Futbol. Hace unos años atrás al nombrar o escuchar la palabra Futbol automáticamente nos transportaba a esas tardes de pichanga, cuando las reglas eran tan sencillas como Todo es cancha, al dueño de la pelota hay que tratarlo como rey y siempre es uno de los que escoge, el gordito siempre va al arco. No importaba si eras un astro del futbol o eras el más malo de la cuadra. Siempre había un lugar para ti. Nadie quedaba afuera, se jugaba con uno más y al gol se pasaba para el otro equipo.
Futbol, palabra que en tan pocos años ha cambiado de significado, de ideología. Recuerdo el futbol cuando era más caballero, más señor. Hoy en día el futbol se ha prostituido a una manga de delincuentes, a unos pocos que se creen con el poder de quitarnos uno de los deportes más hermosos, una vez llamado DEPORTE REY, hoy en día transformado en la prostituta de unos pocos, en el bufón de la delincuencia.
Hoy hablar de futbol no significa domingos en familia a alentar a tu equipo preferido, no importaba si la mamá era de la U y el papá del Colo, o el tío era de la cato, no importaba, nada de eso era motivo para discusiones o arremetidas de uno contra el otro, a lo más un intercambio de opinión en busca de demostrar porque un equipo es mejor que el otro, como quien tiene más copas, quien trae la mejor hinchada, antes discusiones sin sentido.
Los superclásicos se Vivian como lo que eran, una fiesta, la fiesta del futbol donde se encontraban en una cancha los equipos populares, donde abuelos gritaban los goles junto con sus nietos, donde generaciones de abuelo, hijo y nieto vibraban por el mismo equipo y hoy eso se les ha sido negado. Sería imposible pensar que un padre responsable lleve a su hijo al estadio y poder gritar un gol con su hijo en los hombros mientras este sostiene una bandera del equipo alentado, cuanto demoraría ese niño en ser alcanzado por un proyectil, o recibir un golpe equivocado de los flaites de atrás que están peleando porque el Byron se comió a la Yamileth que estaba pololeando con el Jonathan. Hoy el futbol no es futbol, hoy el futbol se ha transformado en 12 payasos peleando por una pelota de dinero, no hay respeto, no hay pasión. El hincha no respeta a su equipo y el equipo no respeta a su hinchada, y no me refiero a esa tropa de monos que se hacen llamar hinchas con los que las directivas mantienen relaciones, esos imbéciles que se dedican a llenar nuestros estadios de drogas, armamento, coimas y quien sabe que más, aunque la verdad nada podría sorprendernos.
Este fin de semana se llevó a cabo un nuevo súper clásico y como era de esperarse una vez más los mal llamados hinchas lograron robarse la noticia. Hoy la prensa no habla de los goles, o de que equipo jugó mejor, hoy solo vemos en la prensa cuantos detenidos dejó el súper clásico, cuantos lesionados, en cuánto asciende el valor de los daños causados por weones encapuchados, cobardes de mierda que no son capaces de mostrar la cara mientras hacen cagar el deporte que amamos.
Chiloé no está ajeno a estos mal llamados hinchas. Este fin de semana muchos fueron testigos de cómo barristas de la universidad de chile como barristas de Colo-colo se apoderaron de la plaza de Castro para convertirla en un coliseo de enajenadas bestias peleando por una razón tan estúpida como lo es el color de la camiseta ocupada por el contrario. Este domingo esta tropa de imbéciles porque no se les puede llamar de otra manera, prácticamente se bajaron los pantalones y se mearon sobre la poca dignidad que le va quedando al futbol nacional.
Se habla de estadios seguros, pero la verdad de las cosas es que ni siquiera en las calles hoy en día se puede estar seguro después de un partido importante como es un clásico, pero si se aumenta el resguardo policial, ahí si alegan de represión, de que tratan mal a los niños, cuando ese mismo niño minutos antes estaba pateando sin piedad a un tipo al que no conoce, que su único motivo para ser golpeado es ser hincha de un equipo diferente. Entonces la pregunta es ¿Qué nos queda?, ¿Qué nos queda por hacer a los que amamos el futbol y añoramos poder compartir ese sentimiento con nuestros hijos?, nuestros hijos nos miran como si habláramos mentiras cuando les contamos que en una época no muy lejana la familia completa llenaba los estadios cantando, saltando, abrasándose con cada gol a favor o sufriendo en familia con cada gol en contra y si no se podía ir al estadio se reunían todos donde el Tío lucho o donde el tata, a preparar la parrilla haciendo la previa al partido cuando se podía ver por televisión abierta. Hoy en día ni eso podemos hacer, si no tenemos para pagarle al proxeneta del futbol CDF tenemos que conformarnos con mirar los goles en las noticias, en las repeticiones de los noticiarios que no duran más de 1 minutos, pero se habla más de 15 sobre los vandalismos.
Si esta entrada se ve de alguna forma como un reclamo, entonces creo que cumplí mi objetivo, porque es la forma que tengo de reclamar, de exigir. Exijo poder llevar a mi hijo sobre mis hombros al estadio a alentar al equipo que amo, poder comprarle una camiseta sin temor a que otro niño inculcado por una bestia lo golpee solo por no ser del mismo equipo, pido que dejen de prostituir al futbol, si es necesario vaciar los estadios para que las familias después puedan retomar las galerías, entonces vacíenlos, pero eso no lo vamos a lograr imponiendo reglas o leyes estúpidas como lo fue la campaña de estadio seguro que lejos de mejorar la situación la hizo caer más en decadencia. Nuestros hijos, nuestros abuelos también quieren ir al estadio, nuestros hijos también quieren saber que se siente escuchar cantar a la hinchada para alentar a su equipo favorito y estos pinganillas no los están dejando.
puedes revisar esta entrada en : http://somoschiloe.cl/futbol-la-prostituta-de-los-pseudo-hinchas/
Futbol, palabra que en tan pocos años ha cambiado de significado, de ideología. Recuerdo el futbol cuando era más caballero, más señor. Hoy en día el futbol se ha prostituido a una manga de delincuentes, a unos pocos que se creen con el poder de quitarnos uno de los deportes más hermosos, una vez llamado DEPORTE REY, hoy en día transformado en la prostituta de unos pocos, en el bufón de la delincuencia.
