Por lo general, la imagen que tenemos de los perros en un automóvil es con el hocico fuera de la ventana, relajado y disfrutando del aire que entra durante el viaje.
Habitualmente encuentran su sitio en el suelo o en los asientos, se aovillan y viajan tranquilos, pero no es el caso de Thomas.
Se trata de un pequeño cocker spaniel que no lo pasa nada bien cuando el vehículo se pone en movimiento. Hasta el punto de que exige de forma ostensible a su dueño, de nombre Adam Douglas, que tome una de sus patas, situación que le calma y relaja.
Todo un problema cuando se está al volante, claro, hasta el punto de que llevar a tu mascota en la parte de adelante es un peligro manifiesto. En todo caso, mientras consigue acostumbrar a su perro, lo más importante es que el auto sea automático, porque el cambio manual en estas circunstancias es francamente complicado, por no decir imposible.
Habitualmente encuentran su sitio en el suelo o en los asientos, se aovillan y viajan tranquilos, pero no es el caso de Thomas.
Se trata de un pequeño cocker spaniel que no lo pasa nada bien cuando el vehículo se pone en movimiento. Hasta el punto de que exige de forma ostensible a su dueño, de nombre Adam Douglas, que tome una de sus patas, situación que le calma y relaja.
Todo un problema cuando se está al volante, claro, hasta el punto de que llevar a tu mascota en la parte de adelante es un peligro manifiesto. En todo caso, mientras consigue acostumbrar a su perro, lo más importante es que el auto sea automático, porque el cambio manual en estas circunstancias es francamente complicado, por no decir imposible.
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