Científicos norteamericanos descubrieron que el cerebro, para contrarrestar la pérdida de su volumen, genera una mayor cantidad de conexiones entre neuronas. Sin embargo, en los consumidores prolongados de cannabis, la conectividad comienza a degradarse tras los primeros seis u ocho años.
Un estudio de la Universidad de Texas, Estados Unidos, llegó a la conclusión de que el consumo diario de marihuana achica el cerebro en su corteza orbitofrontal, pero aumenta las conexiones neurológicas que éste produce. Sin embargo, advierten que quienes usan la droga por mucho tiempo, pueden sufrir efectos perjudiciales.
El objetivo principal era probar en seres humanos algo que ya se había visto en ratones de laboratorio: el consumo diario de marihuana está asociado con la reducción del cerebro. El método que utilizaron fue la lectura de tres diferentes IRM (imágenes por resonancia magnéticas) que evaluaron las características del cerebro.
Los investigadores estudiaron los impactos neurológicos de la marihuana en 48 adultos de entre 20 y 36 años- que consumían marihuana todos los días (hasta tres veces) y los compararon con 62 personas que no ingerían la droga. Los resultados sugieren un aumento en la conectividad, tanto estructural como funcional, puede compensar la pérdida de materia gris. Sin embargo, en los consumidores prolongados de cannabis, la conectividad comienza a degradarse tras los primeros seis u ocho años, dijo el coautor del estudio al diario británico The Guardian.
La zona del cerebro que se vio reducida es la corteza orbitofrontal. Ésta se asocia a la motivación, la recompensa, a la toma de decisiones, las adicciones y además está fuertemente ligada a la empatía. A su vez, el estudio mostró que los primeros consumos son los que generaron una mayor conectividad, pero tras seis a ocho años de ingerir marihuana, los niveles de conexión disminuyeron, aun así, nunca fueron menores a las del grupo que no probó la planta.
Por otro lado, la investigación comprobó que el consumo regular de cannabis afecta la inteligencia, pues de los 110 casos observados, se vio que los fumadores tenían un coeficiente intelectual más bajo (en promedio) que los que no consumieron el psicotrópico. Sin embargo, los expertos afirmaron que las diferencias no parecen estar relacionadas con las anomalías en el cerebro, y que no se puede trazar ninguna correlación directa entre los déficit de coeficiente intelectual y la disminución del volumen de la corteza orbitofrontal.
Lo que se propusieron los investigadores de la Universidad de Texas como próxima meta es determinar si esos cambios vuelven a la normalidad si se deja de consumir, y qué efectos están presentes en consumidores ocasionales versus los consumidores crónicos. Cuestionamientos que les surgieron tras descubrir que el uso crónico de la marihuana inicia un proceso complejo que permite a las neuronas adaptarse y compensar el volumen de materia gris más pequeña.
soychile.cl
Un estudio de la Universidad de Texas, Estados Unidos, llegó a la conclusión de que el consumo diario de marihuana achica el cerebro en su corteza orbitofrontal, pero aumenta las conexiones neurológicas que éste produce. Sin embargo, advierten que quienes usan la droga por mucho tiempo, pueden sufrir efectos perjudiciales.
El objetivo principal era probar en seres humanos algo que ya se había visto en ratones de laboratorio: el consumo diario de marihuana está asociado con la reducción del cerebro. El método que utilizaron fue la lectura de tres diferentes IRM (imágenes por resonancia magnéticas) que evaluaron las características del cerebro.
Los investigadores estudiaron los impactos neurológicos de la marihuana en 48 adultos de entre 20 y 36 años- que consumían marihuana todos los días (hasta tres veces) y los compararon con 62 personas que no ingerían la droga. Los resultados sugieren un aumento en la conectividad, tanto estructural como funcional, puede compensar la pérdida de materia gris. Sin embargo, en los consumidores prolongados de cannabis, la conectividad comienza a degradarse tras los primeros seis u ocho años, dijo el coautor del estudio al diario británico The Guardian.
La zona del cerebro que se vio reducida es la corteza orbitofrontal. Ésta se asocia a la motivación, la recompensa, a la toma de decisiones, las adicciones y además está fuertemente ligada a la empatía. A su vez, el estudio mostró que los primeros consumos son los que generaron una mayor conectividad, pero tras seis a ocho años de ingerir marihuana, los niveles de conexión disminuyeron, aun así, nunca fueron menores a las del grupo que no probó la planta.
Por otro lado, la investigación comprobó que el consumo regular de cannabis afecta la inteligencia, pues de los 110 casos observados, se vio que los fumadores tenían un coeficiente intelectual más bajo (en promedio) que los que no consumieron el psicotrópico. Sin embargo, los expertos afirmaron que las diferencias no parecen estar relacionadas con las anomalías en el cerebro, y que no se puede trazar ninguna correlación directa entre los déficit de coeficiente intelectual y la disminución del volumen de la corteza orbitofrontal.
Lo que se propusieron los investigadores de la Universidad de Texas como próxima meta es determinar si esos cambios vuelven a la normalidad si se deja de consumir, y qué efectos están presentes en consumidores ocasionales versus los consumidores crónicos. Cuestionamientos que les surgieron tras descubrir que el uso crónico de la marihuana inicia un proceso complejo que permite a las neuronas adaptarse y compensar el volumen de materia gris más pequeña.
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