Holodomor es un término ucraniano que tiene dos significados: morir por inanición o también matar de hambre. Este mes se cumplen 75 años del único genocidio conocido por este género, por matar de hambre literalmente. Stalin, premier de la Unión Soviética, fue el causante del genocidio más grande de la historia de la humanidad. Superó de largo a Hitler que exterminó seis millones de judíos, ya que en tan sólo un año, en 1933, provocó la muerte de entre ocho y doce millones de ucranianos.
En 1925 la próspera Ucrania era el granero de la URSS, la región de mayor producción agrícola. Al mismo tiempo, la política de ucranianización impulsada por el mismo Partido Comunista, que consistía en estimular las culturas locales, el idioma ucranio como lengua oficial y en apoyar el desarrollo de la intelectualidad local, le otorgó al país un grado de autonomía que, una vez en el poder, Stalin vió que no le convenía.

Con el pretexto de la subida de precios y escasez de alimentos, en 1927 el dictador soviético ordenó la persecución de dueños de sembríos y ganaderos, y la requisa total de productos en los graneros y bodegas ucranianas. El siguiente paso fue confiscar las tierras y la colectivización de las mismas, léase "ponerlas a disposición de los miembros del partido". Ante estos hechos corría el rumor de que los ucranianos querían independizarse.
Stalin no podía perder su gallina de los huevos de oro, por lo que en 1932 militarizó Ucrania y confiscó todo el alimento y el ganado que generaba este pueblo. Todas las tierras, sembríos y granjas fueron tomadas por gente del partido, y sus propietarios originales fueron expulsados y los que protestaban, encarcelados. También cerró sus fronteras para evitar la fuga de productos y la migración. Los ucranianos fueron encerrados en su propio país, nadie podía salir o viajar ni siquiera para trabajar, ya que en Ucrania todo el comercio había colapsado. Fue un año de pesadilla para sus habitantes.

Mientras la Unión Soviética exportaba al mercado internacional casi treinta toneladas de granos, la ex-próspera Ucrania se moría literalmente de hambre y la situación empeoraba hasta lo impensable.
Muchas madres embarcaban clandestinamente a sus tiernos hijos en los trenes fronterizos con la esperanza de que alguien se apiade de ellos en algún lugar, y así evitar que mueran en su propia tierra. Las noches no se podía salir porque desaparecían personas y sus huesos sin carne eran encontrados en parajes desolados días después. La gente desesperada por la hambruna hacía sopas con el pasto, flores y acacias que encontraban según la estación. Así, increíblemente esta otrora próspera y fértil región, llegó a ser testigo del canibalismo de sus hambrientos habitantes, que llegaron al punto de comer carne humana.
Una sobreviviente, Tatiana Tarasenko cuenta:
En la primavera de 1933, en Ucrania morían de hambre 17 personas por minuto, mil por hora, casi 25 mil personas al día. Según el cálculo oficial, la pérdida de la población ucraniana ascendió a más de diez millones de personas en un solo año.
FUENTE
En 1925 la próspera Ucrania era el granero de la URSS, la región de mayor producción agrícola. Al mismo tiempo, la política de ucranianización impulsada por el mismo Partido Comunista, que consistía en estimular las culturas locales, el idioma ucranio como lengua oficial y en apoyar el desarrollo de la intelectualidad local, le otorgó al país un grado de autonomía que, una vez en el poder, Stalin vió que no le convenía.

Con el pretexto de la subida de precios y escasez de alimentos, en 1927 el dictador soviético ordenó la persecución de dueños de sembríos y ganaderos, y la requisa total de productos en los graneros y bodegas ucranianas. El siguiente paso fue confiscar las tierras y la colectivización de las mismas, léase "ponerlas a disposición de los miembros del partido". Ante estos hechos corría el rumor de que los ucranianos querían independizarse.
Stalin no podía perder su gallina de los huevos de oro, por lo que en 1932 militarizó Ucrania y confiscó todo el alimento y el ganado que generaba este pueblo. Todas las tierras, sembríos y granjas fueron tomadas por gente del partido, y sus propietarios originales fueron expulsados y los que protestaban, encarcelados. También cerró sus fronteras para evitar la fuga de productos y la migración. Los ucranianos fueron encerrados en su propio país, nadie podía salir o viajar ni siquiera para trabajar, ya que en Ucrania todo el comercio había colapsado. Fue un año de pesadilla para sus habitantes.

Mientras la Unión Soviética exportaba al mercado internacional casi treinta toneladas de granos, la ex-próspera Ucrania se moría literalmente de hambre y la situación empeoraba hasta lo impensable.
Muchas madres embarcaban clandestinamente a sus tiernos hijos en los trenes fronterizos con la esperanza de que alguien se apiade de ellos en algún lugar, y así evitar que mueran en su propia tierra. Las noches no se podía salir porque desaparecían personas y sus huesos sin carne eran encontrados en parajes desolados días después. La gente desesperada por la hambruna hacía sopas con el pasto, flores y acacias que encontraban según la estación. Así, increíblemente esta otrora próspera y fértil región, llegó a ser testigo del canibalismo de sus hambrientos habitantes, que llegaron al punto de comer carne humana.
Una sobreviviente, Tatiana Tarasenko cuenta:
Es difícil imaginar cómo un niño podía seguir viviendo, después de haber visto eso, sin volverse loco. Caminaba hacia la escuela, y acá un muerto, más allá otro, un poco más allá otro. Y lo que pensábamos era que al otro día nos pasaría a nosotros. Cuando uno pasaba se acercaba para ver si los restos eran de alguien conocido. Todos los días, por la tarde, pasaban con un carro y los cargaban para llevarlos a enterrar. Incluso se llevaban a gente que aún no había muerto, que agonizaba.
En la primavera de 1933, en Ucrania morían de hambre 17 personas por minuto, mil por hora, casi 25 mil personas al día. Según el cálculo oficial, la pérdida de la población ucraniana ascendió a más de diez millones de personas en un solo año.
FUENTE

