las afueras de Caracas Peso precrisis: 110 kilos Peso actual: 74.8 kilos

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López confiesa que tiene buen diente y que en un día cualquiera degustaba cuatro o cinco comidas. Ahora, cuando mucho, come dos veces. Algunos días, ninguna. “He tenido que dejar de comer para alimentar a mis dos hijas”.



Hablando durante una reciente pausa de mediodía, se le ve agotado. Su voz es apenas perceptible, su mirada distante. Describe un reciente accidente que sufrió en el Metro. Hambriento y exhausto, se desmayó. Se despertó en una silla de ruedas, rodeado de enfermeras atendiéndole lesiones en la cabeza y la espalda. “Quiero que esta crisis se solucione. Si no hacemos algo, todos vamos a morir de hambre”.





César Montes. Vigilante de seguridad, 50 años, casado, cinco hijos, vive en Caracas Peso precrisis: 78 kilos Peso actual: 52.1 kilos

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Montes es la persona de menos peso de los fotografiados y porcentualmente el que ha perdido más comparado a su peso inicial. Pero de alguna manera, sobrelleva la situación de mejor modo. Da la impresión de estar casi resignado-y en paz-con su destino. Una razón clave: todos sus hijos ya son adultos y viven tranquilos fuera del país. La mayoría de ellos huyó a la vecina Colombia. Sin embargo, todavía lucha a medida que pierde peso. No puede encontrar, o pagar, cualquiera de los alimentos que tanto le gustan: sopa venezolana, arroz, pescado y empanadas. “Ahora uno tiene que comer lo que puede”, dice. “No tienes elección”.





Mónica Santaella. Gerente de equipo de ventas de seguros, 49 años, soltera, vive en las afueras de Caracas Peso precrisis: 117 kilos Peso actual: 89.8 kilos

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Desde su infancia, Santaella ha lidiado con la obesidad y a lo largo de los años ha probado con varios programas para perder peso. ¿Pero esto? “No hay derecho de que lo pongan a uno a pasar hambre”.







Sus críticas a Nicolás Maduro y su manejo de la economía son lapidarias. El ascenso de la inflación ha sido tal, dice, que el pollo, carne, pescado e incluso artículos básicos como harina, arroz y azúcar están ahora más allá de su alcance. Sustituye unos alimentos por otros más baratos, como plátanos en lugar de arroz. Y su cena es ahora, típicamente, una taza de avena. En medio de todo, lo que quizá encuentra como más doloroso es ver su cocina tan vacía, “abrir la puerta del refrigerador”, dice, “y ver solo agua”.

 
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