Esta es mi primera historia y a decir verdad es bastante añeja; ya van muuuchos años de cuando ocurrió.
Está mi prima lejana de parentesco pero siempre muy cercana a la casa donde me crié. Nos conciamos de toda la vida y entre juegos de niños nunca hubo alguna mala intención o algo por el estilo. El asunto es que ambos crecimos y en mi despertó el instinto de conocer y probar los placeres del cuerpo; ella también creció y sin ser una modelo debo reconocer que tenía lo suyo: buenas caderas y unas tetitas redonditas.
El asunto es que siempre existió mucha confianza dado que practicamente nos criamos juntos. Debo decir que yo era muy tímido y cuando ocurrió esta historia mi experiencia era demasiado básica. El tiempo pasó viéndonos casi todos los días o al menos un par de veces por semana ya que viviamos relativamente cerca. Mis papás trabajaban, por lo que cuando no estaba en la universidad estaba solo en mi casa. Mi "prima" Claudia, tal como mencioné llegaba muy a menudo a la casa a estudiar o usar el internet que en esos años era muy escaso. En una de esas visitas yo la dejé usando el computador como siempre y me fui a la ducha pues tenía que salir apurado. En mi apuro no me di cuenta que no llevé toalla por lo que al terminar de ducharme no tuve otra opción que pedirle a Claudia que me pasará una toalla, cosa que era muy natural dada nuestra confianza. La sorpresa ocurrió cuando en lugar de pasarmela tras la puerta, entró al baño y me vió totalmente desnudo. Fue cuestión de un par de segundos hasta que le quité la toalla de las manos, pero pude notar como su mirada quedó clavada en mi pene. Salió del baño y yo no le di mayor importancia en el minuto ya que mi apuro por salir era más importante.
Pasaron un par de meses según recuerdo y mis papás me avisan que Claudia se quedaría a dormir en la casa, pues los suyos saldrían fuera de la ciudad hasta el día siguiente. Debo reconocer que después del incidente de la toalla le di vueltas al asunto y me excitaba recordar su mirada en mi miembro. Tomamos once y nos fuimos a acostar en piezas separadas cuando cerca de la medianoche escucho que golpean mi puerta: era Claudia que me pedía usar mi computador para un trabajo de su carrera. Obviamente estaba en pijama y sus senos se veían fabulosos sin sostén. La dejé trabajar pero no podía quitarme el recuerdo de su mirada en la ducha. Me armé de valor y le dije: Claudia te puedo hacer una pregunta íntima? Me respondío que no había problema. Has visto un hombre sin ropa cerca tuyo? Se demoró un par de segundos y me dijo que si, que me había visto a mi en el baño. Reconozco que eso hizo que mi pene se pusiera duro como fierro y me dió valor para decirle que eso fue una mirada muy rápida y que acaso quería verme en detalle. Mi asombro fue total cuando me dijo que si y que si me podía tocar, pero su única condición es que ella no mostraría nada ni dejaría que la tocara. Le dije que sí al instante y apenas me saqué mi pijama comenzó a tocarme y a hacerme la primera paja que una mujer me hacía. De más está decir que duré uno o dos minutos y mojé toda su mano con mi semen. Ella se limpió y se devolvío a su pieza. La historia continuó, pero eso quedará para después.
Aprendiendo con la prima lejana II
Está mi prima lejana de parentesco pero siempre muy cercana a la casa donde me crié. Nos conciamos de toda la vida y entre juegos de niños nunca hubo alguna mala intención o algo por el estilo. El asunto es que ambos crecimos y en mi despertó el instinto de conocer y probar los placeres del cuerpo; ella también creció y sin ser una modelo debo reconocer que tenía lo suyo: buenas caderas y unas tetitas redonditas.
El asunto es que siempre existió mucha confianza dado que practicamente nos criamos juntos. Debo decir que yo era muy tímido y cuando ocurrió esta historia mi experiencia era demasiado básica. El tiempo pasó viéndonos casi todos los días o al menos un par de veces por semana ya que viviamos relativamente cerca. Mis papás trabajaban, por lo que cuando no estaba en la universidad estaba solo en mi casa. Mi "prima" Claudia, tal como mencioné llegaba muy a menudo a la casa a estudiar o usar el internet que en esos años era muy escaso. En una de esas visitas yo la dejé usando el computador como siempre y me fui a la ducha pues tenía que salir apurado. En mi apuro no me di cuenta que no llevé toalla por lo que al terminar de ducharme no tuve otra opción que pedirle a Claudia que me pasará una toalla, cosa que era muy natural dada nuestra confianza. La sorpresa ocurrió cuando en lugar de pasarmela tras la puerta, entró al baño y me vió totalmente desnudo. Fue cuestión de un par de segundos hasta que le quité la toalla de las manos, pero pude notar como su mirada quedó clavada en mi pene. Salió del baño y yo no le di mayor importancia en el minuto ya que mi apuro por salir era más importante.
Pasaron un par de meses según recuerdo y mis papás me avisan que Claudia se quedaría a dormir en la casa, pues los suyos saldrían fuera de la ciudad hasta el día siguiente. Debo reconocer que después del incidente de la toalla le di vueltas al asunto y me excitaba recordar su mirada en mi miembro. Tomamos once y nos fuimos a acostar en piezas separadas cuando cerca de la medianoche escucho que golpean mi puerta: era Claudia que me pedía usar mi computador para un trabajo de su carrera. Obviamente estaba en pijama y sus senos se veían fabulosos sin sostén. La dejé trabajar pero no podía quitarme el recuerdo de su mirada en la ducha. Me armé de valor y le dije: Claudia te puedo hacer una pregunta íntima? Me respondío que no había problema. Has visto un hombre sin ropa cerca tuyo? Se demoró un par de segundos y me dijo que si, que me había visto a mi en el baño. Reconozco que eso hizo que mi pene se pusiera duro como fierro y me dió valor para decirle que eso fue una mirada muy rápida y que acaso quería verme en detalle. Mi asombro fue total cuando me dijo que si y que si me podía tocar, pero su única condición es que ella no mostraría nada ni dejaría que la tocara. Le dije que sí al instante y apenas me saqué mi pijama comenzó a tocarme y a hacerme la primera paja que una mujer me hacía. De más está decir que duré uno o dos minutos y mojé toda su mano con mi semen. Ella se limpió y se devolvío a su pieza. La historia continuó, pero eso quedará para después.
Aprendiendo con la prima lejana II
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