V
Vilsek
Invitado
Sondas autorreplicantes pueden estar entre nosotros, y en breve se buscarán supernaves extraterrestres
Una buena parte del fenómeno OVNI parece ineludiblemente ligada a la hipótesis extraterrestre, descartada durante décadas entre otros argumentos con el de lo insalvables que resultan las distancias que nos separan de otros posibles planetas con vida. Esas distancias son tan inconmesurables que, desde nuestra ciencia y tecnología, parece ser que jamás estará a nuestro alcance superarlas. De esta manera, e invirtiendo los papeles, se suele dar por sentado que tampoco una civilización extraterrestre avanzada que nos haya podido localizar, podrá llegar a la Tierra. Sin embargo, crece el número de científicos que cuestionan con argumentos y en voz alta este planteamiento. A las soluciones alternativas, como la de construir una gigantesca nave generacional que sea capaz de afrontar viajes de siglos de duración, o a la idea de formas de vida inconcebibles y por ello irreconocibles propuesta por cosmólogos como Paul Davies, se suma la propuesta de dos matemáticos de la Universidad de Edimburgo, Duncan Forgan y Arwen Nicholson, quienes contemplan como una posibilidad no despreciable el hecho de que formas de vida extraterresre avanzadas ya estén entre nosotros. El pasado mes de julio, a través de las páginas del Diario de Astrobiología, ambos expertos exponían en base a la evolución de la tecnología y la vida en la Tierra, que una civilización extraterrestre ha podido alcanzar el punto de desarrollar sondas espaciales con capacidad para la autoreplicación a través de la utilización de materias primas captadas en el espacio como polvo o gas.
Utilizando la fuerza gravitatoria de estrellas y otros cuerpos celestes, una hipotética flota de sondas inteligentes podrían ser impulsadas desde su origen con diferentes rumbos exploratorios, entre ellos la Tierra, a semejanza de lo que hemos hecho nosotros con sondas como la Voyager. La posibilidad por tanto existe, incluso, la posibilidad de que hayan podido llegar y su tecnología y programación incluya el camuflaje. Es más, podría darse el caso de sondas agotadas o accidentadas cuyos restos reposan en algún punto de nuestro Sistema Solar, ingenios que no hemos encontrado ni obviamente buscado, y que desgracidamente, taz vez llegado el momento, *seamos incapaces de identificar. Este *planteamiento coincide en parte con el defendido desde hace años por el conocido cosmólogo y astrobiólogo británico Paul Davies, quien sostiene que de encontrar alguna vez vida extraterrestre, dicha vida será postbiológica. Davies, autor de la influyente e innovadora obra The eerie silence sostiene que es altamente probable que la vida evolucione hacia las máquinas, con más resistencia a las condiciones del espacio y mayores capacidades que el cerebro humano para desarrollar la inteligencia.
Puede ser que estas naves nunca hayan estado tripuladas
Una buena parte del fenómeno OVNI parece ineludiblemente ligada a la hipótesis extraterrestre, descartada durante décadas entre otros argumentos con el de lo insalvables que resultan las distancias que nos separan de otros posibles planetas con vida. Esas distancias son tan inconmesurables que, desde nuestra ciencia y tecnología, parece ser que jamás estará a nuestro alcance superarlas. De esta manera, e invirtiendo los papeles, se suele dar por sentado que tampoco una civilización extraterrestre avanzada que nos haya podido localizar, podrá llegar a la Tierra. Sin embargo, crece el número de científicos que cuestionan con argumentos y en voz alta este planteamiento. A las soluciones alternativas, como la de construir una gigantesca nave generacional que sea capaz de afrontar viajes de siglos de duración, o a la idea de formas de vida inconcebibles y por ello irreconocibles propuesta por cosmólogos como Paul Davies, se suma la propuesta de dos matemáticos de la Universidad de Edimburgo, Duncan Forgan y Arwen Nicholson, quienes contemplan como una posibilidad no despreciable el hecho de que formas de vida extraterresre avanzadas ya estén entre nosotros. El pasado mes de julio, a través de las páginas del Diario de Astrobiología, ambos expertos exponían en base a la evolución de la tecnología y la vida en la Tierra, que una civilización extraterrestre ha podido alcanzar el punto de desarrollar sondas espaciales con capacidad para la autoreplicación a través de la utilización de materias primas captadas en el espacio como polvo o gas.
Utilizando la fuerza gravitatoria de estrellas y otros cuerpos celestes, una hipotética flota de sondas inteligentes podrían ser impulsadas desde su origen con diferentes rumbos exploratorios, entre ellos la Tierra, a semejanza de lo que hemos hecho nosotros con sondas como la Voyager. La posibilidad por tanto existe, incluso, la posibilidad de que hayan podido llegar y su tecnología y programación incluya el camuflaje. Es más, podría darse el caso de sondas agotadas o accidentadas cuyos restos reposan en algún punto de nuestro Sistema Solar, ingenios que no hemos encontrado ni obviamente buscado, y que desgracidamente, taz vez llegado el momento, *seamos incapaces de identificar. Este *planteamiento coincide en parte con el defendido desde hace años por el conocido cosmólogo y astrobiólogo británico Paul Davies, quien sostiene que de encontrar alguna vez vida extraterrestre, dicha vida será postbiológica. Davies, autor de la influyente e innovadora obra The eerie silence sostiene que es altamente probable que la vida evolucione hacia las máquinas, con más resistencia a las condiciones del espacio y mayores capacidades que el cerebro humano para desarrollar la inteligencia.
Puede ser que estas naves nunca hayan estado tripuladas