Mujeres embarazadas, niños y adultos mayores en riesgo por el hambre en Venezuela
Venezuela encabeza la tasa de hambre más alta de Sudamérica con el 22,9%, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Ante la falta de cifras oficiales, las organizaciones no gubernamentales siguen el rastro de la crisis alimentaria en el país caribeño. La Fundación Bengoa estima que 800 mil niños menores de cinco años están en riesgo de desnutrición y la organización Caritas calcula que la desnutrición crónica supera el 30% en las zonas más pobres.
Nuevamente tenemos que referirnos a una de las situaciones más injustas que viven los venezolanos. No decenas, ni cientos sino millones de adultos mayores a quienes el gobierno, como si estuviera integrado por huérfanos de padre y madre, trata con absoluto desdén.
Como si fuera un regalo y no un derecho adquirido por quienes cotizaron religiosamente durante su vida laboral activa, ya es costumbre que, con bombos y platillos, el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (que, por cierto, no parecen ser seguros ni sociales) anuncie el depósito de las pensiones. Esta semana voceó la entrega correspondiente al mes de julio. Pero, ¿qué bomba se le puede dar a míseros 130 bolívares? ¿Cuántos productos para la mera subsistencia se pueden adquirir con ese dinero?
Ante su incapacidad para encontrar mecanismos que garanticen un ingreso digno a los venezolanos, Nicolás Maduro soslayó aumentar el salario mínimo. Sin embargo, se cuidó mucho de promocionar un aumento del bono de alimentación y de anunciar la llegada de otras regalías, olvidando que si hay algo que los pensionados no reciben es el cestaticket y que son las empresas privadas las que lo pagan religiosamente. Los otros bonos que ofreció en su festival de mentiras son tan discrecionales que está a buen resguardo la lista de quienes los reciben; o son inexistentes, un embuste más.
Acorde con eso los funcionarios del gobierno hablan gamelote, se llenan la boca con la palabra “pueblo”, tanto por televisión como dentro de las paredes ubicadas en la esquina de La Bolsa (que ellos de bolsas no tienen nada) y vociferan contra una supuesta guerra económica que a los denunciantes pareciera no afectar dados los vehículos de alta gama y teléfonos de última generación de los que hacen ostentación en los restaurantes de moda. La verdadera guerra es la que le han declarado ellos a millones de venezolanos que solo cuentan con sus pensiones para sobrevivir.
https://www.elnacional.com/opinion/genocidio-de-la-tercera-edad/
Venezuela encabeza la tasa de hambre más alta de Sudamérica con el 22,9%, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Ante la falta de cifras oficiales, las organizaciones no gubernamentales siguen el rastro de la crisis alimentaria en el país caribeño. La Fundación Bengoa estima que 800 mil niños menores de cinco años están en riesgo de desnutrición y la organización Caritas calcula que la desnutrición crónica supera el 30% en las zonas más pobres.
Nuevamente tenemos que referirnos a una de las situaciones más injustas que viven los venezolanos. No decenas, ni cientos sino millones de adultos mayores a quienes el gobierno, como si estuviera integrado por huérfanos de padre y madre, trata con absoluto desdén.
Como si fuera un regalo y no un derecho adquirido por quienes cotizaron religiosamente durante su vida laboral activa, ya es costumbre que, con bombos y platillos, el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (que, por cierto, no parecen ser seguros ni sociales) anuncie el depósito de las pensiones. Esta semana voceó la entrega correspondiente al mes de julio. Pero, ¿qué bomba se le puede dar a míseros 130 bolívares? ¿Cuántos productos para la mera subsistencia se pueden adquirir con ese dinero?
Ante su incapacidad para encontrar mecanismos que garanticen un ingreso digno a los venezolanos, Nicolás Maduro soslayó aumentar el salario mínimo. Sin embargo, se cuidó mucho de promocionar un aumento del bono de alimentación y de anunciar la llegada de otras regalías, olvidando que si hay algo que los pensionados no reciben es el cestaticket y que son las empresas privadas las que lo pagan religiosamente. Los otros bonos que ofreció en su festival de mentiras son tan discrecionales que está a buen resguardo la lista de quienes los reciben; o son inexistentes, un embuste más.
Acorde con eso los funcionarios del gobierno hablan gamelote, se llenan la boca con la palabra “pueblo”, tanto por televisión como dentro de las paredes ubicadas en la esquina de La Bolsa (que ellos de bolsas no tienen nada) y vociferan contra una supuesta guerra económica que a los denunciantes pareciera no afectar dados los vehículos de alta gama y teléfonos de última generación de los que hacen ostentación en los restaurantes de moda. La verdadera guerra es la que le han declarado ellos a millones de venezolanos que solo cuentan con sus pensiones para sobrevivir.
https://www.elnacional.com/opinion/genocidio-de-la-tercera-edad/
