Daniel Jadue admite que el estallido social jamás existió y nada fue espontáneo
¿Es interesante verlo discutir? Claro que sí, es un artillero, un espadachín de la acusación corta, del “usted dijo”, del “no lo escuché decir nada cuando…” y cosas por el estilo. Pero hoy no estamos para altisonancia, sino para hacer política. Y pareciera que eso al edil se le olvidó.
Daniel Jadue es un buen polemista, es articulado, tiene las ideas claras y, cada vez que puede, forma gran batahola en torno a sus declaraciones. Pero, además, es tal vez uno de los personajes de izquierda que más saca aplausos no solo por su discurso y su actuar “consecuente”, sino también por su gestión como alcalde de Recoleta. Esa es la gran credencial que lo escuda en días en que las acciones de la llamada “clase política” están tan cuestionadas.
Su problema, quizás, es que públicamente se ha dedicado más a su función de polemista. Esto, obviamente, no es problemático cuando se trata de mostrar una postura ideológica, lo que hace muy bien, sino cuando esta postura se pierde en discusiones acaloradas que opacan lo que pretendía decir. ¿Es interesante verlo discutir? Claro que sí, es un artillero, un espadachín de la acusación corta, del “usted dijo”, del “no lo escuché decir nada cuando…” y cosas por el estilo. Pero hoy no estamos para altisonancia, sino para hacer política. Y pareciera que eso al edil se le olvidó.
Uno de los defectos de Jadue y de otros personajes de la izquierda chilena, es que se han dedicado últimamente a dejar de lado el ejercicio político y la construcción de un relato. En cambio, se jactan de algo que no han hecho ni menos construido, lo que logra que esa derecha paranoica y militante de la ideología del miedo encuentre la excusa perfecta para fundamentar sus pesadillas.
Por estos días anda circulando un video en el que Jadue dice que lo que sucedió en Chile no es un estallido social, sino el resultado de marchas, de movilizaciones y de articulación política. Si nos detenemos a recordar, a lo mejor tiene razón en que los últimos quince o catorce años la masa ha tomado cierta conciencia que en los noventa era impensada, por el poco miedo de las nuevas generaciones a plantear preguntas; pero eso no nos llevaría a encontrar todas las explicaciones para lo que sucedió en octubre recién pasado. ¿Por qué? Porque lo que hemos visto es más bien una explosión en varios aspectos, la que ha sido de manera violenta debido a la violencia que se ha respirado por décadas en las calles y en la cotidianidad, lo que ha dado como resultado la intensidad de las reacciones.
¿Hay tras eso un trabajo político de parte de Unidad Social o los comunistas? Debe haberlo, pero no tan exitoso como se dice. Si fuera así, uno tendería a esperar que no hubiera una dispersión como aún la hay en las movilizaciones. O que al menos hubiera un relato claro que fuera más allá de lo que no se quiere. Y lo cierto es que aún no hay nada.
Por más que Jadue y Unidad Social quieran mostrarle una historia a quienes esperan de ellos un liderazgo, lo real es que no hemos observado nada más que las ganas de dar la seguridad de que ese liderazgo existe y que está ahí. Pero no queda tan claro que así sea. No parece tan cierto que tras ellos caminen grandes masas esperando recibir la buena nueva o las instrucciones a seguir. Parece más bien el contenido para un discurso aplaudible por los suyos, pero nada más.
¿Qué se esperaría de quienes nos quieren contar que están muy articulados y politizados? Que muestren esa articulación y politización con una propuesta política clara en la que haya pasos a seguir, más allá de las movilizaciones en las calles hasta que se cumpla lo que quieran. Porque, en democracia, para obtener los objetivos, la sola hermosa ilusión de haber logrado algo no es garantía de que efectivamente esto se realice. Y eso el alcalde debería saberlo por sus labores en Recoleta. Pero también debería tener claro que haber dado certezas públicas en una comuna, dado el tamaño de lo que enfrentamos por estos días, hoy no es garantía suficiente.
