Dios no podía estar en todas partes a la vez, y por eso creó a las madres.
La mano que mueve a la cuna es la mano que manda en el mundo.
De todos los derechos de una mujer, el más grande es ser madre.
El amor de una madre no contempla lo imposible.
Hay un solo niño bello en el mundo y cada madre lo tiene.
El amor de madre es el combustible que le permite a un ser humano hacer lo imposible.
Cuando Dios tiene su altar en el corazón de la madre la casa es un templo.
¡Oh, templo augusto del amor! Tu nombre
es emblema de paz y de consuelo.
Eres luz en la tierra y en el cielo,
vida y calor y aliento para el hombre.
Árbol eres munífico y fecundo
que sólo vive para dar la vida;
hasta del mismo Dios fuiste escogida
para encarnar al Redentor del mundo.
Sin ti la Creación no comprendiera
por qué eres alma, corazón y esencia,
fuerza y virtud. La humanidad entera
debe llevar muy honda en la conciencia
que sin tu amor, oh madre, no pudiera
con el peso fatal de la existencia.