«La incapacidad para comprender una idea no puede ser salvada mediante el recurso a la ironía.Empecemos aclarando que el valor de la fuerza de trabajo no determina el valor de ningún otro poducto que no sea
la propia fuerza de trabajo.
Esto es una tautología, naturalmente.
En términos marxistas, lo que determina el valor de un producto -de una mercancía, para ser exactos- es la fuerza de trabajo (y no el valor de la fuerza de trabajo) dedicada a producirla.
En la teoría de Marx el valor de una mercancía está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario dedicado a producir (o reproducir) esa mercancía.
Para formularlo en términos a prueba de tontos: Si la reproducción de ocho horas de trabajo simple (en una curtiembre, supongamos) insume una canasta (un producto dice usted) cuya producción exige la erogación de cuatro horas de trabajo simple (hablamos siempre de trabajo socialmente necesario), resultará que durante su jornada de trabajo el trabajador de la curtiembre entrega cuatro horas de trabajo no remunerado al capitalista.
En resumen: la producción de la mercancía ocho horas de trabajo simple VALE
cuatro horas de trabajo simple. La fuerza de trabajo erogada en una jornada y su valor no coinciden. Si lo hicieran, el capitalismo -y, en general, la explotación del trabajo- sería inviable.
Ello sucede SIN QUE MEDIE DELITO alguno porque, precisamente, el capitalista está pagando al trabajador el VALOR de su fuerza de trabajo (es decir: le paga el valor correspondiente al tiempo de trabajo socialmente necesario para producir la canasta de productos que necesita para seguir ejerciendo su labor).
Dentro del supuesto que venimos manejando, cuesta cuatro horas de trabajo simple reproducir una jornada de ocho horas de trabajo simple, y eso es lo que el capitalista le paga al trabajador. Siendo así, no hay violación de la ley del valor, (o sea: no hay robo), sino cumplimiento de la ley del valor.
Espero que hasta acá se haya entendido.
Hasta donde deja ver la forma confusa en que Ud. se expresa, pareciera que el problema o la contradicción que usted encuentra en la teoría de Marx consiste en que si la fuerza de trabajo determina el valor de las mercancías y, por la otra punta, el valor de la fuerza de trabajo equivale a una canasta de mercancías, estaríamos imagina usted- en presencia de un razonamiento circular, o sea inválido (porque -según Ud. parece creer- el trabajo determinaría aquello que, a su vez, lo determinaría a él mismo).
Un razonamiento semejante, más que una refutación de las ideas de Marx, manifiesta una severa incomprensión de las mismas.
Porque, ante todo y como ya expliqué, no son lo mismo ocho horas de trabajo simple (la fuerza de trabajo analizada en este caso) y el valor de esas ocho horas de trabajo simple (el tiempo de trabajo socialmente necesario para reproducir una jornada de ocho horas de trabajo simple, para reproducir la capacidad de trabajar ocho horas en una curtiembre).
Para Marx, TODAS las mercancías, incluida la propia fuerza de trabajo, valen el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlas o reproducirlas.
Para el capitalista, la fuerza de trabajo es un insumo más de la producción, junto con los medios de producción y las materias primas. Y, si ese capitalista paga a su valor la fuerza de trabajo erogada en la jornada, ésta le cuesta precisamente el tiempo de trabajo socialmente necesario que lleva reproducirla o, si Ud. quiere, que lleva reproducir las mercancías que componen la canasta de subsistencia que fija el valor del trabajo simple.
No hay en esto ninguna circularidad -a veces pareciera que algunos críticos de Marx asumen que éste era tonto- porque el valor de todas las mercancías se reduce a un único elemento: la fuerza de trabajo -el tiempo de trabajo socialmente necesario- que lleva producir o reproducir tales mercancías.
Y si bien este mismo elemento -la fuerza de trabajo- es una mercancía, su valor no es idéntico a ella misma: ¡El valor de ocho horas de trabajo no es ocho horas de trabajo! ¡Ocho horas de trabajo simple producen ocho horas de valor, pero no valen ocho horas de trabajo simple, sino menos! (Vale decir: insume menos de ocho horas de trabajo -socialmente necesario- producir los bienes y servicios necesarios para sustentar una jornada de trabajo de ocho horas).
La fuerza de trabajo -el trabajo vivo, y no cristalizado en un producto inerte-en tanto mercancía tiene la peculiaridad de ser la única mercancía capaz de producir un valor mayor al que insume reproducirla (por eso los economistas burguesas hablan tanto de tecnologías ahorradoras de trabajo y de incrementos en la productividad del trabajo, etc.).
De acuerdo a la concepción de Marx, un medio de producción o una materia prima agregan al valor de la mercancía que contribuyen a producir tanto valor como el que lleva producirlas a ellas mismas, y ni un milésimo de segundo más.
La fuerza de trabajo, en cambio, produce necesariamente un valor mayor al que lleva reproducirla. ¡Si producir una jornada de ocho horas de trabajo insumiera otras ocho horas de trabajo, no habría trabajo excedente ni producto excedente ni valor excedente ni, en consecuencia, ganancia alguna!
Todo esto es marxismo elemental, y cuesta creer que un economista académico que dice haber leído El Capital se muestre incapaz siquiera de criticarlo en los términos en que la idea de Marx fue formulada.
Aventuro la opinión de que quizás el deseo que tiene nuestro economista de refutar a Marx va demasiado por delante de su compresión de lo que se propuso refutar.»