Muchas de esa misma gente popular quiere tener unas vacaciones tranquilas sin ruido. Si extrapolamos esta situación a La legua, hay muchas familias que no quieren a los narcotraficantes ahí, no quieren balazos a diario, pero no pueden irse de su barrio por múltiples factores. En el quisco pasa lo mismo, la gente no se va a las rocas de santo domingo, cachagua, zapallar no por que no quiera, es por que no puede (obviamente también hay factores sociales como el sentirse rechazados por los visitantes habituales) y el lugar que pueden pagar esta lleno de enajenados escuchando su música sin importarle el del lado.
Mi punto es que en este caso particular me parece se debe respetar al que no quiera escuchar la música al lado de ellos y su familia que incluye muchas veces niños pequeños y adultos mayores. La libertad de uno termina donde empieza la del otro, por lo tanto no cuesta nada comprar audífonos y escuchar lo que quieran y al volumen que quieran. Va más allá de políticas públicas, apelo al sentido común.obviamente, que hay gente popular que quiere sus vacaciones tranquilas y no tiene mayor opcion que el quisco, pero no se puede negar la realidad imponiendo multas a la gente que si quiere escuchar musica fuerte, en un contexto de vacaciones, la legua obviamente es un tema totalmente distinto, la intervencion del gobierno sobre el narcotrafico de la legua, a costa de la gente que quiere vivir tranquila, sin preocuparse por las balas locas, a dejado harto que desear desde la vuelta a la democracia pasando por todos los gobiernos, pero eso es una intervencion que tiene que hacer el gobierno, a traves de politicas publicas, creo que combinar el tema de la legua, con unos flaites que le ponen una multa por poner musica, me parece fuera de lugar, el verano real dura hasta febrero, y la gente quiere pasarla bien, la cosa son las politcas que toman a la rapida, segregando aun mas a la gente, como decia antes no se puede negar la realidad.
Mi punto es que en este caso particular me parece se debe respetar al que no quiera escuchar la música al lado de ellos y su familia que incluye muchas veces niños pequeños y adultos mayores. La libertad de uno termina donde empieza la del otro, por lo tanto no cuesta nada comprar audífonos y escuchar lo que quieran y al volumen que quieran. Va más allá de políticas públicas, apelo al sentido común.