Hoy hablar de futbol no significa domingos en familia a alentar a tu equipo preferido, no importaba si la mamá era de la U y el papá del Colo, o el tío era de la cato, no importaba, nada de eso era motivo para discusiones o arremetidas de uno contra el otro, a lo más un intercambio de opinión en busca de demostrar porque un equipo es mejor que el otro, como quien tiene más copas, quien trae la mejor hinchada, antes discusiones sin sentido.
Los superclásicos se Vivian como lo que eran, una fiesta, la fiesta del futbol donde se encontraban en una cancha los equipos populares, donde abuelos gritaban los goles junto con sus nietos, donde generaciones de abuelo, hijo y nieto vibraban por el mismo equipo y hoy eso se les ha sido negado. Sería imposible pensar que un padre responsable lleve a su hijo al estadio y poder gritar un gol con su hijo en los hombros mientras este sostiene una bandera del equipo alentado, cuanto demoraría ese niño en ser alcanzado por un proyectil, o recibir un golpe equivocado de los flaites de atrás que están peleando porque el Byron se comió a la Yamileth que estaba pololeando con el Jonathan. Hoy el futbol no es futbol, hoy el futbol se ha transformado en 12 payasos peleando por una pelota de dinero, no hay respeto, no hay pasión. El hincha no respeta a su equipo y el equipo no respeta a su hinchada, y no me refiero a esa tropa de monos que se hacen llamar hinchas con los que las directivas mantienen relaciones, esos imbéciles que se dedican a llenar nuestros estadios de drogas, armamento, coimas y quien sabe que más, aunque la verdad nada podría sorprendernos.
Este fin de semana se llevó a cabo un nuevo súper clásico y como era de esperarse una vez más los mal llamados hinchas lograron robarse la noticia. Hoy la prensa no habla de los goles, o de que equipo jugó mejor, hoy solo vemos en la prensa cuantos detenidos dejó el súper clásico, cuantos lesionados, en cuánto asciende el valor de los daños causados por weones encapuchados, cobardes de mierda que no son capaces de mostrar la cara mientras hacen cagar el deporte que amamos.
Chiloé no está ajeno a estos mal llamados hinchas. Este fin de semana muchos fueron testigos de cómo barristas de la universidad de chile como barristas de Colo-colo se apoderaron de la plaza de Castro para convertirla en un coliseo de enajenadas bestias peleando por una razón tan estúpida como lo es el color de la camiseta ocupada por el contrario. Este domingo esta tropa de imbéciles porque no se les puede llamar de otra manera, prácticamente se bajaron los pantalones y se mearon sobre la poca dignidad que le va quedando al futbol nacional.
Se habla de estadios seguros, pero la verdad de las cosas es que ni siquiera en las calles hoy en día se puede estar seguro después de un partido importante como es un clásico, pero si se aumenta el resguardo policial, ahí si alegan de represión, de que tratan mal a los niños, cuando ese mismo niño minutos antes estaba pateando sin piedad a un tipo al que no conoce, que su único motivo para ser golpeado es ser hincha de un equipo diferente. Entonces la pregunta es ¿Qué nos queda?, ¿Qué nos queda por hacer a los que amamos el futbol y añoramos poder compartir ese sentimiento con nuestros hijos?, nuestros hijos nos miran como si habláramos mentiras cuando les contamos que en una época no muy lejana la familia completa llenaba los estadios cantando, saltando, abrasándose con cada gol a favor o sufriendo en familia con cada gol en contra y si no se podía ir al estadio se reunían todos donde el Tío lucho o donde el tata, a preparar la parrilla haciendo la previa al partido cuando se podía ver por televisión abierta. Hoy en día ni eso podemos hacer, si no tenemos para pagarle al proxeneta del futbol CDF tenemos que conformarnos con mirar los goles en las noticias, en las repeticiones de los noticiarios que no duran más de 1 minutos, pero se habla más de 15 sobre los vandalismos.
Si esta entrada se ve de alguna forma como un reclamo, entonces creo que cumplí mi objetivo, porque es la forma que tengo de reclamar, de exigir. Exijo poder llevar a mi hijo sobre mis hombros al estadio a alentar al equipo que amo, poder comprarle una camiseta sin temor a que otro niño inculcado por una bestia lo golpee solo por no ser del mismo equipo, pido que dejen de prostituir al futbol, si es necesario vaciar los estadios para que las familias después puedan retomar las galerías, entonces vacíenlos, pero eso no lo vamos a lograr imponiendo reglas o leyes estúpidas como lo fue la campaña de estadio seguro que lejos de mejorar la situación la hizo caer más en decadencia. Nuestros hijos, nuestros abuelos también quieren ir al estadio, nuestros hijos también quieren saber que se siente escuchar cantar a la hinchada para alentar a su equipo favorito y estos pinganillas no los están dejando.
puedes revisar esta entrada en : http://somoschiloe.cl/futbol-la-prostituta-de-los-pseudo-hinchas/
sin duda wn