Mira, no. Dices algo parecido pero no es lo mismo. La liberación económica puede ser buena en algunos aspectos, a nadie nos gusta el racionamiento y en España pasamos doce años en esas condiciones. Yo he hablado de dejación de sus deberes por parte del Estado.
Los créditos y otras operaciones bancarias estaban regulados. Yo iba al banco a solicitar una hipoteca (He solicitado varias, que he pagado) y me exigían que aportara al menos el 20 ó 30% del valor de la compra, así el banco se garantizaba que, en el peor de los casos, ejecutando la hipoteca se resarcía del préstamo sin pérdidas.
Con la desrregulación me han ofrecido hipotecas por el 120 % del valor. Eso es lo que ha creado la burbuja. Tu te quedas mirando mi dedo y no miras donde apunta.
Comprendo que un fanático liberaloide tenga que recurrir una y otra vez al ataque personal, eso te retrata, amigo mio, pero vuestras teorías son las que han causado la crisis mal que os pese oirlo.
Respecto a tus continuos ataques voy a dejar que sea Piketty quien te responda con algo que dice en la introducción de su libro "El Capital en el siglo XXI" (traducción electrónica que no me molesto en corregir):
Sin duda, sería un error subestimar la importancia del conocimiento intuitivo que todo el mundo adquiere acerca de la riqueza actual y los niveles de ingresos, incluso en ausencia de un marco teórico o el análisis estadístico. Cine y literatura, las novelas del siglo XIX, especialmente, están llenos de información detallada sobre los estándares relativos de riqueza y de vida de los diferentes grupos sociales, y en especial sobre la estructura profunda de la desigualdad, de la manera que se justifica, y su impacto en las vidas individuales. De hecho, las novelas de Jane Austen y Honoré de Balzac retratos sorprendentes de pintura de la distribución de la riqueza en Gran Bretaña y Francia entre 1790 y 1830. Ambos novelistas estaban íntimamente familiarizados con la jerarquía de la riqueza en sus respectivas sociedades. Comprendieron los contornos ocultos de la riqueza y sus consecuencias inevitables para la vida de hombres y mujeres, incluyendo sus estrategias matrimoniales y esperanzas y decepciones. Estos y otros novelistas representan los efectos de la desigualdad con la verosimilitud y el poder evocador que ningún análisis estadístico o teórico puede igualar.
De hecho, la distribución de la riqueza es una cuestión demasiado importante para dejarla en manos de los economistas, sociólogos, historiadores y filósofos. Es de interés para todos, y eso es una buena cosa. La realidad concreta, física de la desigualdad es visible a simple vista y naturalmente inspira juicios políticos fuertes y contradictorios. Campesino y noble, trabajador y dueño de la fábrica, camarero y banquero: cada uno tiene su propio punto de vista único y considera aspectos importantes de cómo otras personas viven y qué relaciones de poder y dominación existen entre los grupos sociales, y estas observaciones dan forma a juicio de cada persona de lo que es y no es justo. Por lo tanto, siempre habrá una dimensión fundamentalmente subjetiva y psicológica a la desigualdad, que inevitablemente da lugar a un conflicto político que ningún análisis científico supuestamente puede aliviar. La democracia nunca será suplantada por una república de los expertos-y eso es una cosa muy buena.
Un buen libro cuya compra recomiendo. Un libro que ha hecho que vuestro esfinter anal se contraiga. Las críticas recibidas por este best seller y sobre todo por quienes son los autores de las críticas, hacen todavía mas conveniente su lectura