¿Es interesante verlo discutir? Claro que sí, es un artillero, un espadachín de la acusación corta, del “usted dijo”, del “no lo escuché decir nada cuando…” y cosas por el estilo. Pero hoy no estamos para altisonancia, sino para hacer política. Y pareciera que eso al edil se le olvidó.
Daniel Jadue es un buen polemista, es articulado, tiene las ideas claras y, cada vez que puede, forma gran batahola en torno a sus declaraciones. Pero, además, es tal vez uno de los personajes de izquierda que más saca aplausos no solo por su discurso y su actuar “consecuente”, sino también por su gestión como alcalde de Recoleta. Esa es la gran credencial que lo escuda en días en que las acciones de la llamada “clase política” están tan cuestionadas.
Su problema, quizás, es que públicamente se ha dedicado más a su función de polemista. Esto, obviamente, no es problemático cuando se trata de mostrar una postura ideológica, lo que hace muy bien, sino cuando esta postura se pierde en discusiones acaloradas que opacan lo que pretendía decir. ¿Es interesante verlo discutir? Claro que sí, es un artillero, un espadachín de la acusación corta, del “usted dijo”, del “no lo escuché decir nada cuando…” y cosas por el estilo. Pero hoy no estamos para altisonancia, sino para hacer política. Y pareciera que eso al edil se le olvidó.
Uno de los defectos de Jadue y de otros personajes de la izquierda chilena, es que se han dedicado últimamente a dejar de lado el ejercicio político y la construcción de un relato. En cambio, se jactan de algo que no han hecho ni menos construido, lo que logra que esa derecha paranoica y militante de la ideología del miedo encuentre la excusa perfecta para fundamentar sus pesadillas.
Por estos días anda circulando un video en el que Jadue dice que lo que sucedió en Chile no es un estallido social, sino el resultado de marchas, de movilizaciones y de articulación política. Si nos detenemos a recordar, a lo mejor tiene razón en que los últimos quince o catorce años la masa ha tomado cierta conciencia que en los noventa era impensada, por el poco miedo de las nuevas generaciones a plantear preguntas; pero eso no nos llevaría a encontrar todas las explicaciones para lo que sucedió en octubre recién pasado. ¿Por qué? Porque lo que hemos visto es más bien una explosión en varios aspectos, la que ha sido de manera violenta debido a la violencia que se ha respirado por décadas en las calles y en la cotidianidad, lo que ha dado como resultado la intensidad de las reacciones.
¿Hay tras eso un trabajo político de parte de Unidad Social o los comunistas? Debe haberlo, pero no tan exitoso como se dice. Si fuera así, uno tendería a esperar que no hubiera una dispersión como aún la hay en las movilizaciones. O que al menos hubiera un relato claro que fuera más allá de lo que no se quiere. Y lo cierto es que aún no hay nada.
Por más que Jadue y Unidad Social quieran mostrarle una historia a quienes esperan de ellos un liderazgo, lo real es que no hemos observado nada más que las ganas de dar la seguridad de que ese liderazgo existe y que está ahí. Pero no queda tan claro que así sea. No parece tan cierto que tras ellos caminen grandes masas esperando recibir la buena nueva o las instrucciones a seguir. Parece más bien el contenido para un discurso aplaudible por los suyos, pero nada más.
¿Qué se esperaría de quienes nos quieren contar que están muy articulados y politizados? Que muestren esa articulación y politización con una propuesta política clara en la que haya pasos a seguir, más allá de las movilizaciones en las calles hasta que se cumpla lo que quieran. Porque, en democracia, para obtener los objetivos, la sola hermosa ilusión de haber logrado algo no es garantía de que efectivamente esto se realice. Y eso el alcalde debería saberlo por sus labores en Recoleta. Pero también debería tener claro que haber dado certezas públicas en una comuna, dado el tamaño de lo que enfrentamos por estos días, hoy no es garantía suficiente.
ni en su organizacion lo pescan