Desde siempre he instado para que los títulos profesionales deban ser objeto de una actualización obligatoria y constante de conocimientos y competencia, específicamente en materia jurídica ojalá cada 4 años ante el pleno de la Corte Suprema, porque así nos quitaríamos de encima más o menos un 65% de ignorantes que vaya a saber uno de qué manera fraudulenta consiguieron sus cartones.
Efectivamente, el proyecto de ley del gobierno de Piñera establecía como núcleo duro del delito de violación el nivel de resistencia de la víctima para considerarse punible el despliegue de conducta del agente, en unos extremos jurídico-penales de tipificación penal que no sólo desmontaban el pragma conflictivo que configura el jus puniendi estatal, sino que contradecía abiertamente la sistemática liberal-punitiva del código penal chileno, con las nefastas consecuencias de aplicación penal que esto conlleva en la práctica.
Sin mencionar la rebaja de la edad de consentimiento sexual que la derecha pedófila, desde siempre y para siempre, proponía como figura penal; en un despliegue de pederastia del que después se desdijo con el caradurismo que los caracteriza.
Actualmente se pretende incorporar como figuras punitivas determinadas conductas, que pueden ser objeto de agravamiento, distintas del delito de violación ya tipificado en el código penal, el que descansa en la hipótesis de intimidación en la transgresión de la determinación personal específica en y de la libertad sexual de la víctima.
Incluso, varias de las conductas que suponen hipótesis de la tipificación penal pretendida deberán determinarse previamente en sede de familia cuando se cumplan los requisitos objetivos antes de trasladarse a sede penal para determinar la resolución delictiva, el pragma conflictivo, la existencia del ilícito y participación punible correlativa.
Ahora leeremos el típico descarte del facho pobre que estudió en una universidad de mierda, que obtuvo notas deficientes o mediocres, que es un resumidero de odio y resentimiento -tan típico del subalterno adoctrinado que ama a sus verdugos sociales y que odia en secreto a sus padres- y que no tiene más opción en la vida "profesional" que redactar escrituras.
Nos vamos a divertir. Lo aseguro.-
Una conclusión: te encuentras, qué duda cabe, dentro del porcentaje que mencionas en el primer párrafo y vaya a saber uno de qué manera fraudulenta conseguiste tu "cartón". El rábula profano, usualmente propincuo al autoritarismo, provoca sonrisas espontáneas en el especialista. Esa bella mezcla entre el desconocimiento fáctico y el jurídico.